Analistas: fracturas en oposición benefician a Ortega en Nicaragua

A un año de las elecciones generales en Nicaragua, la oposición no encuentra un camino apropiado para enfrentar unidos en las urnas al presidente Daniel Ortega, al que responsabilizan de la crisis social y política que vive el país desde hace dos años.

Los intentos de unidad de la oposición sufrieron esta semana un nuevo revés con la salida del sector empresarial de la Coalición Nacional, lo que según analistas como el sociólogo y cofundador del Frente Sandinista Oscar René Vargas, demuestra que ha caído en el síndrome de la ceguera política.

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“Nada ayuda más a la dictadura Ortega-Murillo que tener un competidor estúpido. Hemos entrado en una fase en la disputa por la hegemonía política entre el gran capital y las fuerzas emergentes de abril del 2018”, dijo Vargas.

“El abandono de la Alianza Cívica, controlada por el gran capital y políticos tradicionales, se explica por dos factores principales: uno, el objetivo del gran capital es de subordinar tanto a la oposición real y como zancuda a sus intereses; dos, tiene la idea que puede conformar una fuerza política para la negociación de un nuevo pacto público-privado con Ortega-Murillo”, añadió.

Según Vargas, el distanciamiento relativo por parte del gran capital en relación con la política económica del gobierno de Ortega no va más allá de la táctica o las diferencias en cuestiones de segundo orden.

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Sostiene que existe un conglomerado, heredado del pacto público-privado, que sobrevive en muchas instituciones del estado, a lo que hay que sumar un sector significativo de la alianza formada entre viejos y nuevos nombres del empresariado “rentista, corrupto y clientelista”.

Por su parte, el analista político Bosco Matamoros sostiene que en Nicaragua nunca existió una verdadera unidad opositora, lo que beneficia únicamente al gobierno de Daniel Ortega.

Para el analista, la lógica del “régimen sandinista” es ganar tiempo, es decir, resistir y esperar un cambio favorable en la correlación de fuerzas tanto a nivel nacional, latinoamericano o estadounidense.

“Aquí no ha habido una Coalición Opositora más allá del nombre que trataron de encajarle, por sus afinidades, por sus orientaciones ideológicas; por sus actitudes personales no se materializó esa propuesta ̈, señaló.

Mientras, el resto de los integrantes de la Coalición Nacional mantienen el llamado a la Unidad, aunque criticaron lo que califican como una acción divisionista.

Lenín Salablanca, expreso político y representante territorial de esta organización dijo que “los empresarios y el grupo de estudiantes decidieron retirarse y darle la espalda a Nicaragua. En esta lucha que ha sido difícil para todo el pueblo, cada uno toma la decisión de hacer lo bueno o hacer lo malo”.

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La Alianza Cívica anunció su salida de la Coalición Nacional tras varios meses de ser parte del núcleo fundacional de la organización, que pretendía buscar la unidad entre todos los sectores adversos al gobierno de Ortega.

El argumento de la Alianza, al informar su salida, fue que dentro de la Coalición Nacional se estaba promoviendo la política tradicional, no inclusiva y sin respaldo popular.

Además, indicaron que tras la separación impulsarían “una plataforma política y electoral unitaria e inclusiva que permita aglutinar a todas las organizaciones democráticas de la oposición, para plantarle cara a la dictadura”.

Todo esto ocurre mientras Ortega endurece las leyes del país, lo que es visto por muchos como una vía para marginar a la oposición, en medio de los preparativos para una de las elecciones más controversiales en los últimos años.

Reporte de la Voz de América

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