Tiger Woods vuelve a ganar un torneo después de cinco años

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Tiger!, ¡Tiger!, ¡Tiger!. En un domingo épico en Atlanta, Woods hizo lo que más le gusta hacer: Ganar, y fue una fiesta. Varias veces anunciada y también postergada, la victoria del hijo pródigo del golf en el último torneo de la temporada desencadenó un festejo histórico. Una multitud enloquecida de fanáticos, que durante la tarde colmó el perímetro de los 18 hoyos que el californiano recorrió en su marcha triunfal en East Lake se volcaron, al mejor estilo del hoyo final del British Open, rodeando al ídolo mientras ejecutaba los golpes finales con los que completó uno de los regresos más grandes de la historia del deporte mundial.

Tiger lo hizo a su estilo. Los tres primeros tiros de su última ronda en Atlanta fueron un mensaje muy claro para los que pretendían alcanzarlo, “Hoy no amigos, este torneo es mío”, pareció decir Tiger, ataviado con sus clásica remera roja y su pantalón negro. El birdie en el hoyo 1 tuvo su sello característico. Construido con un sólido drive al medio, un agresivo segundo tiro, y un putt de tres metros que entró por el medio del hoyo, tuvo el efecto deseado. Por un lado fue un misil que impactó en la línea de flotación de sus dos perseguidores más cercanos, los europeos, y así hay que llamarlos esta semana, Justin Rose y Rory McIlroy. Pero también marcó, de cara al público y desde el inicio, el clima triunfal que tendría la vuelta. Con ese birdie Woods, además, consolidó una diferencia de cuatro golpes que, a partir de allí, se dedicó a administrar magistralmente, como el gran estratega que siempre fue.

Y aunque fue casual, no es menor el hecho que semejante demostración de poder y control, Woods la haya desplegado en la propia cara de Rory McIlroy, uno de los representantes más dotados de la nueva generación de aspirantes que pretendió sucederlo, sin éxito hasta el momento, en la cima del golf. “Así se cierra un torneo”, pareció decirle Tiger a Rory. Tampoco fue menor que el otro fallido perseguidor haya sido el flamante #1 del Ranking Mundial, Justin Rose.

Cualquier otra victoria de Woods hubiera sido enorme en las circunstancias que marcaron su regreso en esta temporada. Si hubiera sido en el PGA Championship, donde quedó a dos golpes de Brooks Koepka, hubiese tenido implicancias mucho mayores, sin duda, por tratarse de un Major. Pero la historia relata los hechos, y los hechos ocurridos ayer en Atlanta vuelven a colocar a Tiger Woods como protagonista central de la historia del golf.

Un Justin Rose diluido terminó quedándose con la FedEx Cup, el premio que, en los papeles era el mayor, pero que por el devenir de los acontecimientos, se transformó en un consuelo. Rose recibió el mensaje de Woods y no pudo, o no quiso, estar a la altura. Intentó varias veces una reacción, pero finalmente aceptó las limitaciones que el día le estaba imponiendo y cambió su objetivo. Y por cuidarlo demasiado casi lo pierde. Si no hubiera hecho el gran birdie que hizo en el hoyo final, Woods hubiera sido el único ganador en East Lake.

Resulta increíble que el trofeo de la FedEx Cup, con sus diez millones de dólares de premio, haya terminado siendo un consuelo. Pero todo es relativo y el cristal con el que Tiger Woods obligó a mirar los acontecimientos, a eso lo redujo.

Rory McIlroy, por segunda vez en el año vuelve a jugar en la última salida del domingo, a tres golpes del puntero, en una cita importante. Y volvió a quedar lejos, muy lejos de las expectativas. En abril, en el Masters, pretendió dominar a otro estadounidense bravo, Patrick Reed. No lo logró y terminó con una decepcionante vuelta final de 74 golpes (+2), que lo dejo en el quinto lugar, transformado en un mero espectador del triunfo de Reed en el torneo que tantas veces le resultó esquivo. Ahora, en East Lake, repite la historia. Con otra ronda de 74 golpes (+4) quedó en el puesto séptimo. McIlroy sigue postergando, ya de manera preocupante, su llegada al lugar que el golf le tenía reservado.

Bryson De Chambeau, la estrella que brilló en los inicios de los Playoffs de esta FedEx Cup que concluye, terminó en el puesto 19 del torneo y tercero en la FedEx Cup, gracias a la posición que construyó con dos triunfos consecutivos que obtuvo en las dos primeras paradas, el Northern Trust y el Dell Technologies. Con ellos logró su elección para integrar el equipo de la Ryder Cup de Estados Unidos, que en unos pocos días defenderá el título en Paris.

Hablando de la Ryder Cup que ya comienza, cuatro estandartes del equipo estadounidense, Phil Mickelson con +13, Bubba Watson con +10, Patrick Reed con +9 y Brooks Koepka +4, terminaron en los últimos lugares en el Tour Championship. No es la mejor sensación con a que podían llegar a Paris.

Y así termina la temporada 2018 del PGA Tour, la gira más importante del mundo. La temporada que marcó el regreso con gloria de Tiger Woods.