CONFIDENCIAL: Coronavirus y economía nacional: ¿Lluvia sobre mojado?

Expertos dicen que en los países que no toman medidas de control, la sola detección de un solo caso podría generar más de 3000 casos semanas después

Hay un consenso creciente sobre que la epidemia del coronavirus (COVID-19) inevitablemente se convertirá pronto en pandemia; de hecho prácticamente ya es una pandemia, la que se duplica cada cinco o seis días, dado que está presente en más de 85 países (especialmente en los países exportadores del virus: China, Irán, Italia y Corea del Sur) y hay más de 95 000 afectados y 3000 muertos, la mayoría en China. No obstante, de cara al futuro existen algunas perspectivas optimistas de que será manejable en los próximos meses especialmente a medida que el verano  se haga presente en el hemisferio del norte. Está por verse.

Sin embargo, la amenaza a países pobres como Nicaragua es real y muy grave, en el corto a mediano plazo. El Estado no parece estar adoptando el enfoque ni tomando todas las medidas de preparación necesarias para enfrentarla, lo que se hace muy evidente a comparar con los enfoques adoptados y las medidas tomadas en otros países. Aunque aparentemente se están promoviendo algunas medidas preventivas en la población, se ha elaborado un protocolo de atención  y realizado algunas capacitaciones a personal de salud de hospitales, hace falta más transparencia. No se conoce la capacidad adicional financiera, física y de recursos humanos del país requerida para enfrentar el virus, ni se sabe si se ha estado aplicando la prueba del coronavirus e incluso si se dispone de suficiente suministros de materiales de protección y kits de prueba (cuya producción mundial en centros especializados es menor que la creciente demanda), o si se puede controlar el influjo y movimiento interno de personas provenientes de al menos los tres países más afectados con los cuales se tiene relaciones más directas, especialmente si se sospecha que están afectadas por el virus: Corea del Sur, Italia e Irán. Podrían estar ya funcionando las “cadenas silenciosas de transmisión”.

Aun cuando el clima más cálido de los próximos meses será una barrera natural contra la introducción del virus, la llegada del invierno podría implicar lo contrario por el mayor grado de humedad y la relativa reducción de la temperatura en momentos de lluvia prolongadas. Se debería buscar cómo acceder al nuevo paquete de financiamiento especial, global y acelerado del Grupo Banco Mundial para fortalecer el sistema de salud, mejorando tanto el acceso a los servicios sanitarios para proteger a la población, como la vigilancia, de la epidemia, y así reducir el impacto sobre la economía nacional. Esto, sin embargo, debería ser una intervención nacional, la que requiere, para ser realmente efectiva, de una amplia confianza de la ciudadanía en el Gobierno para sustentar la toma de eventuales medidas públicas fuertes de control (cuarentenas) y además de la solución previa del conflicto político nacional. El Gobierno debe tomar la iniciativa.

Los expertos dicen que en los países que no toman medidas de control, la sola detección de un solo caso podría generar más de 3000 casos en las siguientes seis semanas. Recordemos que con Costa Rica, donde ya se detectó al menos un caso, hay un permanente y fuerte flujo migratorio.

El impacto potencial de un caso detectado en Nicaragua, sin embargo, no terminaría en esta posible multiplicación en miles de casos. Es importante también considerar las potenciales consecuencias económicas del desencadenamiento de una difusión nacional de la pandemia. La situación, sin ser alarmistas, podría pasar de muy problemática, a muy grave. ¿Por qué?

Por un lado, los antecedentes económicos del país ya constituyen una debilidad. La demanda agregada del país ya viene experimentado un proceso de crisis debido al incremento del desempleo abierto, la caída del consumo, del gasto público  y de las inversiones privadas, y a los efectos del incremento de los precios en  términos de reducción del valor real de los ingresos de las personas y de sus ahorros (para quienes lo tienen) y del incremento de la incertidumbre y de la desconfianza en las actividades económicas; mientras que las exportaciones dejaron de tener su buen ritmo de crecimiento.

En cuanto a las políticas económicas, los Gobiernos están implementando políticas monetarias expansivas para contrarrestar la caída en el consumo ocasionado por la pandemia en desarrollo. En contraste, en un contexto de recesión económica por segundo año consecutivo y con perspectiva de repetirse el próximo año, en Nicaragua se siguen aplicado medidas fiscales fundamentalmente recaudatorias (para financiar la crisis fiscal del Estado originada por la crisis política) y restrictivas de la demanda agregada, aunque algunas medidas monetarias han pretendido ser expansivas.

Cabe ahora entonces preguntarse: ¿qué efectos potenciales podría tener el coronavirus? Entre los principales se pueden identificar, de manera directa, el cierre de las empresas de la zona franca (varias ya vinculadas a países afectados) para evitar contagios colectivos en las congestionadas salas de trabajo, de otros planteles de trabajo de algunas cadenas productivas, de escuelas públicas y privadas con la consecuente desarticulación del mercado de trabajo (por la necesidad de cuidar a los niños) y por lo tanto de la producción nacional de bienes y servicios y de centros turísticos, bares y restaurantes, que están luchando por sobrevivir, aunando a una reducción mundial del flujo de turistas con la consecuente reducción de la demanda global de los servicios de los centros nacionales, lo que podría terminar de aniquilar a la industria del turismo.

De manera indirecta pero no menos importante existen otros efectos. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) considera al coronavirus el peligro más grande que enfrenta la economía mundial desde la crisis de financiera de hace diez años. Las perspectivas son las del desarrollo de un pánico financiero y de una fuerte contracción del crédito, a nivel internacional, con el consecuente impacto negativo en el acceso a recursos financieros internacionales tradicionales por parte del país.

Adicionalmente, muchas cadenas globales de producción y distribución están siendo afectadas significativamente (incluyendo los niveles de sus inventarios “justo a tiempo” y la creación de cuellos de botellas estructurales que duraran mucho tiempo en poder superarse), especialmente de muchas que dependen de las fábricas chinas que han tenido que ser cerradas. Además, la importación de insumos y bienes provenientes directa o indirectamente de países afectados por el virus (China, Corea del Sur, etc.) está siendo perturbada (precios y cantidades) a nivel global.

Ya hay algunos impactos en los inventarios, precios y cantidades, de los exportadores finales de insumos y productos finales dirigidos a Nicaragua. Hyundai, por ejemplo, ya está reduciendo su producción (Nissan también están enfrentando serios problemas) y está por verse las consecuencia potencial en sus exportaciones de vehículos pero sobre todo de repuestos hacia Nicaragua, considerando el enorme parque vehicular de esta marca en el país.

Finalmente, podría haber afectaciones a las exportaciones tanto de bienes tradicionales como de la misma zona franca, como resultado de una caída de la demanda global ocasionada por el virus (especialmente de la demanda de bienes –importaciones- por parte de China cuyo crecimiento económico será más lento).

Estos efectos (globales y locales) tendrían implicaciones tanto a la oferta como a la demanda agregada en el país, con repercusiones diferenciadas tanto en la tasa de inflación (que ya de por si anda por el 6%) como en el nivel de la actividad económica. En general, todo esto podría conducir más bien a un agravamiento adicional, de uno o dos años de duración, de la recesión antes mencionada. ¿Lluvia tormentosa sobre superficie empapada?

Desde esta óptica, el mantener políticas macroeconómicas restrictivas (junto con el incremento efectivo del IBI en Managua), peor aún, las anunciadas medidas de una nueva reforma fiscal restrictiva, en lo que sería el peor de los momentos, parece ser muy poco responsable.

Las preguntas clave son: ¿Se implementaran políticas económicas que realmente aseguren a los nicaragüenses que se evitará una profundización de la recesión en caso de que el coronavirus ingrese al país? ¿Se podría lograr esto sin un consenso en lo político? ¿Sería la amenaza real de la pandemia el “cisne negro”, el típico factor inesperado de los fenómenos económicos y sociales, que modifique el escenario económico, social y político del país? Hasta el momento solo se percibe un silencio ensordecedor, sobre las implicaciones para Nicaragua, por parte de los diseñadores de las políticas económicas; si no es así, es su deber esclarecer esto e informar que están preparando para enfrentarla. De no hacerlo, echaran leña al fuego de la prevaleciente desconfianza e incertidumbre sobre el futuro que caracteriza a la mayoría de los actores de la economía nacional.

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