LA NIÑA DE LA PALANGANA

None
Tiene 19 años y se llama Rahama Haruna. Con el 2016 todavía en su inicio, la imagen de esta joven que vive en un cubo de plástico verde publicada por la agencia Reuters, dio la vuelta el mundo. ¿Quien es? al principio solo se observa a esta joven de rostro dulce sin cuerpo que pide limosna dentro en una palangana. La instantánea es de Sani Maikatanga, un fotógrafo 'freelance' de Kano, una ciudad antigua con más de tres millones de almas al norte de Nigeria. Una vez que las imágenes fueron tomadas por Alhaji Ibrahim M. Jirgi, un hombre de negocios y antiguo corresponsal de la BBC. Alhaji estaba un día de compras en el centro comercial Jiffatu y se percató con un joven que cargaba una palangana sobre la cabeza, con el rostro de una hermosa joven dentro pidiendo limosna. Enseguida llegaron comentarios y ofrecimientos de gente que quería ayudar. Así que este lunes 03 de enero prevén abrir una cuenta a nombre de Rahama "si dios quiere", asegura Sani, el fotógrafo. Cuando le diagnosticaron a Rahama con que su enfermedad no tenía remedio porque había sufrido un ataque de 'espíritus'. Fue cuando sus padres acudieron a la medicina tradicional y un chamán les dijo que no había nada que hacer. Y estas donde el islam se mezcla con las supersticiones, a ella le contaron que nació sana y que un buen día un ángel o un demonio se cruzó en su camino para no dejarla caminar jamás. Y con ese relato a cuestas Rahana siguió hacia delante. Su hermano de 14 años ha estado cargando la palangana verde sobre su cabeza para recorrer los 25 kilómetros que separan su hogar en Warawa y el centro de Kano donde su hermana pide limosna mientras los transeúntes apartan la mirada de esa escena desgarradora. "Los médicos nos dijeron que no era una cosa que la medicina pudiera curar", dice Fahad y ya está; tuvieron que resignarse a esta vida sin cuerpo. Rahana, con una vocecita débil como la llama de una candela sonríe de oreja a oreja a la cámara de Sani y explica que su vida no ha sido fácil, que no puede hacer mucho por su cuenta. Que creció hasta comprender que es diferente de otros y aceptó su situación de buena fe. "He aprendido a crecer sin amigos en la vida. Mi familia son los únicos amigos que tengo. Me llevó mucho tiempo comprender que no todas las personas son iguales. No me importa. Me considero afortunada de estar viva". Porque un hermano mayor que pasó por lo mismo ya no lo puede contar'', alega. Mientras en el centro comercial la gente va y viene, algunos curiosos le quedan viendo y se compadecen de ella con sus miradas. Afortunada de estar viva. Siguiendo como puede las prescripciones del islam con su frente cubierta por un pañuelo rojo que realza la vida de sus pupilas. Con su única mano moviendo un palito de madera como una batuta que dispara una melodía feroz a nuestra conciencia. Sonríe con lo poco bueno que le viene, porque ahora su cubito verde viaja sobre la silla de ruedas que le acaban de regalar. "Solo la visión de una adolescente metida en un recipiente de plástico debía ser suficiente para conmover a cualquier persona en su sano juicio", dice Alhaji Ibrahim. Una cosa queda clara, a pesar de su condición que es para ella su bendición, Rahama es guapísima y su rostro refleja alegría, por que la tristeza ya no forma parte de su alma. Un digno ejemplo de fe y optimismo pese las adversidades. EM