PARTIDO REPUBLICANO, EN JAQUE DONALD TRUMP

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Hay un dicho en inglés que reza: "No se puede derrotar a alguien con nadie". Y el Partido Republicano, por el momento, no tiene a nadie que pueda imponerse al controvertido Donald Trump en la convención de la formación de este verano, que elegirá al candidato presidencial y podría ser la más cruenta batalla de una guerra interna que nadie sabe cómo resolver. La élite del Partido Republicano ha sacado la artillería pesada para destruir a Trump, cuyo discurso xenófobo y populista ha calado en votantes desencantados con la política tradicional. A dos semanas de las primarias de los estados clave de Florida y Ohio, puede que sea demasiado tarde para detener a un empresario con maneras de charlatán que ha conquistado a millones que no se sentían representados y podría acabar en la Casa Blanca. Esta semana el que fuera candidato presidencial republicano en 2012, Mitt Romney, pidió a los votantes boicotear el alza de Trump utilizando el voto útil en su contra; más de 100 líderes conservadores pidieron retirar el apoyo al magnate porque su paso por la presidencia sería nefasto para la seguridad nacional; y el dinero de Wall Street y de los grandes donantes ha comenzado a financiar campañas de anuncios televisivos para atacar el historial de Trump con la creación del comité de acción política Our Principles. "El Partido Republicano ya no tiene un centro neurálgico. No hay líderes, y pocos son los votantes que puedan clasificarse como moderados", explica desde Cambridge (Massachusetts) Theda Sckopol, profesora de Políticas de la Universidad de Harvard y una de las mayores expertas sobre la evolución experimentada en la última década por el conservadurismo estadounidense. LA ÉLITE DEL PARTIDO REPUBLICANO HA SACADO LA ARTILLERÍA PESADA PARA DESTRUIR A TRUMP Trump ha pescado en ese río revuelto saltándose todas las normas de la política tradicional: evitando las palabras codificadas y aireando sin rodeos lo que muchos estadounidenses conservadores querían oír (ataques contra los inmigrantes, contra los musulmanes y contra la globalización que tantos trabajos de media y baja cualificación ha costado). Trump el "showman" El casi septuagenario neoyorquino es mejor "showman" que empresario. Conocido mundialmente como un magnate multimillonario, ha pasado en los últimos 25 años por cuatro bancarrotas, negocios ruinosos como la Universidad Trump o la compañía de hipotecas que fundó justo antes de la crisis financiera de 2008. Pero donde su talento ha dado frutos es el mundo del espectáculo. Su reality show The Apprentice (El aprendiz) lleva 13 temporadas y la compra en 1996 de los derechos del concurso de Miss Universo le han aportado importantes réditos, hasta que los vendió el pasado otoño. Trump no tenía experiencia en política, no conocía los pormenores del maratón de las primarias y carecía de donantes billonarios o conocedores del entramado de conexiones que lleva a la Casa Blanca. Lo que sí conocía bien Trump es cómo funciona el mundo televisivo, una industria que saca grandes beneficios de cada ciclo electoral en audiencias y anuncios, y donde se crean y se destruyen figuras públicas. Ese conocimiento del circo mediático le ha llevado a idear puestas en escena como las llegadas triunfales en avión con las letras de su apellido grabadas en el fuselaje. Trump ha robado el corazón de sus seguidores: generalmente blancos de la narcisista y mimada generación de los baby-boomers, sin formación superior y enfadados con un sistema político que, en su opinión, les ha quitado sus privilegios, ganados con el sudor de su frente, para dárselos a inmigrantes. La falta de sagacidad política que se le suponía a Trump llevó a la gran mayoría de líderes de opinión a asegurar desde el primer minuto que comentarios en los que trataba a los inmigrantes mexicanos de "violadores" o a la única rival mujer de la contienda republicana de no ser lo suficientemente atractiva para ser presidente acabarían desinflando su sorprendente escalada en las encuestas. Pero los sondeos contradicen una y otra vez a los que daban a Trump por muerto a cada salida de tono, confiados en que las reglas de la política tradicional no fallarían en el largo plazo. Trump, que en 2000 flirteó con una candidatura presidencial en la que quería a Oprah Winfrey de número dos, ha conseguido dar a los grandes medios estadounidense el espectáculo que querían. Para ello no ha reparado en insultos, los cuales le han valido el protagonismo absoluto en televisión desde el verano. La simpleza de insultos ha llegado a tal punto de que en el debate republicano de jueves en Detroit, el magnate de los casinos se defendió de las acusaciones lanzadas por el senador Marco Rubio de tener las manos pequeñas, algo que, en su opinión, utilizó para lanzar el rumor de que tiene el pene pequeño. "Les garantizo que ahí no hay ningún problema", asegura Trump en un corte muy comentado esta semana. LOS SONDEOS CONTRADICEN UNA Y OTRA VEZ A LOS QUE DABAN A TRUMP POR MUERTO "Con muchísima ventaja, Trump es el titular más jugoso de la campaña de 2016, con un cuarto de toda la cobertura" en los noticieros de NBC, CBS y ABC, explica Andrew Tyndall en la publicación de su Tyndall Report sobre medios. "Donald Trump es una magnífica personalidad televisiva, sólo por eso tiene muchas posibilidades" de convertirse en el candidato presidencial republicano, señala Sckopol. Con victorias en una decena de estados y con una amplia ventaja sobre el senador Ted Cruz, todo indica que Trump será proclamado candidato presidencial. Pero eso sólo si se aplican los convencionalismos que han regido en la política, algo que con Trump parece imposible. Una convención de locos La convención republicana que se celebrará a finales de julio en Cleveland (Ohio) puede convertirse en un caos televisado sin precedentes si, como parece, la élite del partido intenta imponer su voluntad de deshacerse de Trump aglutinando delegados detrás de una figura anti-Trump. El problema es que la élite estaba agrupada detrás del ex gobernador de Florida Jeb Bush, incapaz de conseguir el apoyo de los votantes, y ahora se debate entre el senador Marco Rubio, quien sólo ha ganado una primaria estatal; el gobernador de Ohio, John Kasich, que aún está más retrasado en el conteo de delegados; o el senador Ted Cruz, un ultraconservador del Tea Party con pocos amigos en la "nobleza" republicana. La mejor prueba de la desesperación del establisment fue el discurso del jueves del candidato presidencial republicano de 2012, Mitt Romney, que tildó a Trump de "farsante", un "fraude" y de recurrir al "teatro como un niño de tercer grado". Romney demostró que el partido es incapaz de parar a Trump al recomendar a los votantes recurrir al mal menor votando en cada estado por el rival de Trump mejor posicionado (Cruz, Rubio o Kasich). Al no señalar a nadie en particular y no ofrecer aún su apoyo a ningún aspirante, el ex gobernador de Massachusetts demuestra que los republicanos no saben a quién recurrir para frenar a Trump. Un partido patas arriba "El Partido Republicano se está desmembrando entre unas fuerzas ultraconservadoras y populistas y la élite que pregona el libre mercado", en opinión de Sckopol, a quien no le sorprende que Trump haya conseguido aglutinar simpatizantes con un discurso antiinmigrante, que habla de aumentar impuestos a los ricos y mantener la seguridad social. Trump vio su oportunidad en el descontento generado tras la recesión de 2009, y ya en 2011 comenzó a ganarse el calor del votante desencantado y de baja formación con la investigación para destapar, según él, que Barack Obama no había nacido en Estados Unidos, sino en Kenia. La conspiración no tenía base alguna, era una batalla perdida y a ningún político serio le pareció una cuita justificable ni con réditos en las urnas. Pero Trump y su instinto para el "troleo" mediático sabía que con ello estaba hablando a una sector de los estadounidenses al que nadie se había dirigido antes. Con esa misma lógica, en los últimos meses ha propuesto levantar un muro a lo largo de toda la frontera con México (un proyecto impracticable), negociar con China como quien va a un bazar o prohibir la entrada de todos los musulmanes al país. LA ÉLITE DEL PARTIDO INTENTA IMPONER SU VOLUNTAD DE DESHACERSE DE TRUMP AGLUTINANDO DELEGADOS DETRÁS DE UNA FIGURA ANTI-TRUMP Para una mayoría estas ideas suenan a disparate, pero para un sector importante del electorado, esos mensajes son algo que ellos ya pensaban pero nunca se atrevieron a decir en voz alta. Como explica Sckopol, para muchos de votantes blancos de bajos estudios, el concepto tan estadounidense del "sueño americano" ha demostrado ser una utopía impracticable en la economía resultante del crash de 2008 y ese sueño ha dado paso a la frustración y a la rabia con el sistema político. Los simpatizantes de Trump se dividen entre el que va a sus eventos de campaña por "diversión y entrenimiento" y los que están "hartos de que les quiten sus impuestos para dárselos a los inmigrantes". Los primeros eran una parte importante de la multitud al principio, pero hoy cada vez son más los segundos. "Trump habla al miedo y a la rabia de los estadounidenses", me explicaba recientemente una simpatizante de Trump en un mitin. La convención republicana será el penúltimo obstáculo para que Trump pueda optar a ser presidente de la nación más poderosa del mundo. Trump ya firmó el pasado otoño un documento para jurar su lealtad al Partido Republicano, una firma que lo obliga a acatar las normas de la formación, pero que también obliga a sus líderes a mostrar unidad si es elegido candidato presidencial (en el debate del jueves Rubio, Cruz y Kasich dijeron que apoyarían a Trump si es nominado). Pese a todo, si Trump no consigue una mayoría clara de delegados, el partido podía poner en marcha una conspiración que a buen seguro ya diseña en la sombra para acabar con una personalidad que ha cautivado a votantes en todo el país. INFOBAE