LA OTRA PARTE DE LOS HURACANES: SUS BENEFICIOS

Las lluvias y el viento que llevan consigo los huracanes pueden ser beneficiosos para el ecosistema pues ayuda en zonas de sequía y a la renovación de zonas naturales, según han señalado expertos de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA). Así, a pesar de las muertes y los daños materiales ocasionados por huracanes, como por ejemplo «Irma», este fenómeno meteorológico también puede tener «efectos positivos desde el estricto punto de vista de los ecosistemas». Concretamente, el meteorólogo de la NOAA, Timothy Schott, ha señalado al medio internacional ABC, que en las zonas en las que un beneficios huracán no causa inundaciones «extremas», pueden ayudar a que una zona específica supere sus temporadas de sequía. Pero no sólo la lluvia ha sido positiva, según ha señalado el meteorólogo, «el viento puede actuar como un incendio en áreas de gran densidad forestal, ayudando a la renovación del bosque». Así, ha explicado que los árboles enfermos y débiles «caerán» ante el huracán contribuyendo a la «regeneración vegetal» de la zona.

Regulación de las temperaturas

Otro punto a favor de los huracanes es que contribuyen a enfriar al planeta. Cuánto más caliente es el agua de los océanos, con más intensidad suelen ser los huracanes. El gran huracán Irma, ha sido la manifestación de todas las altas temperaturas que estamos viviendo en los últimos tiempos. A su vez, los huracanes, con su gran volumen y magnitud, tienden a enfriar, y no sólo a una escala local, sino que este se traduce a todo el globo. Es una de las formas que nuestro planeta tiene como mecanismo para autorregular su temperatura, según explican expertos.

Corales

Los colares, son unos grandes beneficiarios de los huracanes. Más allá de ser una especie marina, los corales permiten la supervivencia a millones de especies. Crean una simbiosis además con otras especies. Por ejemplo, una de ellas son las algas, cuya “ayuda mutua” nació hace 210 millones de años, según explica la BBC. Los problemas que se presentan con los corales asociados al cambio climático, como el deshielo de los polos, las subidas de las temperaturas, etc., es que hacen peligrar su supervivencia. Con las altas temperaturas, los corales tienden a estresarse, es decir, se vuelven de color más blanco.