Frente a la estrategia “kamikaze” del régimen de Daniel Ortega, ¿Qué hacer?

LA PRENSA

A mi modo de ver, las tres leyes que quiere implementar el régimen (condena perpetua, agentes extranjeros y ciberdelitos/mordaza) son tácticas para encubrir el vacío estratégico del régimen Ortega-Murillo que no tiene más que ofrecer a la población más que muerte y destrucción. La táctica sin estrategia es el ruido antes de la derrota.

La población en resistencia no se ha dejado cooptar por el régimen, mantiene su autonomía (lo que no quiere decir que nunca se equivoquen), no se han doblado ni ante los halagos ni ante la represión; es decir, demuestran que están en disposición de seguir su andadura de largo aliento.

Los luchadores en resistencia son los que pueden embarcarse en proyectos de nuevo tipo, audaces y hasta peligrosos, porque ya ganaron al seguir existiendo. Lo que no quiere decir que el régimen no pueda atacarlos y hasta promover genocidios por medio de la represión de los paramilitares y policías.

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En medio de esta tremenda tormenta, las estrategias de la oposición formal han mostrado sus limitaciones y estrecheces. Concentrarse en las luchas internas, sin estrategia para derrocar a la dictadura es el camino del fracaso porque legitima el orden que se pretende combatir.

Necesitamos resistir sin reproducir la misma cultura política. Cuando se proclama que la lucha es pacífica y no se promueve la guerra, se apunta hacia una política de nuevo tipo. Se resiste construyendo otra cultura política.

Frente a la estrategia “kamikaze” del régimen, ¿qué hacer? Hay que tomar conciencia que Ortega está más débil que nunca, acosado por las cinco crisis (económica, social, política, sanitaria e internacional), todas ellas sin resolución mientras permanezca en el poder la dictadura.

Por esa razón se debe promover en la reunión de la OEA (20 y 21 de octubre) una resolución sobre Nicaragua en la cual se ponga fechas concretas para la liberación de los presos políticos, el regreso de la CIDH, MESENI, GIEI y la Comisión de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

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A partir de esas condiciones se debe promover el regreso de los exiliados para diciembre 2020 con el fin de ayudar a cambiar la correlación de fuerzas sociales a favor de la oposición real o sea del movimiento de abril 2018.

Supongamos que la mitad de los exiliados regresen, serían aproximadamente unos 40 mil líderes de los barrios, de las comarcas, de los municipios y de los departamentos. Eso cambiaría completamente la correlación de fuerzas y sería el fin del régimen Ortega-Murillo.

Hay que reconocer que la actual correlación de fuerzas está a favor de Ortega-Murillo por el uso indiscriminado de la represión. Sin embargo, el regreso de los exiliados cambiará todo, incluyendo el apoyo del ejército.

Hay que tener claro que “los ejércitos son camaleónicos”. Por ejemplo, en Bolivia apoyaban a Evo Morales, al cambiar la correlación de fuerzas, lo dejaron de apoyar. Al cambiar la correlación de fuerzas cambiarán porque quieren conservar su institución, su profesión y sus pensiones.

Mientras Ortega tenga a su favor la correlación de fuerzas van a seguir apoyándolo, pero al cambiar esa correlación van a defender la Constitución, van a desarmar a los paramilitares, etcétera.

Ese cambio de la correlación de fuerzas sociales empujará, también, a favor de la unidad de la oposición real. Son los liderazgos locales, municipales y departamentales los que presionaran la unidad nacional. Todos los líderes de base tienen la misma consigna “que se vayan”.

La decisión de la Coalición Nacional/UNAB de continuar organizando a los municipios, a pesar de la represión, es una decisión estratégica correcta. En la base no hay división. En la conciencia colectiva de la población se mantiene el espíritu de abril “que se vayan”.

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Desde abril 2018 el objetivo estratégico del régimen ha sido derrotar y desaparecer al movimiento de protesta, sin embargo, se ha sobrevivido. Para la resistencia pacífica el concepto de victoria es continuar resistiendo. Ésa es la victoria del movimiento de abril 2018. La resistencia de la población es en sí una victoria estratégica.

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