Sudáfrica plantea arrastrar iceberg para combatir la sequía

Un solo iceberg es capaz de proporcionar 135 millones de litros al día durante un año, alrededor de una cuarta parte del consumo actual, lo cual resolvería en buena medida el problema de la sequía.
Iceberg

Después de tres inviernos seguidos sin apenas lluvias, Ciudad del Cabo teme convertirse en la primera gran metrópolis del mundo que se queda sin agua. Tanto es así que ha impuesto severísimas restricciones a su uso doméstico que han cambiado las costumbres de sus habitantes: está mal visto tirar de la cadena del inodoro más de una vez al día, y la gente se ducha encima de recipientes para no desperdiciar ni una gota.

Cada persona sólo tiene derecho a gastar 50 litros al día, lo cual ha permitido ganar tiempo y buscar soluciones que van desde pozos para acceder a corrientes subterráneas hasta la desalinización. La más espectacular de todas consiste en arrastrar un iceberg de 70.000 toneladas desde la Antártida hasta la costa de la provincia del Cabo Occidental, hacerle un agujero en lo alto y extraer agua como si se tratase de una mina.

Nick Sloane, que se dedica al rescate de barcos hundidos, ha presentado un plan para el remolque de uno de los icebergs que todos los veranos se desprenden de la Antártida, que se engancharía con cables a un barco, y sería arrastrado 1.200 millas náuticas hasta el cabo de Buena Esperanza.

Un solo iceberg es capaz de proporcionar 135 millones de litros al día durante un año, alrededor de una cuarta parte del consumo actual, lo cual resolvería en buena medida el problema de la sequía hasta hallar otro tipo de soluciones. El costo del proyecto se estima en 130 millones de dólares, de los cuales la empresa de Sloane dispone ya de un 80%. La idea no es nueva, ya que se contempló el año pasado para combatir la sequía de Abu Dhabi, pero nunca ha llegado a aplicarse.

Cada año se desprenden de la Antártida 2.000 trillones de toneladas de hielo, pero sólo un 7% de los icebergs son –por su forma– susceptibles de ser remolcados por un petrolero, con la ayuda de dos barcazas detrás del bloque de hielo –que iría atado por cables y en el curso del viaje perdería alrededor de un 30% de volumen–, para asegurar que no se desvía del curso fijado. El destino final sería un punto a 30 kilómetros al oeste de Ciudad del Cabo, donde se procedería a la extracción.

Fórmulas más convencionales para abordar el problema como las plantas desalinizadoras requieren una inversión mucho mayor, y no darían resultado hasta transcurridos varios años, mientras que el agua de la Antártida es pura, no requiere ningún tipo de tratamiento químico antes de ser utilizada y el único costo es el de su traslado.

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