Monseñor Rolando Álvarez advierte que "leyes arbitrarias" como las Mordaza causarían mayor fractura social

Este domingo luego de la homilía Monseñor Rolando Álvarez de la Diócesis de  Matagalpa se refirió a las propuestas de ley que en las últimas semanas el régimen de Daniel Ortega ha presentado “con respecto a ley de agentes extranjeros, lo primero que debo decir es que el pueblo es el soberano de donde emana el poder político por eso pienso que los responsables de hacer las leyes tienen que escuchar con humildad al pueblo y conocer de cerca sus necesidades”.

Asimismo, mencionó que “el Estado debe tener mucho cuidado en no lastimar las libertades fundamentales y los derechos humanos universales como es el derecho a informar con veracidad y el derecho a expresar libremente nuestros pensamientos”.  

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También Álvarez señalo que “Nicaragua está viviendo un momento muy complejo y delicado en el que nos estamos jugando el futuro del país, por lo tanto, pienso que a la hora de presentar propuestas de leyes los actores políticos tienen que tomar en cuenta que (estas) no deberían causar mayor fractura social de la que ya existe. Deberían legislar pensando en el bien común y apegados a la Constitución”.

En la primer Misa presencial después de seis meses de cuarentena por la COVID-19 e inicio de la fase de transición, este domingo 4 de octubre Monseñor Rolando Álvarez hizo un llamado a la clase dirigencial de Nicaragua a evitar caer en la tentación de la codicia. “en Nicaragua, la clase dirigencial, como se le suele llamar, debe también evitar caer en la codicia o avaricia, no sólo en cuanto al afán desmedido de tener, sino también de evitar apropiarse de la construcción de un nuevo país, donde en realidad todos los nicaragüenses tenemos el derecho y el deber de participar de alguna manera aportando lo mejor de cada uno y desde su puesto de estudio o trabajo”.

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De igual manera mencionó “lo hemos dicho y lo volvemos a decir: ningún sector de la vida nacional puede tomarse o arrogarse el derecho de pretender construir unilateralmente una Nueva Nicaragua. Y mucho menos pretender tener la representación de los nicaragüenses. Eso siempre implicará procesos incluyentes donde se debe escuchar al otro, donde el respeto al pueblo como el soberano de las decisiones sea una auténtica realidad, donde se escuche el clamor y el gemido de los pobres, de los desempleados, de aquellos que no han tenido las oportunidades básicas para desarrollar sus talentos, virtudes y capacidades; renunciando a intereses personales, particulares, de grupo o más grave respondiendo a dictámenes externos o ajenos a nuestra idiosincrasia. Un proceso de escucha franca, sincera, honesta y con visión de nación” señalo el religioso.

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