Oscar René Vargas: El régimen Ortega-Murillo, la pandemia y el poder

Los escenarios/pronósticos políticos no poseen la exactitud del plano de una construcción; es una hipótesis. Es necesario seguir atentamente los cambios de los elementos objetivos y subjetivos del proceso político para enderezar el rumbo táctico. La verdadera marcha del proceso políticos no corresponde siempre con los escenarios previstos, eso no nos exime de la necesidad de hacer escenarios/pronósticos políticos.

Todos los virajes políticos tácticos deben de efectuarse en concomitancia con la verdadera situación sociopolítica de cada fase de la lucha que determina cuál es el escenario más probable. La táctica siempre está subordinada a la estrategia, ésta sólo se realiza por intermedio de aquélla. La táctica consiste en los zigzags periódicos y la estrategia es la suma de esos zigzags. La tarea estratégica central no consiste en parecer más fuerte sino en llegar a serlo. La línea estratégica general ha de conducir a la derrota de la dictadura.

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En Nicaragua el coronavirus sigue con sentido trágico de la realidad cotidiana, junto a tantas fantasías y mentiras pronunciadas por las distintas vocerías oficiales y oficiosas del régimen. Sobra decir que las actividades laborales siguen realizándose y que el régimen no ha suspendido las clases, que la cantidad de casos de coronavirus y el número de muertos crecen día a día.

Al mismo tiempo, se realizan pocas pruebas clínicas para determinar la prevalencia del coronavirus entre la población. El régimen está navegando a ciegas, de ahí que su modelo y datos estén alejados de la realidad. Razón por la cual no se sabe cuándo se llegará al “pico de la pandemia”. Es importante conocer el “pico de la pandemia”, porque después se espera que los casos comiencen a descender.

 

El Ministerio de Salud se ha aferrado a no hacer pruebas clínicas extensivas para detectar focos de infección del coronavirus, seguramente debido a que decidieron la estrategia de la “inmunidad de rebaño” que, traducido, a las condiciones concretas del país, significa la implementación de la “guerra biológica” contra la población con el objetivo de matar la protesta social y permitir la posibilidad de acuerdo político de una “salida en frío” de la crisis sociopolítica.

Es decir, el régimen no tiene políticas consistentes para aplanar la curva de contagios. Si miramos el crecimiento del coronavirus veo el colapso hospitalario en los próximos días. Es imposible prever cuándo se sabrá el tamaño de la devastación causada por el coronavirus, mientras el régimen Ortega-Murillo insista en menospreciar las dimensiones de la tragedia por la prevalencia de la información estadística inconsistente.

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Hay que distinguir dos cosas que se mezclan mucho en este gobierno. Hay una incompetencia brutal, como nunca antes se había visto en la historia del país, ya que no tienen el personal adecuado, los insumos y los equipos necesarios para hacerle frente al virus. Y la pareja presidencial ha demostrado que no tiene ninguna formación ni capacidad para enfrentar la crisis sanitaria.

No hay ningún intento de coordinar medidas preventivas con los especialistas independientes o con la Organización Mundial de la Salud, ni un proyecto concreto para enfrentar la crisis sanitaria y, en última instancia, ni siguiera hay un ministro de salud: lo que existe una ministra cuya misión exclusiva es no contrariar la estrategia de la “guerra biológica” de la pareja presidencial. Las personas que componen el círculo íntimo del poder no tienen grandes cualidades administrativas y científicas. Pero se han sabido manejar políticamente con los partidos funcionales y con sectores del gran capital. Tiene una estrategia pensada, que puede ser que le funcione si la oposición formal no logra establecer una estrategia de salida.

Debido a la estrategia errada del régimen, existe el peligro que el país se transforma en el epicentro de la pandemia en Centroamérica. Mientras tanto, el país se ve cada vez más enfrascado en una crisis sociopolítica tremendamente tensa y sin salida a la vista. El comportamiento del régimen, desde el principio de la crisis sanitaria, sigue una estrategia y un método. El método es generar más inestabilidad emocional y caos en medio de una pandemia, incentivando a la gente a ir a la calle para que se contagien. La estrategia es la implementación de la “guerra biológica” para desarticular a la oposición real y formal.

El régimen entendió que tenía varias crisis imposibles de evitar: económica, sanitaria y sociopolítica. Sabiendo que, si permite la realización de unas elecciones transparentes, como salida a la crisis general, las perderían. Por lo tanto, entiende que tiene que dar la imagen de estar dispuesto a ceder para ganar tiempo y preservar el poder, esperando un acontecimiento fortuito a su favor: por ejemplo, la derrota de Trump en noviembre 2020.

Ortega es un gobernante súper autoritario pero que al mismo tiempo da la imagen de gran fragilidad por un proceso evidente de envejecimiento, se le ve senil en sus comparecencias en la televisión. Para mantenerse en el poder apela a los policías y paramilitares y a su vieja base social. Tiene un electorado que lo apoya entre el 15 y 20 por ciento, pero con el peligro de erosionarse cada día más por el mal manejo de la crisis sanitaria y la profundización de la recesión económica.

Ortega ha distribuido muchos cargos públicos a los militares retirados y el Ejército no parece abandonarlo. Hasta el momento las Fuerzas Armadas están a su favor. Ortega ha implementado la lógica de darles muchos beneficios y puestos políticos a los oficiales superiores en retiro.

En medio de la combinación de la crisis multidimensional y de la creciente marea de indignación general, el régimen Ortega-Murillo sigue sin ninguna otra propuesta que no sea su permanencia en el poder, contando con la pasividad, el silencio cómplice de los altos mandos de las fuerzas armadas y de sectores del gran capital.

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El objetivo del régimen es mantener el imperio de la fuerza, con instituciones débiles donde básicamente pueda hacer lo que quiera. Ortega tiene el objetivo de permanecer en el poder de manera indefinida, para establecer una dinastía sin ideología fija. Por otro lado, los partidos funcionales o zancudos (PLC, CxL, APRE, PC) son utilitarios para el régimen mediante nombramientos de segunda o tercera línea en el Estado, o sea, menos visibles para el gran público.

El régimen ha perdido apoyo de sus votantes más racionales al dar muestras cada vez más de desequilibrios e irresponsabilidad. Defender a Ortega-Murillo se ha convertido en algo más difícil para sectores de la clase media y profesionales. La mayoría de la población no está con el régimen. Sin embargo, hay una oposición poco articulada y fragmentada, aunque cada vez más amplia.

El régimen, ve posible salir de la crisis multidimensional con la ayuda de los poderes fácticos funcionales ya sean políticos, económicos, militares o religiosos. Sin presión interna y externa fuerte, el régimen piensa negociar en sus términos. Hasta el momento la oposición formal no ha logrado capitalizar el rechazo de la población al régimen.

El político funcional y formal se olvida que la lucha política se pierde desde el inicio. La razón es sencilla y se encuentra codificada en la famosa sentencia de Karl Clausewitz: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Si en la política uno ya ha sido derrotado estratégicamente, la guerra paramilitar o biológica desatada por el régimen nada cambia ese resultado, aunque tenga victorias tácticas.

El régimen ya está imposibilitado de resolver los problemas del país, no obstante, mantiene la fuerza militar (policía y paramilitares) y la “neutralidad cómplice” del ejército. El régimen experimenta un descenso de su influencia, debilitamiento organizativo en los sectores populares y desconfianza de la población hacia su discurso político. Esto no significa, desde luego, su fin inmediato.

La lógica del régimen Ortega-Murillo sigue manteniendo su estrategia de “el poder o la muerte”. Mientras eso no lo entienda la otra parte, la oposición formal, acá nunca habrá una estrategia ni acciones correctas para derrotar a la dictadura. El régimen piensa resolver la crisis multidimensional por la vía biológica. ¿Cuántos muertos más hacen falta para que los poderes fácticos se den cuenta que el régimen Ortega-Murillo tiene que irse ya?

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