Coronavirus: Lavarse las manos, ¿con qué agua?

La principal medida orientada por la dictadura de Daniel Ortega, el lavado de manos, se enfrenta a la cruda realidad de que el agua potable sólo llega al 70% de la población urbana y a un 35% de la rural. ¿Entonces, cómo harán los ciudadanos?

Si hay alguien que conoce mejor el problema del abastecimiento del agua potable en las zonas urbanas y rurales del país es Norma Juárez, una mujer cuarentona de San Benito, Tipitapa, que tres días a la semana viaja a Managua a trabajar en el lavado ropa a mano. En su comunidad, bajo racionamiento, obtiene el líquido, con suerte, una vez cada semana, mientras que en las zonas de la capital afronta una realidad que no es tan cruda como la de ella, pues el servicio llega, pero solo ciertas horas al día.

Así que sin cobertura de agua potable es imposible cumplir con una medida tan importante para la salud, como es el lavado de manos, y más ahora que se vuelve un gesto crucial que contribuye a frenar los contagios de coronavirus (Covid-19), de los que ya se tienen registrados dos. El régimen de Daniel Ortega ha hecho de esta recomendación su banderilla de lucha contra el virus, pero olvida la realidad de miles de ciudadanos nicaragüense que no cuentan con este servicio elemental, por lo que un aseo de estas partes del cuerpo no es tan fácil como dice.

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Norma comenta que desde febrero las veces que ha llegado el agua a su grifo han sido contadas con los dedos de la mano. Tiene que caminar largas distancias, con baldes en la cabeza, para poder llevar el líquido que usará para lavar ropa, platos y el aseo personal. La Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal) no se ha preocupado por garantizar el servicio en cisternas, y, por si fuera poco, la crisis del coronavirus llegó al país en plena estación seca.

“En los barrios necesitamos agua, hay mucho polvo en los caminos, porque el invierno no ha caído, llévennos agua, necesitamos agua. Con este problema del coronavirus la necesitamos más que nunca para ayudarnos (a evitar contagios)”, dice casi en suplicio, desde una casa en el barrio de la Vieja Managua donde hoy fue a lavar ropa.

Está consciente de que es un problema que enfrentan la gran parte de los ciudadanos. Por ejemplo, en la casa donde trabajó este día no hay agua, llega por la tarde, y puede lavar ropa porque la familia que la contrató tuvo que llenar barriles y otros recipientes. De lo contrario, cuenta, habría metido las piezas en un saco e irse a un barrio cerca a jabonar lo ajeno.

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Ruth Selma Herrera, exdirectora de Enacal, comenta que la grave situación de cobertura de agua potable en Nicaragua se ha convertido en un problema estructural que el Gobierno no ha querido atender por falta de voluntad. “Hoy, el acceso al agua muestra su lado más crudo, porque el agua es la principal herramienta en el trabajo de prevención del coronavirus, indiscutiblemente que su ausencia dificulta el lavado de manos”.

Cálculos propios de la exfuncionaria estiman que el 30% de los barrios urbanos del Pacífico de Nicaragua reciben agua potable una o dos veces por semana, y en horarios de la madrugada. “Eso dificulta porque no hay agua suficiente para encarar el lavado adecuado de las manos”, reitera la mujer que estuvo al frente de la institución que regula la distribución de agua, entre 2007 y 2010.

El discurso de Daniel Ortega es que ha elevado significativamente el acceso al agua, llevándolo de 65% en 2007, cuando asumió la presidencia, a 90% en 2019. Y para 2023, el régimen proyecta llevar el servicio al 95% de la población.

Pero, sus críticos dudan de esos datos, como Selma quien asegura que en las zonas urbanas la cobertura llega al 70%, mientras que en las zonas rurales, condenadas al abandonado, ni siquiera llega al 50%.

Los datos suelen ser peores para los pobladores del llamado Corredor Seco de Nicaragua que por estos días corren con la desgracia de tener los riachuelos y fuentes hídricas naturales totalmente secas.

María Haydée Brenes, una ciudadana de Puerto Corinto, Chinandega, eleva la necesidad de contar con agua ante la pandemia. En ese municipio para poder obtener el líquido potable hay que levantarse a las cuatro de la mañana y pasar durante tres horas en el grifo más bajo de toda la casa, para que el chorro sea un poco más fuerte.

“En las escuelas están exigiendo el lavado de manos, el tema es que hay seis escuelas primarias y sólo tres cuentan con un pozo, pero estos no tienen bomba, no están habilitados para llevar agua a los baños. Tampoco hay agua para que los niños tomen”, comenta vía WhatsApp, desde Corinto. Ella es una de las pocas personas que cuenta con pozos en su casa y lo ha puesto a disposición de los vecinos.

Ante el problema, la Alcaldía responde con la excusa de que el desabastecimiento responde al crecimiento poblacional. En este municipio de 19,000 habitantes las temperaturas en verano llegan a 42 grados Celsius.

A esta gravedad se le suma que en plena estación seca las empresas azucareras de El Realejo bombean más agua para poder regar sus plantaciones de caña.

Y si el régimen pretende que todos los ciudadanos se laven las manos para evitar los contagios de coronavirus, deben aplicar medidas urgentes para garantizar el servicio.

La exdirectora de Enacal sugiere algunas para resolver el problema de inmediato. “Hay experiencias que muestran que vos podés reducir fugas teniendo un aparato de mantenimiento, podés abastecer con cisternas, pero que el personal esté sano, protegido y que el agua esté potable”, menciona.

También recomienda que Enacal realice un mapeo acelerado de todos los barrios y comarcas que están teniendo la mayor carencia de agua y así hacer planes de abastecimiento, probablemente racionando el agua, o sea, quitándole algunas horas a los que más tienen, o a los que tienen acceso continuo. “Se puede ordenar la disponibilidad del agua”, enfatiza.

Y aunque el sector privado está distanciado con el Gobierno, en esta crisis podrían colaborar para llevar el líquido a los ciudadanos que no lo tienen. “Los pozos del sector productivo, de uso industrial, siempre y cuando tengan agua apta para el consumo, pueden apoyar a Enacal en el abastecimiento”, sugiere.

Enacal también podría colaborar con asistencia técnica a las 25 empresas municipales del Instituto nicaraguense de Acueductos y Alcantarillado (INAA) que operan en 25 municipios del país.

Despacho 505 intentó comunicarse con Michael Healy y Álvaro Varga, presidente y vicepresidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic) para consultarles si pondrían a disposición sus pozos para aquellas zonas con escasa cobertura de agua, pero no hubo respuesta.

Tampoco respondió Hilaria Salinas, presidenta de la Cámara de Urbanizadoras de Nicaragua (Cadur). La mayoría de complejos residenciales privados cuentan con pozos independientes, y según Selma, también podrían colaborar para que los ciudadanos cuenten con el líquido vital.

La lucha contra el coronavirus es contrarreloj, pero Ortega sigue sin tomar medidas extremas como sí lo han hechos sus homólogos de Centroamérica. Al no garantizar el servicio de agua, la población, como Norma, tampoco podrá hacer lo suyo para frenar la pandemia con un aseo exhaustivo de manos.

Y su economía no le permite comprar alcohol en gel.

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