La importancia del saludo

El saludo, por lo general, es la primera muestra de elemental cortesía que ofrecemos cuando se nos presenta a alguien, ingresamos a un lugar, o nos encontramos con un familiar, un amigo o un simple conocido.

Es una costumbre cotidiana y sencilla que a la mayoría se nos ha inculcado desde que teníamos uso de razón, la cual encierra un gran valor para quien lo recibe y una desagradable sensación para quien es ignorado, aunque ante todos, quien niega el saludo es mirado como un individuo altanero y prepotente, que por su rudeza y mala educación se gana la antipatía de la gente.

Existen diferentes formas de saludar, con una ligera inclinación de cabeza, con breves palabras, e inclusive con un apretón de manos o un abrazo. Cada cultura tiene su manera de saludar, entre nosotros, los hispanos, el más usado es el apretón de manos, especialmente, entre varones.

No sobra tener en cuenta algunas elementales reglas: Cuando se salude se debe mirar a los ojos de la persona, levantando siempre la frente. Al entrar a un recinto, quien llega, naturalmente, es a quien le corresponde saludar y quien sale, despedirse.

Al dar la mano debe hacerse con firmeza, pero sin caer en la rudeza. Un saludo demasiado suave, inclusive dado por una mujer, no deja una buena impresión.

No es de buen gusto besar siempre que se saluda a quien no se conoce, basta ofrecerle la mano y presentarse pronunciado claramente su nombre.

Siempre, y bajo cualquier circunstancia se debe saludar, pues esta actitud tiene siempre un efecto positivo y hará sentir bien a quienes lo reciben.

Salude a todas las personas que encuentre en un sitio, al portero, al ascensorista, a la recepcionista. En una tienda, salude antes de solicitar un servicio, en un taxi, antes de dar la dirección adonde quiere que lo lleven.

Recuerde, saludar es una manera fácil de expresar amabilidad y reconocimiento. No lo olvidemos.