LOS PRODUCTOS BÁSICOS QUE SE VOLVIERON UN LUJO POR LA CRISIS EN VENEZUELA

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A medida que la escasez en Venezuela aumentó, lo que antes era rutina ahora se volvió un lujo.
Los tiempos en que hasta los más pobres comían carnes, quesos y chocolates, cuando Venezuela lideraba los índices de consumo en la región, pasaron al cajón de los recuerdos.
En un andén de las calles comerciales de Petare, el barrio popular más grande de Venezuela, en Caracas, Jefferson Manzano acaba de comprar 100 gramos de café molido.
Empacado y sellado con esmero, el paquete de café es tan grande como una caja de chicles.
A su vez Manzano compra 50 gramos de leche en polvo y 20 de azúcar.
Los tres paquetes le caben en el bolsillo del pantalón.
"Es para el café del domingo", dice, como quien guarda sus mejores reservas para el desayuno de aquel día libre de la semana.
La Encuesta de Condiciones de Vida, realizada por tres universidades venezolanas, reportó en 2015 que al 87% no le alcanzaba el ingreso para comprar lo básico.
Y este año la escasez que se añade a una inflación desbordada y una recesión histórica se profundizó.
Pocas personas en Venezuela añoran y conocen tanto esas épocas de abundancia como los vendedores del mercado popular de Quinta Crespo, en el centro de Caracas.
Allí la mayoría de puestos están administrados desde hace décadas por la misma persona, o familia; muchos inmigrantes españoles o portugueses encontraron acá refugio y, sobre todo, oportunidades.
Astrid, una portuguesa, dice que en los 50 años que lleva vendiendo hortalizas en Quinta Crespo "nunca había visto que la gente no comprara por kilo".
"Antes no le paraban: compraban de a dos y tres kilos por producto, pero ahora es que una cebolla acá, dos tomates allá, tres zanahorias y ya", afirmó.
La frase la repite el de los plátanos, que ahora le compran por unidad; y el de los frutos secos, que descontinuó la versión mezclada; y el de los huevos, que vende la unidad por el precio que antes ofrecía el cartón.
Los carniceros dicen tener un dato revelador: ya no están vendiendo el pollo entero.
Por dos razones: la gente considera más rentable comprarlo por partes y el precio del pollo entero es fijado por el Estado, en uno de los controles que según economistas generan la escasez.
Venderlo así, pues, permite saltarse las regulaciones que afectan la rentabilidad.
Pero en estos puestos hay otra práctica nueva: las patas y la piel del pollo, que antes botaban a la basura para el goce de perros y gatos, se están comprando más que muslos y pechugas.
"Como me resulta muy costoso comprar pollo, al menos con las paticas hago una sopa que me sirve de reemplazo", dice Johana Romel, cliente regular de Quinta Crespo.
Con el pescado pasa lo mismo: el mero, el pargo y el salmón se venden poco o nada y en su remplazo han surgido la sardina, el roncador o el coro coro, considerados de menor nivel.
Incluso el señor que vende botellas de vidrio usadas dice que el sacrificio de lo imprescindible le ha afectado, "porque la gente ya no tiene plata para hacer la salsa de ají dulce o el ponche de crema", productos que antes eran obligatorios en toda mesa venezolana.
El jabón para lavar los platos se rinde con agua, el suavizante es exclusivo de prendas delicadas y el champú dejó de ser cuestión de todos los días.
Las actividades que antes en Venezuela eran consideradas básicas para cualquiera, como salir de vacaciones o ir de compras al centro comercial, ahora solo están al alcance de unos pocos.
De cierta manera podría decirse que Venezuela se volvió un país normal, o promedio en América Latina, porque hoy muchos de los restaurantes solo son para los ricos.