Aprovechar los errores de la dictadura

1.    Desde abril de 2018, Nicaragua vive enmarcada en una crisis social, política, económica e internacional; en marzo de 2020 se le agregó la crisis sanitaria, incrementando el resquebrajamiento del consenso entre el gran capital y el régimen Ortega-Murillo. La dictadura, para permanecer en el poder, implementó un baño de sangre con la intención de sofocar el estallido social.

2.    Tras la rebelión de abril de 2018, la economía entró en recesión, se ha semiparalizado el sistema financiero interrumpiendo los créditos, los negocios e incrementando la mora. Es difícil imaginar cómo sobreviven los grupos más pobres en el campo, la mayoría de los cuales carecen de tierra, dependen del trabajo ocasional y padecen de cierto grado de desnutrición.

3.    Los negocios, como el turismo, hoteles y restaurantes se han marchitado; los cortes ilegales de los bosques de la mafia maderera continúan, la minería gana terreno con nuevas concesiones y las actividades ilícitas, desde el narcotráfico y al blanqueo de capitales, se mantienen.

4.    Hay que resistir a la dictadura, pero la democracia electoral no es suficiente. La democracia política no sólo es bienvenida, sino que es esencial para cualquier éxito futuro. Pero también hay que centrarse en los problemas de la desigualdad y la desnutrición, para proteger a los grupos vulnerables.

5.    Abril de 2018, impuso la necesidad de realizar transformaciones. Sin embargo, la dictadura ha querido mantener su modelo económico y político. En el 2021, la batalla política impone el reto de evadir los torniquetes de la dictadura y favorecer un trabajo de base social, ecologista y antidictatorial a través de los activistas territoriales implantados en el tejido social.

6.    Necesitamos hábiles tácticos con olfato político, esos aún desconocidos líderes y lideresas de abajo, tienen que aprovechar que las maquinarias partidarias que componen la casta política están totalmente desconectadas del mundo real y subjetivamente afectadas por la profunda crisis de hegemonía y legitimidad de la dictadura.

7.    Los signos están en el aire. El malestar social no ha amainado sino aumentado con las cinco crisis. Y por mucho que sectores de la casta política tradicional aparezca criticando a la dictadura, la operación del “orteguismo con o sin Ortega” sigue adelante con la intención de engañar a la población.

8.    La arremetida del régimen Ortega-Murillo, de los últimos días, demuestra que no se puede esperar que se produzca un cambio en la lógica del “poder o la muerte”. Por el lado de los poderes fácticos, se mantiene la interrogante si el Ejército continuará contaminándose con su alianza con la dictadura.

9.    No hay que olvidar que abril 2018 significó que centenares de miles de cuerpos y voluntades en rebeldía democrática en las calles plantearon las grandes demandas de la población y levantadas en contra la lógica del pacto público-privado. Y reclamando esa tan subjetiva dignidad que significa basta de tantos abusos recurrentes, corrupción sistémica, impunidad, nepotismo en el Estado, de consensos, pactos y cocinas entre las castas políticas, la dictadura y los poderes fácticos.

10.    Está claro que la dictadura oligárquica y autócrata ya no tiene nada en común con la vasta mayoría de la gente y tienen los puentes cortados con los sectores populares, desprecian el factor subjetivo, creen que con tanta “incertidumbre”, “complejidad” política y represión les puede favorecer para desmotivar la rebeldía democrática de “los de abajo”.

11.    No hay que olvidar que cuando los sectores populares se mueven, se empoderan, las multitudes se potencian ellas mismas. Tres años después de abril 2018, a pesar de las duras condiciones de existencia, de la represión y la pandemia no se han olvidado las demandas y se mantienen las razones de cambio. La voluntad popular de cambio está instalada en la conciencia colectiva, incluso cuando la estrategia del régimen sea “orteguismo con o sin Ortega”.

12.    Por otro lado, la derecha política piensa que su legalidad institucional, su casilla electoral, le basta para atrincherarse, mantener los pilares de la dominación de la oposición real y frenar el surgimiento de una alternativa independiente a sus intereses. Para la oligarquía empresarial, los errores políticos de Ortega están facilitando la conformación de una alternativa independiente a los designios de sus intereses.

13.    En los últimos días, el gran perdedor ha sido Ortega-Murillo y sus aliados. Errores que han arrastrado a sus incondicionales a pasar a la defensiva política. La fracción dura del orteguismo apuesta a continuar e incrementar la represión, limitando más los espacios políticos, defendiendo el “statu quo”.

14.    Sin embargo, los errores del régimen lo aíslan más a nivel internacional con posibilidad de que se le apliquen nuevas sanciones al círculo íntimo del poder; a nivel nacional en lugar de profundizar la división tiende a reactivar el factor subjetivo de la lucha que se traduce en que se vayan.

15.    Sin embargo, hay que tener en cuenta que en la mente del dictador el costo de perder el poder es demasiado grande, hay muchos intereses de por medio y tienen señalamientos de crímenes de lesa humanidad, lo que representa un gran peligro para todos ellos. Su lógica es que no importa el costo a pagar, ya que el costo de perder el poder es superior, por eso su lógica sigue siendo el poder o la muerte.

16.    Hay que resistir a la dictadura, pero eso no es suficiente, hay que deponerla para transformar la sociedad. La clave del cambio es la unidad en la diversidad sin fines electoreros. Pase lo pase, se debe mantener el objetivo de derrotar al régimen movilizando a todos los sectores. Pero esto debe hacerse con habilidad política para no socavar las posibilidades del cambio democrático que la gran mayoría de la población desea.

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