Despacho 505: El sector turismo de Nicaragua, en estado de calamidad

Entra a otra crisis en plena temporada alta. Las empresas buscan medidas para subsistir, pero el despido del personal es inminente, ante el impacto que tendrá en la economía local y global la pandemia del coronavirus.
Cortesía Despacho 505
Lésber Quintero

En Granada, el hotel y restaurante Real La Merced mandó a ocho de sus 13 trabajadores a casa, a cuenta de vacaciones. En San Juan del Sur, el hotel Gran Océano mandó a sus 12 trabajadores a casa, a cuenta de vacaciones. En Managua, la turoperadora Wayman Tours mandó a sus seis vendedores a casa, a cuenta de vacaciones. Los gerentes no han despedido a nadie, pero es cuestión de semanas para que cierren total o temporalmente, ante la ausencia de turistas nacionales e internacionales.  

En Catarina, un hombre que trabaja ejecutando la marimba en el mirador dejó de hacerlo desde hace cuatro días por la falta de turistas. En Masaya, una mujer que vende artesanías en el mercado de ese municipio cerró por la falta de compradores. En León, otro hombre que trabaja de guía en el volcán Cerro Negro ya no coordina tour a falta de aventureros.  Son trabajadores informales del turismo que están con las bolsas vacías y con la incertidumbre de cómo sobrevivirán

Estos casos son muestras del impacto que ha provocado el coronavirus (Covid-19) al sector turismo, golpeado fuertemente por la crisis sociopolítica que vive el país desde abril de 2018.

Para este año los empresarios tenían el optimismo de crecer y dejar a un lado dos períodos con cierre en negativo, pero de pronto el virus de Wuhan se extendió a todos los rincones del mundo por lo que los países tomaron medidas extremas como el cierre de fronteras y restricciones de vuelos, y los turistas, por su parte, cancelaron sus viajes.

“El turismo venía de una situación muy compleja, en la que muchísimas empresas cerraron, otras quedaron en un estado de sobrevivencia, y este año ya se avizoraba un cierto crecimiento con respecto al año pasado, y eso reflejaba la llegada de turistas de Costa Rica, principalmente. Pero esta pandemia lo que causa es una contracción inmediata”, explica el director ejecutivo de la Fundación Centro Empresarial Pellas, Ian Coronel

En 2018 el golpe al turismo fue fuerte. Después de generar US$840 millones en 2017 las divisas cayeron a US$400 millones. Luego en 2019 esta actividad generó US$430 millones y para 2020 se proyectaron US$460 millones. Sería una recuperación leve, que ubicaba al sector a números de 2014, pero pese a eso, daba respiro a las empresas que sobrevivieron a la crisis sociopolítica.

Una de las que sobrevivió fue el hotel Real La Merced, en Granada. Su gerente René Sándigo, a inicios de febrero, le contó a este medio que su hotel había cerrado el primer bimestre del año con una ocupación superior al 50% y que en Semana Santa esperaba contar con un 90%. La proyección fue superior, alcanzando el 95%, pero al día de hoy todas las reservas están canceladas.

“La situación es caótica, peor que el año de la crisis de 2018. No hay turistas, los hoteleros tenemos la ocupación entre 1% y 3%”, afirma Sándigo

El turismo se encuentra en un estado de calamidad si se toma en cuenta lo expresado por los empresarios y expertos consultados. La Cámara Nacional de Turismo de Nicaragua (Canatur) ha dicho, incluso, que la pandemia de Covid-19 ha sido un golpe aún más devastador que la crisis de 2018.

“La recuperación es incierta y el impacto económico es brutal”, dice Jorge Aguilar, gerente del hotel Gran Océano, en San Juan del Sur, uno de los destinos de playa más importante de Nicaragua.

“Estamos con cero reservaciones, todas fueron canceladas y no sé como vamos a hacer con esta situación”, lamenta Verónica Wayman, gerente de Wayman Tour, una empresa que ofrece paquetes de viaje al exterior e interior de Nicaragua, y que ha sobrevivido a las crisis económicas de 2008 y 2018

Los lancheros de San Juan del Sur ya no tienen turistas a los que llevar a dar tours por la bahía

Ahora que la pandemia del coronavirus ha hecho sonar la alarma de una recesión global, las empresas turísticas de Nicaragua se alistan para tomar medidas. Algunas sostienen que será difícil mantener a los trabajadores dado que no se sabe hasta cuándo podrán empezar a recibir turistas.

La crisis de 2018 ahuyentó al turista internacional, por el clima de violencia estatal, sin embargo, los turistas centroamericanos, el costarricense principalmente, y el nicaragüense contribuyeron a sacar a flote a muchas de las empresas nicaragüenses.

“El turismo nacional estaba dando cierto oxígeno al sector, hasta este momento, pero bajará, debido al temor mismo de la población que ha entendido que es importante mantener el distanciamiento social como un mecanismo de contención del virus”, considera uno de los economistas de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económica y Social (Funides).

En 2017, el 62.37% de los turistas que llegó al país fue internacional y el 37.3% nacional, sin embargo a 2019  los internacionales representaron el 29.8% y los nacionales el 70.2%. 

Y a diferencia de la crisis de 2018, la del coronavirus supone una caída total en visitas de los turistas que por ahora es motivado por el cierre de fronteras, restricciones migratorias y los Estado de alarma que han decretado varios países a nivel mundial, pero los efectos se prolongarán después por una caída mundial de la economía que se traducirá en menos turismo.

“Vamos a ver a menos turistas llegando a Nicaragua porque hay temor por viajar, y todo el mundo entrará en una desaceleración global, gente desempleada a nivel mundial y esa gente que tiene menos ingresos por tanto no van a gastar”, añade el especialista de Funides.

La actual caída del turismo se compara con los meses de abril, mayo y junio de 2018, cuando el país vivió los días con mayor violencia estatal, provocando la muerte de al menos 325 personas, según las organizaciones de derechos humanos, nacionales e internacionales.

Ian Coronel, director ejecutivo de la Fundación Centro Empresarial Pellas, esboza, al igual que el experto de Funides, el mismo escenario oscuro para el turismo y destaca que esta crisis junto con la de 2018 tocaron al sector en temporadas altas.

“Los empresarios perderán la temporada baja, y luego en temporada baja será más baja porque no vendrá nadie, pero no sabemos cuánto durará. Esto es gravísimo para el sector, nadie esperaba otro golpe después de 2018, y el período de recuperación es indefinido, viene tiempos difíciles”, advierte Coronel.

Esta pandemia amenaza sobremanera el Marco Presupuestario de Mediano Plazo 2019-2022 del Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur) en el que estipulaba que el dinamismo de esta actividad empezaría a tomar auge en 2021 cuando se acercaría a las cifras de 2017: 840 millones

El hotel Real La Merced, en Granada, tiene una ocupación mínima

“Estamos lidiando con la crisis solos, el Estado no puede salir al rescate porque está quebrado”, reconoce el empresario granadino René Sándigo.

Recientemente, la Cámara Nacional de Turismo de Nicaragua (Canatur), de la que Sándigo es parte, publicó un documento en el que le pedía a Daniel Ortega tomar acciones inmediatas que aseguren la sobrevivencia de un sector que emplea a más de 60,000 personas.

La Cámara, a sabiendas de que el Gobierno ignora al sector privado, propuso bajar montos y suspender por seis meses las cotizaciones del seguro social, aceptar la suspensión temporal de contratos para evitar despidos masivos, modificar jornadas laborales, y dejar de pagar el dos por ciento de los contratos laborales al Instituto Nacional Tecnológico, durante un año.

En su comunicado advirtió que las empresas turísticas han reducido sus ingresos casi totalmente en todas las actividades turísticas, llevando al cierre a la mayoría de ellas. Y para evitar más quiebra, también planteó suspender el pago de la energía eléctrica por cinco meses y establecer una tarifa preferencial a partir de septiembre próximo, así como condonar por seis meses el pago de alquileres a líneas aéreas y rentadoras de autos en el Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino, de Managua.

Otra propuesta fue recibir las retenciones de los impuestos, moras, multas o declaraciones, suspender los pagos del Impuesto sobre la Renta y otros pagos, así como eliminar por tres meses el Impuesto al Valor Agregado, y los cánones municipales, por un año.

El Intur hasta el momento no ha dicho nada. Y contrario a otros mandatarios, Ortega ha minimizado la pandemia en un intento de proteger la economía, al punto que, contrariando las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de evitar las aglomeraciones, ha anunciado una serie de actividades de cara a la Semana Santa.

Mantener un clima de normalidad y dar la impresión que Nicaragua tiene la pandemia bajo control, implica que no tome medidas que mitiguen el impacto que la crisis está generando en varios sectores de la economía.

Pero, el Estado no dispone de dinero para oxigenar a la economía, y menos cuando los organismos internacionales han cerrado el grifo de crédito al país por la represión policial y las sanciones internacionales que pesan sobre la dictadura.

Ante esto los empresarios turísticos van a tomar sus propias medidas. Barajan tres, una de ellas, y un tanto irracional, es mantenerse operando hasta diciembre, confiando que los turistas podrán llegar en los próximos meses.

La segunda, pedir al Ministerio del Trabajo (Mitrab) un cierre temporal de tres meses, lo que implica que los trabajadores sean mandados a sus casas sin salarios y sin liquidación, pero con la promesa de que serán contratados.

Y la última, liquidar a todos los trabajadores.

El Mitrab ya ha respondido a algunas empresas que se adelantaron a aplicar la medida dos, pero les aprueba el cierre temporal con la condición de que sea de dos meses y no tres.

Sándigo parece inclinarse por la segunda propuesta, aunque está consciente de que su empresa quedará sin efectivo, su personal se irá a casa con liquidez, en plenos meses de crisis, de modo que podrán sobrevivir.

El pasado fin de semana, la calle peatonal La Calzada en Granada, acostumbrada al bullicio de la música y el agitado caminar de turistas, lucía sin gente. No había vendedores de bisuterías, ni mesas, ni terrazas abiertas, ni mariachis, ni marimbistas que suelen animar todo el paseo que empieza desde la Catedral hasta el malecón del Gran Lago de Nicaragua.

Esa zona lucía así porque el país está desde hace algunos días en cuarentena de facto, en vista de que el gobierno de Ortega se niega decretar el Estado de emergencia, pese a que hay dos casos confirmados de coronavirus y una muerte. Los negocios han cerrado y las personas se autoconfinan en sus casas. Los que no pueden, porque no tienen un salario que los respalde, se rebuscan la vida en zonas donde ya no hay turistas.

Ese es el caso de Mario, un marimbista del barrio indígena de Monimbó, que los fines de semana trabaja entre la calle La Calzada, en Granada, y el mirador de Catarina, en Masaya. Vivía de las propinas que en esos días le daban los turistas y a falta de ellos se pregunta cómo va a sobrevivir. Ha buscado trabajo, pero la situación laboral en Nicaragua es crítica.

“Tengo que rebuscarla de alguna forma”, dice el hombre, sustento de una familia de tres. En esa misma situación se encuentra Alfonso, un guía turístico independiente que guiaba a turistas hasta la cima del Cerro Negro para enseñarles a surfear entre las piedras oscuras de ese coloso. Hasta febrero, Mario y Alfonso lograban sueldos informales de 4,000 y 10,000 córdobas, respectivamente.

Ahora creen que sus ingresos serán de cero.

En Masaya epicentro cultural y artesanal de Nicaragua, la situación es igual de dramática. Blanca tiene un puesto en el área de artesanías del mercado municipal y esta semana no ha recibido clientes, pese a que en el centro de compras aún hay movimiento.

Esa zona es generalmente visitada por turistas nacionales y pequeños empresarios costarricenses que compran zapatos y otros productos de cuero. Con el cierre de fronteras en Peñas Blancas las ventas han caído y pone en aprietos la sostenibilidad del negocio familiar.

Sin duda la pandemia terminará de hundir al sector. En números se hablará de millones de dólares en pérdidas económicas, pero desde lo micro significa que personas se quedarán sin un trabajo formal; pequeñas y medianas empresas (hoteles, transporte, restaurantes, turoperadoras) que cerrarán, y que trabajadores por cuenta propia que sobreviven de lo que paga un turista en una calle por una camisa con la leyenda Nicaragua, no tendrán ni un córdoba en su bolsillo.

Y si los empresarios decían a principios de 2020 que el turismo tardaría 10 años en recuperarse, con el impacto negativo del coronavirus en la economía local y global, el panorama ahora se vuelve más incierto.

Sacado de: www.despacho505.com

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