Nicaragua indefensa a las puertas de la pandemia

Mientras miles han optado por la auto-cuarentena frente a una inminente explosión del coronavirus, el gobierno invita a marchas, carnavales, excursiones a la playa y procesiones religiosas masivas.

Nicaragua vive en el reino del revés. Aunque todos los países de América ya han cerrado sus fronteras y tomado medidas extremas por el coronavirus, el gobierno de Daniel Ortega maneja con "normalidad” y total hermetismo sus planes frente a la epidemia que ya ha contagiado a más de un millón de personas en el mundo.

La vicepresidenta Rosario Murillo, esposa de Ortega, anunció 18 días de "vacaciones de Semana Santa” a partir de este viernes (03.04.2020) y la suspensión de clases hasta el 20 de abril, aunque no reveló qué medidas tomarán cuando los primeros infectados comiencen a desbordar los hospitales.

En entrevista con DW, el epidemiólogo Leonel Argüello opinó que el gobierno "actuó bien, porque al cerrar los centros escolares se disminuye el riesgo de contagio”. Sin embargo "actuó tarde, pues la etapa de mayor contagio ya ha comenzado”, se lamentó.

Argüello, quien durante la revolución de la década de 1980 estuvo al frente de importantes campañas de salud, desconoce hoy la estrategia oficial frente al COVID-19, marcada por un "secretismo extremo” y muchas contradicciones.

Sistema de salud convalece

Según proyecciones de los expertos, el coronavirus podría enfermar a medio millón de personas y matar a otras 48.000 en Nicaragua, el segundo país más empobrecido de América después de Haití y donde buena parte de la población no tiene acceso al agua potable.

"Hay mucha preocupación. Aquí no estamos preparados para este virus, que ha hecho colapsar a los mejores sistemas de salud del mundo”, comentó a DW el médico infectólogo Carlos Quant.

Mientras en Centroamérica el COVID-19 ha contagiado a más de 1.800 personas, el Ministerio de Salud (MINSA) de Nicaragua solo reporta un muerto, tres casos positivos y 12 "sospechosos” a quienes "vigila con sumo cuidado”. No obstante, el presidente del Parlamento y sindicalista de salud, Gustavo Porras, dijo que 12.000 nicaragüenses ingresaron al país recientemente y que "todos están bajo seguimiento”.

El sistema de salud de Nicaragua es uno de los más frágiles del mundo. Según datos no oficiales, existen menos de 6.000 camas repartidas entre los 42 hospitales del país. De acuerdo con el MINSA, 19 de estos hospitales "están listos y preparados” para enfrentar una avalancha de pacientes contagiados por el feroz coronavirus.

Las autoridades tienen centralizado el manejo de las pruebas de coronavirus y sus resultados. El MINSA tampoco ha revelado cuántos ventiladores hay en los hospitales, pero extraoficialmente se afirma que hay apenas160 y que no todos funcionan bien ni están disponibles.

El gran ausente

El presidente Ortega ha sido el gran ausente en esta crisis. No se le ha visto en actos oficiales desde hace tres semanas, y en medio de rumores sobre su estado de salud se anuncia que aparecerá pronto para decretar una cuarentena. Pero también esto es especulación.

"El presidente está sentado conduciendo cada uno de los procesos que nosotros, los que trabajamos para él, realizamos como un Estado en su conjunto”, declaró este viernes el vicecanciller Valdrac Jaenstchke.

El silencio ha permeado todos los aspectos de la crisis, afectando también a los médicos. "No tenemos información de cómo se está trabajando”, dijo el neumólogo Jorge Miranda. A su juicio, el gobierno debería realizar de 1.000 a 3.000 pruebas diarias de coronavirus, pero ese tema también es un misterio.

Ante la incertidumbre, miles de nicaragüenses han optado por autoaislarse en sus viviendas y han cerrado negocios en ciudades turísticas como Granada, León y Masaya, mientras el gobierno anunció la inauguración este fin de semana del "Plan Verano Amor" en un popular balneario del Pacífico, a través de anuncios que circulan profusamente en las redes sociales.

 "Yo no tengo una explicación racional, médica o científica de por qué el gobierno hace esto. Las personas no deben agruparse, pues cada una contagia a cuatro o más”, dijo el doctor Leonel Argüello.

Confirmó que el MINSA ha prohibido el uso de barbijos y guantes al personal de los hospitales públicos, porque eso "alarma” a los pacientes. "Hay un temor generalizado entre los trabajadores de salud y la población, porque el pánico se crea al esconder la información”, señaló el galeno.

"Estamos muy preocupados. Todas las medidas del gobierno van contra el protocolo de la la Organización Mundial de la Salud (OMS)”, destacó a su vez el doctor Quant.

 "Cada país a su manera"

También está inquieto el presidente Costa Rica, Carlos Alvarado, quien cuestionó las aglomeraciones callejeras promovidas por el gobierno de Ortega. En la vecina del sur viven más de 300.000 nicaragüenses, de ellos unos 60.000 exiliados tras la crisis política de 2018.

Consultado al respecto, el vicecanciller Valdrac Jaentschke le respondió que "nosotros hemos cumplido estrictamente lo que manda la OMS en cada fase de la epidemia”.

"Cada país tiene su manera de organizarse y esta fase no amerita medidas drásticas ni cierre de fronteras”, se defendió.

Según analistas, el gobierno buscaría evitar a toda costa un impacto sobre el empleo informal y un desplome de la economía, que aún no se recupera de la crisis derivada de las protestas contra Ortega en 2018 y que dejó pérdidas de casi 2.000 millones de dólares, especialmente en el turismo.

El secretario general del MINSA, Carlos Sáenz, ha reiterado que el gobierno quiere "mantener estable la actividad económica”, mientras el viceministro de Gobernación, Luis Cañas, preguntó: "¿Vamos a inmovilizar al país para evitar los efectos de la pandemia? Eso es discutible”.

"Ese ese argumento no tiene lógica, porque un pueblo enfermo no puede producir nada”, consideró el doctor Quant, para quien el pronóstico del coronavirus en Nicaragua es "simplemente terrible”.

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