Reflexiones de un médico exiliado sobre coyuntura política en Nicaragua

Ya vamos a cumplir casi 3 años desde que salimos al exilio, nos ha tocado hacer muchas cosas para sobrevivir, sin embargo, en la nostalgia de esta incertidumbre y melancolía, se mezcla la decepción y el enojo. salimos todos a presentar nuestra indignación ante tanta maldad, crueldad y criminal comportamiento de lesa humanidad de Daniel ortega y Rosario Murillo y un régimen agonizante, fuimos ingenuos e improvisamos en todas las líneas. queremos ese anhelado cambio. los médicos hemos sido a lo largo de la historia un estandarte de dignidad, sapiencia e hidalguía, son innumerables los ejemplos.

Después de leer el texto de mi admirada y bella colega digna ejemplo de la mujer joven nicaragüense Amaya Coopens, nos obliga reflexionar. nos induce a utilizar esos millones de neuronas, a equilibrar esas sinapsis y a producir ideas capaces de generar cambios. no podemos quedarnos de espectadores; hace 3 años ya había un caldo de ingredientes que obligaban a actuar, mucho dolor generaba solidaridad, surgían nombres, pancartas, detenidos, exiliados y teníamos un mar de gente mostrando el honor y la valentía de una bandera frente a un AK, dragonov, escopetas y demás armas. se sufría pero se enaltecía el honor de la bata blanca, surgieron innumerables centros dando asistencia a cuantos heridos, llorando los caídos, rabia, sudor, sangre y honor, todo con la frente en alto, aun con lágrimas en los rostros, escuchando los gritos de dolor, la sangre en los guantes, convirtiendo aulas, salas, cuartos, pisos sombras, iglesias en puestos médicos de ayuda para atender heridos, sin banderas, sin colores, movidos por un solo ideal: libertad de expresarse, dignidad y justicia.

Ante toda esta vorágine de hidalguía solo había una respuesta dictatorial: arma, fuego, muerte y privación de libertad, forzando salidas intempestivas. durante todo este tiempo más de 500 asesinados por la dictadura, más de 1000 privados de libertad incluso ante el solo delito de portar una bandera nacional (símbolo patrio constitucional) o por suministrar agua a personas en ayuno (pecado capital). aun así, se mantiene ese valor en todos los campos.

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El exilio nos ha enseñado que todo aquello que creímos imposible, ha ocurrido, teníamos la esperanza que sería por corto tiempo, que la familia permanecería igual, que no habría grandes cambios; una utopía que no previmos, ni imaginamos; la realidad nos golpeó en la cara, ya no Utilizamos la bata pero la manteníamos con honor, sabíamos que era parte de lo que perdíamos, pero sentíamos fuertemente el valor de esa decisión, afectamos a nuestros hijos, a nuestras familias y aun así lo volveríamos a hacer, la vida de todos aquellos que salvamos incluso de los que no logramos salvar, valían la pena y el esfuerzo, todo ese sacrificio. todo este amanecer añorado nos mantiene vivos.

Creímos en muchos cuentos de hadas, de líderes improvisados, algunos con ambiciones como todo ser vivo, otros con la ilusión de ver el cambio en nuestra patria. es imposible no levantar la voz para gritar un basta ya de tanta ambición desmedida, y exigir que piensen en todas esas madres o padres de los que han partido, del dolor y sufrimiento de los que tienen a alguien siendo objeto de tortura y privado de libertad (algo de lo que fui víctima y se lo que se siente), de los que tiene a alguien en el exilio que solo ves por videollamada o en fotos (privado de todo contacto físico, traducido en un abrazo, un saludo o una caricia).

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La victoria pertenece de las personas con fe, y es donde la dictadura se siente más vulnerable, ataca a los líderes espirituales, siempre se ha afirmado que nada se compara a la fuerza de un voluntario y durante esta gran lucha surgieron muchos incluso algunos dieron su vida a sabiendas que la estaban dando en ese momento. los médicos, estudiantes de medicina, y personal adjunto, nos entregamos con pasión y dignidad a salvar vidas, nos convertimos en objetivos estratégicos de la dictadura en su operación criminal de lesa humanidad “vamos con todo”. y aun así seguimos dando lo mejor de nosotros, así ha estado marcada nuestra historia.

Hay muchos que ven que nosotros podemos decir con la frente en alto que hemos dado todo lo que está a nuestro alcance. incluso lo seguimos haciendo, durante este holocausto sanitario en la dictadura, donde hemos perdido más de cuarenta médicos y más de 100 del personal sanitario en esta pandemia. seguimos dando nuestro grano de arena, y lo hacemos a pesar del riesgo, sabiendo que podemos caer en el intento, pero estamos conscientes que la vida de cada persona vale la pena; dejamos de operar, de estar de pijama quirúrgica, de poder sentir esa adrenalina que nos mueve a poder servir a los demás y salvar vidas con nuestros conocimientos y habilidades quirúrgicas, dejamos de operar y volvimos la vista atrás y la nostalgia de ser útiles como médicos nos golpeó duro donde se sacuden los cimientos pero sabemos que las penas forjaron nuestras almas y promovieron esos valores que nos hicieron dar ese paso en la necesidad de hacer algo por los que estaban siendo heridos o asesinados. 

                                                 

Los médicos no tenemos formación política, nuestras aspiraciones están ligadas ineludiblemente en la historia a todo afán de libertad, dignidad humana, justicia y paz.

Por eso desde la lejanía añoranza de patria que nos acompaña, invito de manera muy humilde, pensemos en la patria, en los caídos, en los presos políticos, en nosotros los exiliados, en el sufrimiento ajeno y apartemos la ambición personal por algo más grande, por la patria que nos exige dar eso extra de nosotros, eso en lo que aún no creemos y que podemos hacer a pesar de nuestras dudas. fui mesero, jardinero, guarda de seguridad, mensajero, técnico dental, encuestador, y muchas cosas más, todas las labores hechas con la dignidad de la bata blanca.

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Conocemos a varios de los líderes que ahora se promulgan como los preferitis, yo solo pido desde esta tierra. piensen en las familias, piensen y no olviden el dolor, las lágrimas y el sufrimiento. recordemos esa frase que saca lágrimas y nos mueve el corazón: aun nos duele respirar.

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