Contrato entre Ortega y el gran capital

1.    Entre el 2007-2009, Ortega le propuso al gran capital un contrato social que le ofrecía más prosperidad para sus intereses, basado en el dinero venezolano, a cambio de aceptar más autoritarismo y menos democracia.

2.    Entre el 2009-2016, gracias a los ingresos del exterior (dinero venezolano más inversiones extranjeras y préstamos) la economía creció sin modernización, para modernizar un país necesitas innovación, mano de obra joven calificada, mentes abiertas y libertad de pensamiento.

3.    Los que vemos hoy es una economía que carece de la modernización que necesita, una economía dependiente de los ingresos de la inversión extranjera directa, las remesas, los préstamos, del dinero ilícito, más atrasado, sin haber cambiado el modelo productivo rentista y extractivista y con políticos menos preparados para ofrecer un cambio que permita modernizar al país.

4.    Para Ortega la gestión de la economía está supeditada a su proyecto político de permanecer en el poder. Ese modelo, del que Ortega llegó a aventurar como “ideal” para Centroamérica, lleva años despertando dudas y preocupaciones, desde el 2018 en adelante, tanto a nivel nacional como extranjero. Sin embargo, los más afectados, en su gran mayoría, han sido los pequeños y medianos empresarios.

5.    Los grandes empresarios no opinan en público sobre el actuar del régimen, pero la fuga de capitales y la caída de sus inversiones en el país revelan un clima de desconfianza. Los grandes empresarios tienen recelos en torno a los planes del régimen, pero siguen callados.

6.    En su fuero íntimo tienen muchas dudas, muchos temores, muchas críticas a la conducción del país por parte de Ortega-Murillo; sin embargo, temen romper públicamente con Ortega por el temor a un nuevo tsunami social, razón por la cual apoyan una salida al suave, o sea, el “orteguismo con o sin Ortega”.

7.    La tremenda debilidad de Nicaragua no hace menos peligrosas las reacciones de Ortega, sino todo lo contrario. Las explosivas declaraciones cotidianas de Ortega-Murillo intentan desviar la atención sobre una situación política interna que cada vez le cuesta más controlar sin incrementar la represión.

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