La gran política versus la pequeña política en Nicaragua

Nicaragua atraviesa la crisis interna más grave desde la guerra de los años ochenta del siglo XX

Imaginar lo que aparentemente es inimaginable es lo que hace excelente al análisis político.

Desde la rebelión de abril 2018 se desarmó aquella idea según la cual el país estaba en la senda del desarrollo gracias a la alianza público-privado del gran capital y el régimen Ortega-Murillo.

En cambio, la imagen que surgió de la rebelión de abril daba cuenta más bien, que una enorme mayoría enraizada en los autoconvocados, estudiantes, profesionales, campesinos y clase media; clamaban por cambiar el régimen, a los actores principales de la gran política.

Desde abril 2018 y hasta el presente, se hace cada vez más insoportable la contradicción entre la forma de hacer las tácticas de la pequeña política y la estrategia de la gran política. La contradicción de los poderes fácticos (régimen y gran capital) y la gran mayoría de la población sigue siendo real y demanda una política a favor de las mayorías.

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Nicaragua atraviesa la crisis interna más grave desde la guerra de los años ochenta del siglo XX. Al mismo tiempo, el país constata que el régimen Ortega-Murillo no tiene nada nuevo que ofrecer para superar los problemas estructurales de la sociedad. Las elites no vieron venir la rebelión de abril 2018 y este año (2020) han vuelto a malinterpretar el origen de la crisis y su posible salida.

Los más lúcidos observadores consideran que la actual crisis denota el colapso de la división de poderes, el conjunto del poder judicial, el sistema de controles y contrapesos y su sustitución por la arbitrariedad y el capricho del dictador a la Calígula. El dictador olvida que no se puede destruir todo sin destruirse a uno mismo.

El gran capital no parece tener nada diferente que proponer a la actual dictadura, nada con lo que pueda salirse al paso. No quieren aceptar que todo el actual ensamblaje institucional es inoperante. El sistema se ha mostrado ineficaz ante la pandemia y los dos huracanes. Es el ocaso de una política autoritaria que contribuye a la implosión del régimen Ortega-Murillo.

El gran capital es un poder fáctico importante pero impotente en el ejercicio de la pequeña política y no parece que el asunto tenga remedio. El gran capital no ha comprendido que la gran política está vinculada con la estrategia de articular un diferente pacto social.

                                                

Es decir, el gran capital quiere excluir la gran política del ámbito interno de la vida estatal y reducir todo a la política pequeña. El gran capital con el objetivo de no abordar los principales elementos de la gran política los ha querido convertir en elementos de pequeña política. El régimen y el gran capital se resisten a que la gran política se produzca y se genere desde abajo.

La pequeña política comprende las cuestiones parciales y cotidianas que se plantean en el interior de una estructura ya establecida, debido a las luchas e intrigas entre las diversas fracciones de la clase política tradicional o emergente.

La gran política incluye la táctica. La táctica política es tratar de elevar a las mayorías de las personas a la comprensión de gran política, a la elaboración estratégica, a la acción táctica, a tener la perspicacia y sagacidad para conocer los recovecos complejos de la conspiración. El objetivo es conocer la realidad para controlarla y transformarla.

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Los principios de los derechos humanos y democráticos se violan rutinariamente. Los acuerdos se incumplen, pero el gran capital ha sido incapaz de actuar con determinación para ayudar a la profundización de la decadencia de la dictadura.

Al profundizarse la crisis interna de los poderes fácticos, aparecen movimientos políticos y sociales con aspiración a ejercer la hegemonía por doquier ocupando los vacíos que ocasiona el declive de la dictadura. Sin embargo, dada la incertidumbre, la clase media comienza a desmoralizarse, ya que sufre un proceso de pauperización y comienza a instalarse en el pesimismo.

Y todo esto ocurre cuando se desconoce qué pasará con el proceso electoral del 2021. ¿Será transparente o fraudulenta? De lo que no hay duda es que nos adentramos en un mundo de indecisiones/vacilaciones bajo el signo de la fractura y el desacoplamiento político de la oposición y la recesión económica.

Desde abril 2018, la ciudadanía autoconvocada se transformó en un factor importante de la gran política que tiene como perspectiva cambiar el “status quo”, es la política emprendida desde abajo, desde adentro y en contra del régimen. La gran política es un arte y su comprensión por las mayorías populares es un grado de subversión enorme.

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El objetivo inmediato del régimen es establecer un acuerdo/pacto con sectores del gran capital que comprenda el interés de mantener cierta legitimidad de Ortega de cara a la comunidad internacional y el interés de recuperar las ganancias del capital, pese a las reservas de otras fracciones del capital.

Nicaragua es una sociedad fragmentada que no permite soluciones parciales o de renovación del pacto público-privado entre el gran capital y el dictador con el riesgo que se produzca un nuevo tsunami social. El futuro de Nicaragua depende inequívocamente de la capacidad del movimiento de abril vuelva a provocar una brisa que se vuelva huracán.

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