Altas temperaturas, mucha o poca lluvia amenazan el futuro de Centroamérica

Expertos creen que el impacto en Centroamérica del cambio climático es grave, se considera la zona más vulnerable del continente ante el calentamiento global. Los costos económicos por el fenómeno climático se cuentan por cientos de millones de dólares en la última década.

El festival de la sandía es una de las mayores y jugosas atracciones de Intipucá, un pequeño pueblo en el oriente de El Salvador, a unas dos horas y media de la capital. La actividad despierta interés por las competencias y estímulos a los productores, y como atractivo  turístico en ese pueblo costero.

Pero este año no se celebrará.

“Al principio (de la estación) no hubo lluvia, algunos regaron otros no porque no hay sistemas de regadillos, también dañó la cosecha una plaga, y al final se canceló el festival por la pandemia", dijo a la Voz de América Hugo Salinas organizador del festival, junto con la municipalidad. 

Los considerados grandes atractivos del territorio centroamericano juegan en su contra ante el calentamiento global. Las cadenas montañosas que surcan de norte a sur la región se han convertido en un peligro latente por los sedimentos de suelo que son arrastrados tierra abajo con las alteradas épocas lluviosas y las paradisíacas costas del Pacífico y Atlántico pierden terreno ante el aumento del nivel del mar.

Expertos consultados por la Voz de América coinciden en que la región es una de las zonas más vulnerables del mundo ante el calentamiento global, por varias razones que van desde la densidad poblacional, el uso de los suelos y las alteraciones propias de las épocas secas y lluviosa que han trastocado los patrones del clima y repercuten sobre la actividad humana.

Al enfocar la lente en el Triángulo Norte de Centroamérica no hay duda que la situación tiende a empeorar dice, el experto en cambio climático Ricardo Álvarez a VOA; él ha estudiado el fenómeno global desde la década de 1990 haciendo aportes junto a otros peritos en la materia para mitigar los efectos.

 

A ello se suman los costos económicos del calentamiento global que, según un reporte preparado por el experto en cambio climático del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Omar Samayoa, en las últimas 3 décadas el Triángulo Norte de Centroamérica ha contabilizado pérdidas de 11,400 millones de dólares por efecto del fenómeno.

Y si al 2030 estos países no han cumplido metas para revertir el problema las pérdidas tendrían impacto sobre el Producto Interno Bruto (PIB) de estos países con un 9% para Honduras, 5.8% para Guatemala y 7.2% para El Salvador.

Mucha o poca lluvia en el Triángulo Norte

En el Triángulo Norte –explica el experto Ricardo Álvarez- el principal indicador del cambio climático es el comportamiento anormal en los patrones de lluvia, que se han alterado con sequías estacionales o tormentas desproporcionadas que en lugar de distribuirse en los seis meses de la estación lluviosa se acumulen en un corto tiempo, y alteran el  ciclo de cultivos y cosechas.

Una realidad que ya amenaza con dejar sin sandías, y dinero para sobrevivir, a los habitantes de Intipucá. 

Para el experto Álvarez otro aspecto a tomar en cuenta en las perspectivas para la región es la agresividad de los huracanes como Eta y Iota que en noviembre de 2020 mostraron el poder destructivo al dejar a más de 7 millones de personas damnificados en Guatemala, Honduras y Nicaragua, y con ello destruyeron gran parte de la matriz agrícola de esos países y dañaron infraestructuras.

A eso se suma la formación de un cinturón seco que se ha ido ampliado desde la franja del Pacífico en Guatemala hasta el sur de México con tendencia a ensancharse con el paso de los años, según las mediciones que se realizan en la zona. Este fenómeno representa para Guatemala un enorme reto por los desplazamientos internos y las migraciones que se han dado desde esa región hacía otras zonas del país y hacia Estados Unidos.

Otra zona que tiende a secarse es la adyacente al golfo de Fonseca que comparten Nicaragua, Honduras y El Salvador como parte del calentamiento global, según las proyecciones del reporte presentado en días recientes por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) Auspiciado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) desde 1988.

“Y en cuanto a temperaturas los estudios indican que las  olas de calor en Centroamérica tenderán a aumentar”, explica Ricardo Álvarez a VOA, desde Florida,  luego de revisar las previsiones del estudio del que ha hecho aportes.

Montañas, suelos y explotación de recursos

La accidentada geografía centroamericana con cadenas montañosas que serpentean esa estrecha cintura del continente americano bordeada por los océanos inciden en los estragos del cambio climático. 

Esas montañas en Guatemala, Honduras y El Salvador, algunas remantes de antiguas cadenas volcánicas y otros colosos activos, cuyos bosques han sido talados para extraer madera, han experimentado un desgaste de los suelos que con las lluvias en exceso en los huracanes generan procesos de sedimentación.

El experto en suelo de la Universidad Panamericana de El Zamorano, en Honduras, Carlos Gauggel, explica a la Voz de América que la deforestación de los bosques ha sido el principal detonante para el arrastre de los suelos hacia zonas bajas del país con las correntadas que se generan con las lluvias.

Durante las tormentas de Eta y Iota en noviembre pasado lograron verificar con los instrumentos de medición que tiene a disposición en el recinto académico que el arrastre de suelos se estima en hasta 32 toneladas métricas por hectárea en algunas zonas del país.

Y esos sedimentos se acumulan en las partes bajas cubriendo áreas de cultivos, en escenarios más dramáticos sepultan viviendas en zonas urbanas y rurales del país, como muestran las imágenes difundidas de los estragos de los huracanes del año pasado.

A esos datos habría que agregar el eventual aumento del nivel del mar por el derretimiento de los glaciares, en algunas playas de Centroamérica ya es visible.

En silencio el mar gana terreno en El Salvador, Honduras y el resto de países de la región y deja bajo el agua las tierras que los habitantes consideraban suyas, playas como El Espino, en Usulután, El Salvador empezaron a experimentar la erosión y la pérdida de terreno desde el año 2012, así ha ocurrido también en playa Botoncillo en Ahuachapán, al otro extremo del país, rumbo a Guatemala.

Una investigación realizada por el departamento de audiovisuales de la Universidad Centroamericana José Simón Cañas (UCA)  empezó a registrar la penetración del mar en 2012, entonces los habitantes medían hasta 30 metros perdidos, para el año 2019 el océano seguía tierra adentro.

En la actualidad se dan por perdidos al menos una línea de lotes de playa, según constatan habitantes desde la zona, al punto que el mar ya devoró hasta el límite de la antigua calle paralela al mar.

La revista Séptimo Sentido de La Prensa Gráfica, dató en 2019 que el mar ya ha penetrado hasta 200 metros tierra adentro en playas como el Botoncillo, y las secuelas por la subida de la marea están matando los manglares de la zona. Para el año 2065, como efecto del derretimiento de los glaciares los mares habrán aumentado entre 24 y 30 centímetros en todo el mundo.

En el Pacífico hondureño la situación es similar, el poblado costero de Playa Cedeño,  en el golfo de Fonseca ha visto el avance oceánico hasta dejar bajo el agua varias cuadras del poblado hoy condenado a la inundación total.  

La basura de cada día

Junto a las lluvias, sequías, olas de calor y aumento del mar, en los países del Triángulo Norte hay también una fuerte acumulación de desechos sólidos, la basura de cada día termina en el suelo como contaminante y es arrastrada hacia las cuencas de ríos.

La presidenta de la Asociación Hondureña de Científicos del Suelo, Gloria Arévalo, comenta a la Voz de América que la falta de legislaciones para el manejo de desechos sólidos se suma al problema en la región.

La recolecta para reciclaje que hacen personas de bajos recursos sobre todo de algunos plásticos y metales no es suficientes en comparación con las toneladas de basura, como envoltorios de golosinas y otros productos que quedan a la intemperie.

Ya no solo en las zonas urbanas de Guatemala, Honduras y El Salvador, sino en las calles de las zonas rurales a un ritmo de acumulación alarmante.ç

El manejo de basura está a punto de convertirse en querella para Honduras y Guatemala, esta semana, un grupo de municipalidades hondureñas han dispuesto interponer una demanda internacional contra su vecino país por las toneladas de basura que arrastra el río Motagua y terminan en las playas hondureñas.

El problema se discute en las cancillerías y desde hace años intentan encontrar soluciones como instalar redes para detener los plásticos, desechos hospitalarios y otros contaminantes que afean las playas del Atlántico hondureño.

La Agencia EFE consigno este lunes 16, que el alcalde del poblado de Omoa, en Cortés, Honduras, Ricardo Alvarado, declaró que lleva 11 años lidiando con el problema como jefe municipal y que la paciencia llegó a su límite así como los fondos para limpiar las playas  porque “los daños son graves”.

La municipalidad destina unos $48 mil dólares anuales para retirar la basura de que llega desde Guatemala. “Es un daño ecológico terrible”, dijo el alcalde a la agencia de noticias y explicó que Costa Rica les ha ofrecido ayuda para la denuncia internacional por contaminación ambiental.

A finales de junio, las autoridades de los dos países se reunieron en Puerto Barrios, Guatemala, para encontrar soluciones inmediatas “más eficaces y definitivas” para controlar la contaminación que corre por el río Motagua y que pone en evidencia el problema medioambiental en la región.

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