Diputados eternos del FSLN en la Asamblea Nacional

El Parlamento de Nicaragua está dominado por el Frente Sandinista con 71 de 92 escaños. Casi la mitad de sus diputados han repetido más de dos periodos consecutivos, y un grupo selecto de ellos son legisladores desde 1997, acumulando 24 años en el cargo. A otros diputados, solo la muerte los ha separado de sus curules. Este es el top de los candidatos eternos del Parlamento sandinista
Redacción Abierta.

Cinco períodos y 24 años sentados en los curules de la Asamblea Nacional son la sumatoria de algunos diputados del Frente Sandinista, quienes en cada elección van en la papeleta como candidatos eternos en busca de la reelección. Personajes que se han atornillado en los cargos desde finales de 1990… Han sucedido verdaderos terremotos políticos, pero ellos siguen en sus curules. Mientras en otros países la experiencia de los años representa una característica de todo buen legislador, en Nicaragua representa la perseverancia obediencia a un solo hombre: el del presidente Daniel Ortega.

En una base de datos analizada por REDACCIÓN ABIERTA se calcula que cinco diputados del partido de gobierno llevan entre cinco y cuatro periodos consecutivos en la Asamblea. Once diputados acumulan tres periodos y 27, dos legislaturas. Al menos 43 diputados sandinistas de los 71 que conforman dicha bancada en la Asamblea han repetido más de dos veces el cargo. Para los analistas consultados, esto tiene más preocupación en el contexto de Nicaragua, donde se cuestiona el papel de los legisladores y se las tacha de que su única función es presionar, como autómatas, el botón de los curules. 

REDACCIÓN ABIERTA creó un listado con los parlamentarios sandinistas más longevos en sus cargos, todos miembros de un partido que no se caracteriza por su relevo generacional, sino por “reciclar” personajes que responden a todo lo que dicta Ortega desde su residencia en El Carmen. A juicio de exdiputados opositores y analistas políticos, se ha consolidado uno de los peores Parlamentos en la historia reciente de Nicaragua: se encuentra en un “estado tal de desnaturalización” que no le es útil a las necesidades de los nicaragüenses. Con todos los poderes del estado bajo su manga, el comandante Ortega tiene en este brazo la potestad de legislar lo que se le antoje. Se ha anulado por completo el balance de poder clave que debe tener un Parlamento.

El Frente Sandinista domina la Asamblea con 71 de 92 escaños. Para la comandante Dora María Téllez, una de las figuras históricas del sandinismo cuando era tan solo una guerrilla, la nueva oposición surgida tras las protestas de abril debe tener como prioridad posicionarse como mayoría en la Asamblea Nacional. Este órgano forma parte del andamiaje democrático. Según la Ley Orgánica de la Asamblea Nacional le compete la elección del Fiscal General, la de los miembros del Consejo Superior de la Contraloría General de la República y la del Procurador de derechos humanos. Así como proponer y aprobar leyes para el país.

Para el exdiputado José Pallais el ejemplo más palpable de la descomposición de la Asamblea está en la dinámica del hemiciclo. “Es una caja de resonancia de la voluntad del dictador”, asegura el exintegrante del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), quien ejerció como diputado en el período 2007-2012, cuando el Frente Sandinista no tenía todavía el control absoluto.

Por su parte, Enrique Saenz, exdiputado del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) –ahora Unamos– asegura que no es de sorprender que el Frente Sandinista no tenga relevo, porque ese partido solo ha tenido desde su fundación a un candidato a la presidencia. Todo gira en la figura del comandante y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo. 

“El FSLN no tiene nada más qué ofrecer”

Edwin Castro, jefe de bancada del Frente Sandinista, y principal operador político del régimen en el Parlamento | Redacción Abierta.

Las fotografías de Walmaro Gutiérrez, Edwin Castro y Wilfredo Navarro sobresalen en un viejo anuario de la Asamblea Nacional, elaborado entre 2002 y 2006. En ellas se constata el paso del tiempo. 

Un joven Walmaro posa sin ver directamente a la lente. De saco, corbata y anteojos sin marcos, parece un recién egresado de la carrera de Derecho. Llegó al parlamento bajo la bandera sandinista siete años después de graduarse como abogado de la Universidad Centroamericana en 1990. Él y Edwin Castro son los diputados que ya forman parte del inventario del edificio legislativo. En la hoja de vida de Gutiérrez se detalla su experiencia como docente y asesor de proyectos. Sus áreas de mayor interés, según el currículum de ese entonces, eran los asuntos jurídicos, la modernización del poder judicial, los asuntos económicos y la anticorrupción. 

Edwin Castro también posa con una sonrisa medio dibujada. La fotografía en blanco y negro de calidad media le acentúa su barba hoy casi inexistente. Se le ve más revitalizado que en el presente, donde en más de una ocasión se la ha encontrado dormido en su asiento durante las sesiones plenarias. La comandante Téllez asegura que Castro es quien “ejerce la tajona al resto de diputados por órdenes de Ortega-Murillo”. También es ahora más reconocido por su voz vociferante que por sus posgrados y estudios en Brasil. Una de las escenas que lo definen fue cuando él y el diputado Gustavo Porras regañaron públicamente a la diputada Loria Dixon, en febrero de 2017. El exabrupto ocurrió después que los legisladores recibieron una llamada. Porras obligó a Dixon a que se levantara de su asiento y le puso en el pecho un dedo acusador, mientras sostenía con su otra mano el celular. Todo indica que la legisladora no introdujo una iniciativa enviada por el gobierno.

Otra ficha clave para el Frente Sandinista también ya tenía su puesto para ese entonces. Wilfredo Navarro, el diputado tránsfuga del PLC no había dado su viraje camaleónico. Hoy es reconocido más por sus salidas de tono que por su hoja de vida. Detrás de su postura y su forma de hablar que muchos califican de “trozada” tiene una maestría en Administración de Empresa en el INCAE, fue catedrático de Derecho y Administración Pública y asesor presidencial en un período, así como ministro de trabajo y presidente de varias comisiones. “Como es un converso, su manejo es todavía más servil”, asegura Téllez.

El top de los candidatos eternos 

Hay diputados que optan por ser camaleones para sobrevivir en el Parlamento. El caso más claro es el de Wilfredo Navarro, antes liberal y ahora aliado del régimen Ortega-Murillo. Foto archivo | Redacción Abierta.

El top tres de diputados eternos los llenan estos personajes, que desde 1997 están en el puesto. Sus plazos se vencen en 2022, pero nadie sabe cuáles serán los candidatos del Frente Sandinista para los próximos comicios electorales marcados por una grave crisis política que hizo tambalear al régimen. 

Debajo de ellos hay otros más que, paulatinamente, se han eternizado en los curules. Una de ellas es Gladys de los Ángeles Báez, que acumula 37 años de carrera legislativa. Inició su historia política en los sindicatos de obreros y campesinos de Chontales y estuvo en varios movimientos sociales entre 1960 y 1980. A diferencia de los anteriores, las intervenciones de Báez son cada vez menos. Los asuntos económicos, políticos y jurídicos los suelen mirar y exponer los hombres más fieles a Ortega dentro del hemiciclo. 

Gustavo Porras acumula cuatro períodos desde 2002 y es uno de los principales operadores políticos del Frente como coordinador nacional del Frente Nacional de Trabajadores (FNT) desde 1996. Actualmente es el presidente de la Asamblea, cargo que tiene desde enero de 2017. Desde entonces, Porras recibe cada iniciativa de ley que envía el mandatario para su pronta aprobación y con apenas cambios. Como muestra, están las leyes punitivas que el régimen envío al parlamento entre octubre a diciembre de 2020, las cuales inhiben a opositores y censura a periodistas y activistas.

Al igual que él, Iris Marina Montenegro Blandón y José Santos Figueroa Aguilar acumulan cuatro períodos desde 2002. Los difuntos Tomás Borge Martínez y Santos René Núñez acumularon poco más de dos períodos desde 2002 y hasta sus fallecimientos en 2012 y 2016 respectivamente. La muerte fue la única que los separó de sus cargos. 

Benita del Carmen Arbizú Medina e Irma de Jesús Dávila Lazo son dos diputadas que también asumieron el cargo en 2002 y que en 2022 cumplirán tres períodos legislativos.

Esto por mencionar los que más tiempo llevan, pero dentro de las filas hay otros más que empezaron a “hacer carrera” en los últimos periodos. No obstante, carecen del protagonismo y la relevancia que a los más longevos se les ha delegado.

Para el exdiputado Saenz no hay relevo que resuelva la “degeneración” dentro de las filas del partido de gobierno. “Yo no veo que relevo o sin relevo el Frente pueda convertirse en una fuerza democrática que combata la corrupción. Lo único que puede ofrecer es más de lo mismo, o sea, lo que ha recetado en los últimos años”, sentencia.

Por su parte, el sociólogo Manuel Ortega Hegg asegura que el parlamento es uno de los organismos que requiere más experiencia mediante los diputados que hacen carrera tras varios períodos, pero esto establece “un tapón generacional que impide la llegada de diputados jóvenes”. El académico explica que una forma de resolverlo es establecer cuotas de jóvenes en los primeros lugares de las listas de los candidatos a diputados, o “trenzas” que incluyan a ambos segmentos. 

En la Asamblea prevalece la sumisión 

 

En sus últimas intervenciones Walmaro Gutiérrez ha utilizado las frases “debate parlamentario” y “se está discutiendo”, pero estas son características muy alejadas de la actual Asamblea. Ni el debate ni las discusiones forman parte de la agenda. Casi todas las iniciativas son enviadas por Ortega y aprobadas a lo inmediato, abusando del mecanismo de aprobación expedita y sin importar que su ambigüedad y uso sea para violar derechos humanos, o para crear una secretaria espacial, como recientemente se ha hecho.

“Es una Asamblea que no sirve para nada, no hay libre discusión de ideas, no ejerce control, sino que como todo el Estado ejerce una labor de protección de la dictadura, de ocultamiento. Es una que le cuesta una cantidad enorme de recursos y no le presta condiciones al pueblo”, explica Pallais. Según un informe de ejecución presupuestaria publicado por el Ministerio de Hacienda en 2020, la Asamblea Nacional le costó a los nicaragüenses 679.4 millones córdobas, una cantidad que para opositores como él no justifica la inoperancia de este organismo estatal. 

“Tenemos a uno de los peores parlamentos de Nicaragua en su historia reciente. Lo que le queda a los nicaragüenses es sustituir este modelo por uno que tenga un balance real, con pluralismo, debates e investigación”, afirma.

El sociólogo Manuel Ortega Hegg usa un término que ayuda a describir en una sola palabra el actual estado de la Asamblea: desnaturalización. “Por un lado, la normativa interna establece que los diputados representan a los partidos políticos en que corrieron y no a la población que los eligió; eso fortalece el poder de los caudillos que dominan esos partidos”, explica el académico que ve en el parlamento uno de los poderes más corroídos por el sistema que ha impuesto Ortega.

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