El impotente Real Madrid de Lopetegui cae ante el Levante y espera decisiones

Quién habría dicho que, en una situación de crisis, la BBC del Madrid estaría formada por Asensio, Mariano y Lucas Vázquez. Desde luego, no Florentino Pérez, al que no se puede eximir de una cuota de responsabilidad en esta hecatombe del Madrid tras una planificación maldita y a contrapié. Lopetegui fue el elegido en unos días frenéticos, llevado por una ambición desmedida y por un error de cálculo. En unos meses, puede haber dilapidado su carrera, que ahora pende de una decisión. No ha demostrado ser un buen entrenador, pero ha dejado claro que es un nefasto jugador de póker. La apuesta por la posesión y el pelotón español, al completo frente al Levante, ha llevado al Madrid a sus peores números en tiempo, con ocho horas sin un gol, a una crisis de confianza y al ridículo en su propio estadio. Morales puso el puñal; Varane, los errores, y el VAR añadió el decorado al esperpento del Bernabéu. El Madrid necesita un nuevo estímulo.

La inminencia del clásico en el Camp Nou, la próxima semana, y las dificultades para encontrar un sustituto óptimo, pueden atemperar las medidas por los riesgos que implicaría para un relevo, pero la cúpula ha perdido la confianza en el entrenador. Si existía alguna duda, la derrota contra el Levante las despeja, por mucho que Oier emergiera en la portería, los palos dijeran no hasta tres veces o Varane se viniera abajo cuando en su país se le incluye en el debate del Balón de Oro. En el primer gol, se quedó en tierra de nadie frente a Morales, y en el segundo sacó una mano tonta sobre la línea. El VAR la observó dentro del área. Roger no titubeó frente a Courtois.

Sendos errores, en el primer tramo del partido, convirtieron al Madrid en un flan, mejor en el área contraria que en la propia. Morales bailó sobre los cimientos del mejor club del mundo para sorpresa de un público que ni siquiera fue mayoritario en los pitos, porque silbar a este Madrid es como apedrear a una ambulancia. La marcha de Cristiano no sólo ha dejado al equipo sin sus goles, sino a sus compañeros sin coartada. Es cómodo jugar junto a quien tiene que marcar y a quien hay que criticar. El portugués era el goleador y el pararrayos. Benzema ha sido el mayor beneficiado durante casi una década. Este sábado, empezó en el banquillo, como Bale. La salida del francés, en cambio, abrió otros caminos. Tarde.

Además de Asensio, de cero, Mariano, con mala fortuna, y Lucas Vázquez, mejor cuando bajó al lateral, Lopetegui alineó a Odriozola y forzó el regreso de Isco. Mal el lateral, sobre todo hacia atrás, y bien el malagueño, aunque después de su apendicitis no le daba para un partido entero. Regresó, además, Marcelo, después de una lesión. Isco y el brasileño han sido bajas demasiado pesadas para este equipo, y en el tiempo en el que tuvieron energía lo demostraron. El brasileño llegó hasta el gol de la esperanza, pero acabó al trote, quebrado. Se le pueden achacar errores, en otras ocasiones, pero jamás compromiso a un jugador que mira de tú a tú a Roberto Carlos.

Después de 481 minutos, ocho horas, sin marcar, el gol era reparador, aunque significara muy poco todavía. El Levante, ya sin Rochina, excepcional en el centro del campo, y con Morales más solo y cansado, podía ser víctima de una de las cargas del Bernabéu. El Madrid lo intentó hasta merecer algo más, por insistencia y ocasiones, con 35 disparos a puerta, 15 saques de esquina y el 70% de posesión, pero los números en el fútbol no son como en las matemáticas. Ni este equipo está para el vértigo, ni la atmósfera invoca a la épica. Después de cuatro derrotas en cinco partidos, la impotencia ha calado y tiene el rostro de Lopetegui. Mal asunto.