SEGÚN EL 19 DIGITAL SOLO 100% NOTICIAS DIJO LA VERDAD DE LA PROTESTA DEL MIERCOLES

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Iban hambrientos de violencia y sedientos de proyección internacional. Y así, con una furia descontrolada, la minoría de derecha se lanzó “cívica y pacíficamente” contra la Policía que resguardaba las inmediaciones del Consejo Supremo Electoral. Primer acto. Presentarse como víctimas y asegurar de paso las próximas candidaturas. No importa la inversión de valores y la falsificación de la información. Todo vale para prefabricar una mala imagen de Nicaragua. Segundo acto. En la industria del fariseísmo, quienes se exhiben sin pecado original hablan de una manifestación casi hippie, de “amor y paz”. Uno de los que reclaman “limpieza y libertad” en el proceso electoral, un diputado de Masaya, fue muy “limpio” y realmente libre, hasta el exceso del libertinaje. Se dio el lujo, a la par de otros exaltados, de destruir una valla metálica de seguridad, arrancar un tubo para armar a un sujeto e instigar a la gente, siguiendo su “ejemplo ciudadano”, contra las autoridades. Y ahora son los “santos inocentes” de la “represión”. Tal es la banderita que grupos de derecha extrema tratan de ondear para airear la extraña “causa” de tirar al suelo, con ira desproporcionada, los dispositivos colocados por la institución del orden. Después las utilizaron para embestir a la Policía, en una imagen que evocaba la Edad Media. Mientras, otros las destruyeron para convertirlas en armas contundentes, siempre con el enardecido ánimo de atacar al cordón de policías que escudaba las instalaciones del CSE. En todas partes del mundo la Policía cubre áreas sensibles, y sea en Bogotá, Santiago o el mismo Washington, extiende vallas de “contención de público”, cuando se ha anunciado una actividad, sea a favor o en contra de instituciones o determinadas políticas. En Costa Rica, llamada por algunos “el paraíso de la democracia”, el ex ministro de Seguridad Pública, Celso Gamboa Sánchez, no se anduvo con rodeos: “La ciudadanía tiene derecho a manifestarse pacíficamente, pero no se tolera (la) alteración del orden”. La Policía de Nicaragua no estaba ahí para violentar los derechos de nadie a protestar. Prueba de ello es que los miembros de la fracción ultraderechista del Partido Liberal Independiente, que usurpan también con arrogancia “la representación” del pueblo, sí hizo su marcha. Pero era una marcha del tamaño de ellos, porque a como es el niño es el juguete. Por eso necesitaban “algo” extra –esteroides mediáticos– para inflarse y llamar la atención “pública, nacional e internacional”. Los sorprendidos Algunos, aparte de los que solo “ven” lo que quieren ver, fueron sorprendidos a primera hora por el relato parcial y manipulado de los órganos oficiales de la derecha conservadora. El PLI y sus medios escondieron, censuraron, “editaron” lo que no les convenía. Desaparecieron la causa. Y trataron de sacar el jugo político a los efectos. Borraron la parte donde los “civilistas” diputados, “respetuosos de la ley”, se transformaron en peligrosos energúmenos. Las fuerzas policiales que resguardaban la zona, que además es muy próxima a la sede central de la Policía Nacional, soportaron con mucha paciencia las amenazas y posteriormente las arremetidas de los furibundos atacantes. Lejos de dialogar con algún jefe policial, Eliseo Núñez y Augusto Valle, este megáfono en mano, no hacían nada para calmar a las huestes. Hasta un largo tubo, parecido a las lanzas de los caballeros medievales, ocuparon los provocadores para atentar contra los agentes. Ante el hostigamiento, la Policía debió responder para restablecer el orden y dispersar a los sembradores de disturbios. Lamentablemente, algunos agentes desconocieron a dos periodistas de radio Corporación, y los tomaron como parte de la turba. Eso pasó después que el PLI rompió los fuegos con las biliosas palabras de fondo del diputado más endemoniado que nunca aceptó la decisión del soberano: “Si no hay elecciones libres va a tener que haber una salida violenta”. Y el tercer acto Da la “casualidad” que tras los sucesos, la derecha en pleno, a través de sus diversas presentaciones, oenegés, medios y comentaristas “independientes”, “sociedad civil”, “derechos humanos”, etc., armó la alharaca: “condenó” la “intolerancia”, la “represión”, la “violación” –un abogado animador hasta blandió un ejemplar de la Constitución– a la libertad de reunión pacífica y movilización. Solo el Canal 100% Noticias presentó la película completa, sin censura. Debiera ser vista por aquellos que se dejaron sorprender. Es indispensable, porque una declaración basada en la distorsión calculada de los acontecimientos es incompatible con la veracidad de los hechos. El propio arzobispo Leopoldo Brenes, tras ser creado Cardenal, lo primero que hizo fue recordar las sabias palabras del cardenal Miguel Obando: “No se vaya con el primer campanazo. Cuando le digan algo, asegúrese primero de escuchar las dos campanas”. Pero los afines al PLI y Cia. no se dieron por enterados, apartaron la realidad y en su lugar lo taparon con su intransigente discurso. Ellos no necesitan adherirse a la verdad, sino a su agenda extremista, sabiendo muy bien que son una minoría y que el pueblo de Nicaragua no les hace ningún caso. Son los mismos que difunden “bolas” y se encargan de darle “seguimiento a esas bolas”, como bien se lo dijo en su propia cara a uno de ellos, el presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada, José Adán Aguerri. Son los mismos que se consideran la octava maravilla de la democracia. Su sueño era que la Embajada de los Estados Unidos se pronunciara. Pero la función de los diplomáticos no es ayudarle a los dirigentes de la oposición conservadora alcanzar el nirvana. Debieron, democráticamente, escuchar las dos campanas. Un comunicado basado solo en la parte interesada, es una verdad indocumentada. Se supone que la Embajada EEUU tiene que orientarse primero por la filosofía de su gran mandatario y no por aquellos que encubren de “lucha democrática” sus odios viscerales al sandinismo. Por algo el cuadragésimo cuarto Presidente de la Unión Americana, Barack Obama, advirtió: “El impacto acumulativo de la manipulación, la amplificación del conflicto, la búsqueda indiscriminada de escándalos, deslices, es la erosión de cualquier tipo de estándar común para juzgar la verdad”. Hay que aprender. Fuente: El 19 Digital/Edwin Sánchez