CAFE NICARAGÜENSE SIN DENOMINACIÓN DE ORIGEN

Nicaragua es el único país de Centroamérica que no tiene los reconocimientos de denominación de origen e indicación geográfica para su café. A pesar de que hay zonas geográficas en el país donde el café goza de mucho prestigio para conseguir la denominación de origen, que le permitiría un mayor reconocimiento en los mercados internacionales, según especialistas en el tema, Nicaragua se quedó atrás de sus vecinos: Guatemala, El Salvador, Costa Rica y Honduras. Algunos de esos países consiguieron la denominación de origen o la indicación geográfica hace algunos años, por medio de un proyecto impulsado por el Programa Cooperativo Regional para el Desarrollo Tecnológico y Modernización de la Caficultura, Promecafé. Nicaragua quedó fuera de Promecafé al no cumplir con los pagos anuales que tenía que abonar, y también de ese proyecto que impulsó la denominación de origen para volver reconocidos a los cafés centroamericanos en el mundo. La denominación de origen es parte de lo que se conoce como propiedad intelectual: las famosas marcas registradas y los derechos de autor, regulados internacionalmente y en las legislaciones nacionales. Indica que la producción, transformación y elaboración de determinado producto se realiza en una zona geográfica específica, con procesos específicos, reconocidos y comprobados. CAFÉS RECONOCIDOS En El Salvador, cuenta con denominación de origen el café de Apaneca-Ilamatepec, desde el 2010, de acuerdo con reportes de medios de ese país y del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA. Entre tanto, en Guatemala goza de ese reconocimiento el café de Acatenango y de Antigua, según la Asociación Nacional del Café, Anacafé. Además, cuenta con denominación de origen un ron de ese país, Rones de Guatemala. Los cafetaleros del occidente hondureño obtuvieron la indicación geográfica “Honduras Western Coffees”, con ese proyecto. Ese país goza desde el 2005 con la denominación de origen Café Marcala. También el café de Costa Rica logró en el 2011 el reconocimiento de indicación geográfica, de parte del Registro de la Propiedad Industrial, bajo el nombre de “Café de Costa Rica Diseño”. Zonas potenciales En Nicaragua, se han identificado al menos cinco sitios que mantienen cada año elevados niveles de calidad de café y son potenciales para alcanzar una indicación geográfica o una denominación de origen, aseguró Carlos Zelaya, investigador del Centro Internacional de Agricultura Tropical, CIAT. Esos sitios son: Dipilto (incluye Dipilto, Macuelizo y Mozonte), Las Sabanas (Las Sabanas, San Lucas y Pueblo Nuevo), San Juan de Río Coco (San Juan de Río Coco y Telpaneca), Jinotega (Jinotega, Datanlí-El Diablo y Peñas Blancas) y San Rafael del Norte (San Rafael del Norte y San Sebastián de Yalí). Para Zelaya, uno de los cafés nicaragüenses que más opciones tiene de obtener esos reconocimientos es el que se produce en Dipilto, porque “el principal requisito es tener reputación”, y ese municipio, con menos de tres mil hectáreas de cafetales, ha sobresalido en los últimos tres años con 29 cafés ganadores del concurso Taza de la Excelencia, los cuales se han vendido en la subasta electrónica con precios récord. A pesar de los esfuerzos realizados años atrás para conseguir ese reconocimiento en el café nicaragüense, hoy día hay otras prioridades en la caficultura, como contrarrestar la roya que atacó fuertemente los cafetales en los últimos años, coincidieron los especialistas. CAFÉ DE ACATENANGO La denominación de origen es “una excelente carta de presentación” para el café guatemalteco, expresó Beatriz Moreno, encargada de proyectos de Anacafé, quien habla específicamente del Café Acatenango. Ese café obtuvo la denominación de origen a través de un proyecto promovido por Promecafé y ejecutado por Anacafé, afirmó Moreno. Los cafés hablan por sí solos de la calidad. Las denominaciones de origen no se crean, se reconocen, explicó Moreno. Además, aseguró, son procesos largos y meticulosos. Para Moreno, los beneficios de las denominaciones de origen, en términos de mercado, van más allá de la imagen que se proyecta del café. “Es una estrategia competitiva, que garantiza al consumidor, el origen, la calidad e inocuidad, a través de la trazabilidad del producto, lo que se traduce en satisfacción, y esta satisfacción en confianza y reconocimiento por parte del consumidor final, consolidando mercados existentes o abriendo nuevos nichos”, subrayó. En el caso del Café Acatenango, se trabajó primero en definir las rutas para el cumplimiento de los temas legales. Moreno explicó que ese proceso conlleva la realización de una serie de documentos sobre la caracterización histórica del café, el tratamiento agronómico, el beneficio, el clima, la calidad de la taza, la definición de criterios de delimitación, entre otros. END

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