Círculo de Bellas Artes de Madrid entrega medalla de oro a Sergio Ramírez

“A mí, se me ha condenado por mis palabras por el hecho de escribir, por mostrar la realidad de un país sometido a la violencia de la tiranía” expresó el Laureado escritor nicaragüense exiliado en España.

“La literatura es un oficio peligroso cuándo se enfrenta a las desmesuras del poder de las tiranías que nunca dejan de sentirse amenazadas por las palabras”, expresó el escritor nicaragüense, Sergio Ramírez al recibir la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

En su discurso, Ramírez agradeció por la entrega de la medalla “un honor como pocos en mi vida”, al mismo tiempo, que señaló que la literatura es un oficio peligroso cuándo se enfrenta a las desmesuras del poder.

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“El poder visto de esta manera como una anomalía recurrente del destino democrático de América Latina y que se ejerce con crueldades y excesos tiene rostro de piedra y es contrario a la tolerancia, contrario a la verdad, a la invención, y el humor y a la risa, qué son cualidades cervantinas” dijo Ramírez

El escritor nicaragüense dijo a los presentes que se dirigía como un escritor forzado al exilio, tras una orden de prisión arbitraria que orientaron Daniel Ortega y Rosario Murillo, por escribir la realidad del país. 

“Más de 150 de mis compatriotas presos por pensar diferente, por disentir por hacer valer su derecho de opinar, por creer en la democracia y por defenderla, a mi, además de todo eso se me ha condenado por mis palabras por el hecho de escribir, por mostrar la realidad de un país sometido a la violencia de la tiranía y por imaginar, por crear, la invención también tiene un precio porque a los ojos del poder absoluto la novela se vuelve subversiva”, expresó 

Ramírez recordó a Ovidio, el más antiguo de los escritores exiliados, el cual fue desterrado a los confines más inhóspitos del imperio Romano en el mar negro “El emperador Augusto que lo juzgo en secreto y lo sentenció al exilio donde habría de morir afligido por las calamidades de la soledad y el ostracismo extrañado”

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En el caso de América Latina, el escritor nicaragüense manifestó que la historia demuestra que se ha pagado siempre un alto precio por la libertad de palabra y por la libertad de la creación literaria.

“Muerte, desaparición, cárcel, destierro, Haroldo Conti, Rodolfo Walsh, asesinados por la dictadura de Jorge Rafael Videla en Argentina (...) a esa larga tradición de quienes pagan un precio por sus palabras, dos veces bajo orden de prisión y dos veces obligado al exilio, primero, en mi juventud por una dictadura familiar y tantos años después por otra dictadura familiar, la historia mordiéndose siempre la cola en un país demasiado hermoso y trágico”, continuó

Ramírez aseguró que el régimen nunca podrá exiliarlo de su propia lengua, de escribir y crear mundos imaginarios.

“Hay algo de lo que nunca nadie podrá exiliarme ni el más tirano de los poderes y es de mi propia lengua porque mi lengua es escribir realidades, crear mundos imaginarios de inventar universos nuevos, es una lengua que no conoce fronteras, hay lenguas que tienen al país por cárcel, lenguas que terminan dónde terminan las fronteras claro que el tamaño una lengua no se mide por sus límites geográficos ni creo que haya lengua pequeñas todas tienen sus propios registros mágicos e inmensas posibilidades literarias pero está de la que habló son lenguas hacia adentro”.

El destacado escritor dijo que aunque sus libros sean prohibidos en Nicaragua siempre existirá una manera para que los compatriotas lean sus líneas. 

“Nicaragua es un país más pequeño que la Hungría de Sándor Márai o de lo que fue la antigua Checoslovaquia de Milan Kundera y por eso me intriga y me aterra esa posibilidad de que nadie pudiera oírme más allá de mis fronteras o de quedarme alguna vez sin lengua en el limbo de las palabras pero yo con mi lengua recorro todo un continente que atraviesa el mar y siempre me están escuchando y si mis libros están prohibidos en Nicaragua las veredas clandestinas de las redes sociales hacen que hábiles lectores vean los libros,  (...) por eso es que las palabras se vuelve tan temibles porque tienen filo porque desafían porque no se les puede someter porque son la expresión misma de la libertad”, concluyó.

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