¿Qué impacto tendrá una caída de las remesas en Nicaragua?

La pandemia ha causado estragos económicos en nicaragüenses que residen en Estados Unidos y España. La caída de las remesas amenaza con profundizar la pobreza y hacer tambalear más una economía en crisis.

A María, una cocinera a tiempo completo en un bar colombiano en New York, le dijeron hace dos días que no se presentara más. Su jefe se lo comunicó el 16 de marzo, el mismo día que el alcalde neoyorquino Bill de Blasio ordenó a bares y restaurantes echar el cierre para evitar el contagio del coronavirus. Al otro lado del Atlántico, en España, Reina, que también trabaja en un restaurante de comida latina, dejó de ir a su trabajo el 14 de marzo, el mismo día que el gobierno regional de Murcia decretó el cierre de todos los establecimientos ante una imparable propagación del virus. María con cinco años en Estados Unidos y Reina con apenas seis meses son los pilares de subsistencia de sus familias en Managua, y ahora víctimas económicas de la pandemia.

Ellas están desconcertadas en dos países extraños, en los que deben pagar alquiler, servicios básicos y medicinas, sin recibir un solo dólar o euro. Tampoco pueden aplicar a los rescates laborales anunciados por Donald Trump y Pedro Sánchez porque son indocumentadas.

Durante todos los meses mandaban más del 50% de sus salarios a las familias en Nicaragua. Reina devengaba 800 euros al mes y enviaba remesas de hasta 500 euros. María devengaba 2,000 dólares al mes y enviaba remesas de hasta 1,000 dólares. En sus años de trabajo no pudieron ahorrar porque se dedicaron a pagar deudas contraídas en el país y a mantener a los hijos. “No tengo ahorros y lo que cobraré en marzo será para pagar los gastos básicos”, dicen como si se hubiesen puesto de acuerdo para responder lo mismo. Para rematar, los ceses laborales llegaron mucho antes de la primera quincena.

Sus casos son los mismos de miles de nicaragüenses que dejaron sus casas para buscar mejores condiciones de vida en el extranjero: Costa Rica, Estados Unidos, España y Panamá, principalmente. Estas naciones luchan sin cuartel para frenar la propagación del coronavirus y sus gobiernos han dicho que las vidas humanas están por encima de cualquier impacto económico. Por ejemplo, España vive una cuarentena generalizada desde el 16 de marzo, y los organismos económicos mundiales advierten de una recesión económica. “El desempleo va a aumentar en todo el mundo”, dice un economista de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides).

Y en Nicaragua, una fuerte caída de las remesas implicará que se desestabilice más la economía y que la pobreza se profundice. Para entender la magnitud basta con poner en frente el Producto Interno Bruto de 2018 que fue de 13,118 millones de dólares y la cantidad de dinero enviada por los nicaragüenses que alcanzó 1,501 millones de dólares. Ese año las remesas representaron el 11.4 por ciento del PIB. Y hasta el segundo trimestre de 2019, Nicaragua había recibido 800 millones de dólares en remesas. El principal emisor sigue siendo Estados Unidos.

La caída de las remesas es tan inminente como el contagio de coronavirus en Nicaragua. En 2020, el PIB podría caer hasta 3.9%.

Y ante los números negativos de la economía nicaragüense, desde 2018, los ingresos por remesas daban cierta estabilidad a Nicaragua. “Las remesas eran como un amortiguamiento social en Nicaragua, y sin ellas nos hubiéramos visto en mayores aprietos”, dice uno de los economistas de Funides.

El especialista esboza un perfil de los receptores de remesas: hogares en situación de pobreza.

Reina cuando salió de Nicaragua no tenía empleo formal, era cabeza de una familia de cuatro y la venta de comida ya no le permitía sufragar los gastos. “Era pobre”, dice. María llegó a Estados Unidos dos meses después de haber sido despedida de su trabajo y acumulaba una deuda de miles de dólares. No tenía hijos, pero mantenía a su madre y hermanas. “No era pobre extrema, pero vivía apretada”, dice.

Al respecto, el economista de Funides explica: “Las remesas eran una especie de amortiguamiento para el país en plena crisis. Permitieron a una cantidad de hogares sobrevivir la crisis, y eran hogares de estratos bajos, económicamente hablando. Ese dinero permitía la adquisición de bienes básicos como alimentos y medicinas”.

Agrega que, en primer lugar, la caída contribuirá a los efectos recesivos que ya experimenta la economía de Nicaragua; y en segundo, las familias van a tener dificultades para mantenerse por encima de la línea de pobreza. “Es un problema económico y un problema social”, considera.

María y Reina, las dos mujeres cuarentonas consultadas para este reporte, piensan en el esfuerzo que hicieron para poder salir de Nicaragua y, pese al oscuro panorama económico en Estados Unidos y España no contemplan volver.

María: “Me moveré de ciudad, y buscaré opciones en otro Estado de Estados Unidos, pero no me voy a volver a Nicaragua”.

Reina: “Confío en Dios en que esto pasará pronto y que todo volverá a la normalidad, sigo buscando trabajo, ya me he ofrecido a cuidar ancianos”.

Ambas ya han pedido a sus familias que se aprieten el cinturón con los gastos porque este mes no mandarán remesas. Y el otro mes, quién sabe.

Ayúdanos a romper la censura,
necesitamos tu apoyo para seguir informando

DONA AQUÍ