Despacho 505: España: Covid-19 deja a mujeres entre el desempleo y extensas jornadas laborales

La mayoría de las mujeres migrantes en España trabajan indocumentadas en hostelería y el cuido de ancianos. Hasta el 1 de enero del año pasado, 31,059 residían legalmente en este país europeo
DESPACHO 505

Las mujeres nicaragüenses en España están con miedo. Miedo por quedar desempleadas en un continente con una economía en aprietos y miedo por contagiarse de coronavirus en un país con las muertes más altas del mundo, a causa del virus de Wuhan.

—¡Buenos días! ¿Cómo está?, escribo.

—Con salud y con trabajo, aún.

Me responde, por WhatsApp, Estela, una mujer nicaragüense que reside en Pamplona, en la Comunidad Autónoma de Aragón, al Norte de España, previo a una entrevista que le dará a este medio. Estar bien para ella es tener trabajo y permanecer fuera de las estadísticas de contagios de coronavirus.  Cuando la contacté amanecía en España, eran exactamente las 10:00 a.m., y me dijo que dispondría de tiempo para hablar hasta dentro unas seis horas, a las 4:00 p.m., cuando tenía unos 15 minutos de descanso

“He estado muy ocupada con la señora que cuido, pero estoy preocupada por unas conocidas que trabajaban por hora y con la cuarentena se han quedado sin nada”, comenta. Sin nada es literal. Estela, que dejó a su hijo y esposo en Nicaragua hace menos de un año, encarna todos esos miedos y realidades que afrontan las mujeres migrantes que han llegado a este país del Viejo Continente a buscar mejores oportunidades de vida.

Desde el 15 de marzo, España está en cuarentena por el brote de coronavirus que obligó al Gobierno de Pedro Sánchez declarar el Estado de emergencia hasta el 31 de marzo, pero, dado el número de muertos (3,434) y contagiados (47,610) al cierre de este reporte, se extenderá al 12 de abril. La medida provocó el cierre de negocios y el envío a casa de decenas de mujeres, sin salario. Mientras otras, que trabajan de internas en el cuido de ancianos, deben lidiar con extensas jornadas laborales sin retribución extra por los días que no libran

Estela, 33 años

Cuida a una anciana enferma desde hace dos meses, pero con el brote del coronavirus su empleador le pidió que se quedara en casa como interna para evitar un contagio que pusiera en riesgo la vida de la señora. Su horario de trabajo ante de esta crisis sanitaria era de 9:40: a.m. a 10:40 p.m. Ahora es de 9:00 a.m. a 12:00 de la medianoche. Es decir que labora más de 15 horas si se cuentan las tres veces que se despierta en la madrugada a vigilar a la señora.

Pese a eso, recibe el mismo salario al mes y aceptó porque necesita el trabajo. “Descanso de 4:20 p.m. hasta las 5.30 p.m., que es cuando ella termina de hacer siesta, es una hora. Yo estoy encargada de preparar las comidas, cambiarle de ropa, asearla, darle medicinas, limpiar la casa e ir por el pan. Todo lo que implica trabajar en una casa. Mi salario es el mismo porque deben pensar que ya recompensan al darme mis tiempos de comida, aquí me baño, aquí duermo, y por tanto no hay un salario extra”, comenta

Liseth, 36 años

De dos trabajos que tenía, quedó sin ninguno. Con los primeros casos de coronavirus en España se cancelaron las clases y la residencia universitaria que limpiaba tuvo que cesarla. Ahí le pagaban 450 euros al mes, pero con otro empleo que encontró cuidando a unos ancianos los fines de semana tenía ingresos mensuales por 740 euros, de los cuales mandaba 400 euros a Matagalpa para la subsistencia de sus dos hijos, un hermano con discapacidad y su madre.

Ahora en su billetera sólo dispone de 20 de euros y debe afrontar los pagos básicos de renta de habitación y alimentación que ronda los 200 euros. “La persona mayor que cuidaba me dijo que cuando termine la cuarentena me contratará, es la esperanza que tengo porque en el trabajo de limpieza no me dijeron nada. “La estamos pasando fatal”, dice en plural en alusión a sus otros compañeros de apartamento que también se quedaron sin trabajo

Marly, 38 años

La cuarentena impuesta por Pedro Sánchez para frenar la pandemia la mantiene con ansiedad. Desde hace cuatro años reside en Madrid y es la primera vez que está sumida en la preocupación de cómo solventará los gastos para mantenerse ella y sus dos hijos. Tenía tres trabajos y sólo ha quedado con un, pasando sus ingresos de 1,350 euro a 500. “Estamos tratando de estar más tranquilo”, comenta.

Su jornada era así: por las tardes iba a un colegio a traer unos niños para llevarlos a su casa, pero al no haber clases la despidieron; en las noches cuidaba a una anciana, pero al verla con mucosidad, que le ocasiona el polen a inicios de primavera, le dijeron que no llegara más por el temor a un contagio de coronavirus. Así que sólo está trabajando en las mañanas, con menos horas, pero “trabajando”, dice”. Es sicóloga y para sobrellevar la carga se ha metido a un grupo de ayuda

Valeria, 28 años

Es quizá la que tiene el panorama más claro. Trabajaba todos los días en una zona exclusiva de Madrid cuidando a una niña a la que le ayudaba a hacer las tareas. Con la cuarentena su jefe le empezó a cuestionar las salidas, por un posible contagio, así que un día decidió no irse a casa de su madre y quedarse a dormir ahí. Su empleador ha respetado sus horas libres de tres a siete de la noche, y los días que le correspondía descansar se queda en la residencia, eso sí, sin hacer nada.

“No me van a retribuir. Me dijeron que no podía salir por la situación, si salgo me infecto y es posible que los contagie a ellos que no están saliendo”, comenta la joven de Managua que llegó a España en octubre de 2018 y solicitó protección internacional al gobierno español. Este mes de abril le darían su permiso de trabajo, pero la crisis sanitaria ha hecho que España se detenga. “Sigo irregular, pero me siento bien en el trabajo, me pagan bien y me da mis vacaciones, lo único es que no estoy cotizando”, lamenta

Esa es la situación de las mujeres migrantes nicaragüenses en España. Y si las que ya viven en una condición migratoria regular de por sí viven dificultades al tener trabajos precarios, como el doméstico, para las irregulares el panorama es peor. Este último grupo, en el que se encuentran las desempleadas Marly y Liseth, no podrán acceder a los planes económicos diseñado por el gobierno español para rescatar las finanzas de los ciudadanos.

La responsable del Departamento de Migraciones del Sindicato Unión de Trabajadores (UGT), Ana María Corral, puede hablar de las mujeres trabajadoras que se encuentran en situación regular en España y señala que han exigido al Gobierno medidas de rescate para ellas. “Las medidas adoptadas por el Gobierno en principio no incluían a este sector”, comenta.

Ella pone en perspectivas lo que afrontan las domésticas que cuentan con permiso de trabajo para dimensionar el drama de que vive las irregulares, entre comillas: “El trabajo doméstico no está incluido en la Ley de prevención de riesgos laborales, pero el sector cuenta con personas en situación de riesgo y no hay protocolo de seguridad que deben implementar los empleadores para proteger a las empleadoras”, agrega.

La situación es dramática. Por ejemplo, si los empleadores las explotan, las mujeres no tienen donde quejarse, y si lo hacen son multadas por las autoridades por trabajar sin autorización. Aunque no viven perseguidas por agentes migratorios, como ocurre en Estados Unidos, estas mujeres viven en España, prácticamente, en las sombras

Con información de: www.despacho505.com

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