Noticias NicaraguaPolíticaDatos duros de la realidad en Nicaragua: y ahora, ¿qué hacer?

Datos duros de la realidad en Nicaragua: y ahora, ¿qué hacer?

Tenemos que tomar en cuenta que la dictadura produce su propia subjetividad: produce vida cotidiana, afectos, expectativas y una manera de mirar la vida.

El hambre y la alimentación insuficiente tienen que estar en el centro del debate político en el 2022. Cada día es más frecuente que las familias de los desempleados, de los trabajadores informales, los pensionados y los trabajadores formales que ganan menos del costo de una canasta básica se queden ya sea sin desayuno, almuerzo o cena.

Las mayorías de los que comen menos de lo que deberían son familias que no tienen los ingresos suficientes para comprar mensualmente una canasta básica alimentaria de 23 productos, viven en la incertidumbre cotidiana sin saber qué y cuándo van a comer.

Según la FAO el nivel de inseguridad alimentaria alcanza el 19.3% de la población (equivalente a más de 2 millones de nicaragüenses), lo que nos indica que el hambre es una realidad en Nicaragua. La recesión económica y la pandemia (2018-2020) han vaciado los bolsillos y los estómagos de centenares de miles de nicaragüenses.

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El aumento de los hambrientos es un drama, Y una paradoja lacerante en un país con la capacidad de alimentaria a toda la población de Centroamérica, ya que posee tierra, agua y mano de obra.

Dado la galopante desigualdad, el hambre, el desempleo, y el precio de los productos de la canasta básica de alimentos la estrategia de la oposición tiene que empezar a concatenar reivindicaciones hasta desembocar en un estado de creciente indignación social para acelerar el proceso de implosión del régimen dictatorial.

Hay que tomar en cuenta

Tenemos que tomar en cuenta que la dictadura produce su propia subjetividad: produce vida cotidiana, afectos, expectativas y una manera de mirar la vida. Esto no es una “mentira” que se combate simplemente “diciendo la verdad” o arrancado de la ignorancia a la base social del orteguista.

Una dominación es un modo de vida que incorpora a los dominados, a quienes aspiran a cambiarlo, a transformarlo para hacerlo más justo; para lograrlo tenemos que partir de la composición social, cultural y afectiva realmente existente en la población, y NO de la que desearíamos o la que dicen los manuales.

Ningún orden social puede ser cambiado desde la exterioridad sin tomar en cuenta los problemas más sentidos de la población. Existe, eso sí, la posibilidad de construir un futuro postdictadura, pero se construirá necesariamente con límites y contradicciones, con las personas de la base social orteguista, a partir de las promesas incumplidas, pero también por el régimen de terror y miedo que han impuesto en la sociedad y que les afecta a ellos también.

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Si las transformaciones que proponen los autoconvocados no son “tabula rasa”, si el pluralismo democrático es un horizonte irrenunciable, entonces los autoconvocados han de asumir que incluso a la caída de la dictadura se va a heredar muchos elementos anteriores de lo que a menudo no se está dispuesto a asumir.

Sólo teniendo en cuenta esta realidad y asumirla podemos golpear uno de los pilares de la dictadura (la base social en las estructuras del Estado) y seducir no sólo a los sectores más movilizados, sino también a todos aquellos que, más temerosos o prudentes, no quieren un salto al vacío. Sólo así se tendrá la capacidad de articular una nueva mayoría que no ofenda a quienes antes han coqueteado o apoyado a la dictadura sino que los podamos integrarlos en un plano distinto, sin discriminación, en una propuesta superadora.

¿Qué podemos hacer?

Hay que publicar un documento-compromiso a la nación en el que la oposición real garantiza que al llegar al gobierno a los siguientes principios:

Aceptar la diversidad del país, sus contradicciones y su configuración histórica, tener en cuenta el pasado histórico, la cultura política tradicional y la sociedad realmente existente, a la que se le propone una idea, un programa de futuro creíble y atractivo.

Garantizar a poner límites al poder de unos pocos para hacer más segura, más libre y mejor la vida cotidiana de los nicaragüenses. Proponer una vida política democrática y equilibrar la balanza social para hacer las vidas más tranquilas y más felices. Endosar una política de género para llevar la igualdad a todos los rincones de la vida.

Apoyar un estado emprendedor que tome en cuenta las aspiraciones de los jóvenes y el tema ecológico para generar prosperidad y equidad. Respaldar una sociedad en la que depredación ecológica por el despale de los bosques, la contaminación de las aguas por la minería, el desgarre social y la ausencia de perspectivas sean superadas.

Tenemos que anclarnos firmemente en los problemas de la vida cotidiana y en el sentido común pero siendo radical y a la vez comprensible para la gran mayoría de la población. De esa manera, hacer una política propositiva, para poder pasar de una política defensiva a la ofensiva política, del inmovilismo político a la superación de la cultura política tradicional; lograr la transformación, a los ojos de la mayoría de la población, de ser opositor a gobernante.

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El reto es convertir la mayoría opositora del 7 de noviembre del 2021 en una mayoría ética-moral, en una voluntad general que reordene a Nicaragua para hacerla un país más justo, más equitativo, menos corrupto y de personas libres, para que la vida sea mejor. De esa manera comenzaremos a articular un contrapoder que aspire a ser gobierno.

No olvidar que juntos somos mayoría, juntos somos más fuertes para alcanzar el poder.

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