Daniel Ortega apuesta al juego completo

El actual nivel de represión es de tal magnitud que es difícil pensar que Ortega la desmonte sin obtener algún éxito parcial.
La Prensa

¿Cuáles son las opciones de Ortega?

Por su superioridad militar y las características de la actual coyuntura Ortega dispone de opciones para seguir en su inmovilismo político: manteniendo a los presos encarcelados, condenando a algunos presos a equis años de prisión o puede elevar la presión sin activar la violencia generalizada.

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El actual nivel de represión es de tal magnitud que es difícil pensar que Ortega la desmonte sin obtener algún éxito parcial. Y como es improbable que lo pueda obtener por la vía diplomática, opinamos que la opción del diálogo con los poderes fácticos es la vía más probable para obtener algún éxito coyuntural. Por medio del diálogo quiere degradar de forma sustancial la alternativa democrática verdadera.

No creo que Ortega opte por una ruptura total con la comunidad internacional, porque con ella es claro que Ortega puede perder ya sea a través de fuertes sanciones económicas, suspensión del CAFTA, bloqueo de préstamos internacionales, etcétera), pero no es claro lo que Ortega pueda ganar a parte del tiempo político, siempre quedará pendiente legitimar las votaciones de noviembre pasado.

En el 2022, Ortega espera que se produzca una mejor correlación de fuerzas en América Latina que permita la “paralización cerebral” de la OEA en su contra con la posibilidad de un cambio político en Brasil, Colombia, Costa Rica, Barbados y Haití.

¿Qué puede hacer la oposición real?

Hay dos planos, el militar y el político organizado. En el plano militar no veo ninguna acción de envergadura ni exitosa que obligue a Ortega a negociar como sucedió en los años ochenta del siglo XX. En el otro escenario, el político organizativo, las diversas plataformas llevan semanas intentando perfilar respuestas a la crisis, tratando de transmitir una voluntad unitaria. Es evidente que hay que elaborar una estrategia común de lucha contra la dictadura.

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Se trata de una situación asimétrica que dificulta los consensos. La oposición al interior del país está mucho más expuesta a las consecuencias de la represión lo que dificulta el trabajo organizativo. También, dentro de la oposición al interior hay visiones diferentes que hay que conciliar. Todo lo cual tomará tiempo.

La oposición en el exilio y la diáspora han hecho un trabajo muy bueno a nivel internacional manteniendo el tema de Nicaragua en la agenda de los países. Sin embargo, existen diferentes visiones de cómo continuar la labor política: un sector es favorable a presionar por sanciones más contundentes: sancionar al ejército, aplicar sanciones económicas, expulsión del sistema de pagos internacional SWIFT o eliminar a Nicaragua del CAFTA. Personalmente, veo muy difícil que EEUU o la Unión Europea actúen en esa dirección.

De llevarse a cabo cualquier de esas acciones, las consecuencias serían gravísimas no sólo para la dictadura, sino también para el gran capital y la población en general. De paso puede propiciar un mayor acercamiento a Irán, China y a Rusia, todo ello envuelto en un desentendimiento internacional.

El otro sector de la sociedad se opone a las sanciones económicas y siguen apoyando la solución de la crisis sociopolítica por la vía electoral. La construcción de una salida electoral exigirá un gran ejercicio pragmático de parte de Ortega y la oposición formal, el establecimiento de acuerdos que garanticen la transparencia electoral para solucionar el conflicto.

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El pecado original de alternativa electoral radica en la falta de voluntad de Ortega de abandonar el poder y su estrategia belicista. Hay que tener presente que en la lógica de Ortega se le hace difícil desorganizar a los paramilitares por temor a perder el poder. Por otro lado, Ortega conoce bien las debilidades del gran capital, esos temores que siempre trata de fomentar, o su animadversión al cambio no controlado por ellos. Ortega mantiene sepultada la diosa de paz por dios de la represión.

La cuestión que hay que tener en cuenta es que este juego no termina con sanciones desde el exterior. Ortega las espera, en cierta medida se ha preparado para asumirlas y tiene la determinación para soportarlas. Sin embargo, la prolongación de la crisis machucaría al ciudadano autoconvocado “común y corriente”, azotaría la escasa base social orteguista, y, por último, el tercero y cuarto círculo de poder sufrirían las consecuencias lo que golpearía a los pilares de sostenimiento de la dictadura, abriéndose una situación muy compleja. Son las razones por las cuales para Ortega es urgente entablar un “diálogo” controlado por él.

La estrategia de la oposición tiene que basarse en la promesa de la libertado de todos los presos políticos, en la promesa del regreso de los exiliados con garantías internacionales, en la promesa de la democracia, en la promesa de un futuro mejor, en la promesa de eliminar la represión y los paramilitares, en la promesa de eliminar lo trágico, la represión, la corrupción y la impunidad y la promesa de empoderar a los jóvenes y las mujeres en la política nacional.

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