UN MUÑECO MÁS PARA LOS GOLDEN

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Hubo un claro vencedor en el mejor partido de temporada regular de la historia de la NBA, en cuanto a balance se refiere, porque en el juego sólo hubo un equipo sobre la duela. Golden State Warriors (41-4) consiguió que San Antonio Spurs (38-7) bajaran de rango tras endosarle una derrota por 30 puntos de diferencia (120-90). Los texanos estuvieron lejos de ser el equipo excelente que está gestando una primera mitad de temporada para enmarcar, la mejor de su historia, y quedaron a merced de unos californianos, que continúan dominando la liga de manera abrumadora. Los Spurs fueron un muñeco de gomaespuma en manos de los Warriors y cortaron una racha de 13 juegos vencidos al hilo. Desde el principio hasta el final. Cegados en una nebulosa de talento, ahogados en un estadio que rebosó pasión y que fue testigo una vez más, y ya van 39 juegos al hilo, de la enésima exhibición de los suyos. Triunfó la base del éxito de los locales y lo hizo ante el origen de su filosofía, ante unos texanos cuyo fracaso no tuvo paliativos a pesar de haber sido la inspiración de los actuales Warriors. El pupilo, Steve Kerr, venció al maestro, Gregg Popovich. El dominio llegó en todos los aspectos de su juego, comenzando en la sensacional defensa, en la presión y en la movilidad y finalizando en un ataque magistral en el que Stephen Curry volvió a mostrarse imparable. Su repertorio tuvo tantos pliegues como un abanico. Su juego de manos con el balón volvió a ser mágico, su velocidad a la hora de enganchar canastas desde cualquier punto de la duela fue letal. Logró 37 puntos con un balance de 12-de-20 en tiros de campo y 6-de-9 desde el perímetro. Parece mentira, pero Popovich tampoco dio con la clave de cómo marcar a Curry sin descuidar la pintura, y viceversa. Y el abanico se sigue abriendo, porque el brillo del armador no sólo fue en ataque. Incisivo y correoso en defensa, se convirtió en un dolor de cabeza cuando a los Spurs les tocó construir el juego. Provocó cinco pérdidas de balón y entre sus víctimas estuvieron un Kawhi Leonard tímido (16 puntos, dos robos y tres pérdidas), un Tony Parker absolutamente desaparecido que acabó con la mirada perdida viendo la cita desde el banquillo (cinco puntos, tres asistencias y tres pérdidas) o un LaMarcus Aldridge que bailó al son de los Warriors con cinco puntos (2-de-9 en intentos), tres asistencias, tres rebotes y tres pérdidas. Ni siquiera la presencia del lesionado Tim Duncan hubiera cambiado las cosas.   ESPN