Mutación política

Las batallas culturales, sociales y políticas no se ganan para siempre. Por determinadas luchas y logros en el terreno de los derechos humanos, las sociedades se democratizan y así, son reivindicadas por sectores de la población, antes marginados y discriminados.

Pero tales avances no pueden darse por sentado de una vez y para siempre, ya que constantemente los adversarios de la sociedad abierta y democrática buscan cerrar el paso a la diversificación política y social.

A veces, algunos de los que lucharon por democratizar la sociedad sufren una mutación política y se transforman en figuras semejantes a las que combatieron.

Abandonan la vieja ideología política epidérmica cuando ya no le es funcional y se transforman en un personaje similar que combatieron en la fase inicial de su lucha política.

Muchos miembros de la política nacional se percataron, producto de la vieja cultura política tradicional, que podían despojarse de la piel que le había servido en una etapa, y a partir de la nueva coyuntura, le era inconveniente.

La mutación política es como el cambio de piel de una serpiente. Cuando el animal ha crecido, la vieja piel que estorba debe ser abandonada.

Expertos en el estudio de anfibios y reptiles señalan que la hembra es la que juega un rol dominante y muchas veces consume literalmente a su pareja.

En los ofidios, la capa epidérmica es abandonada como un manto viejo, pero conservando la forma externa estructural, lo cual hace pensar que esa persona piensa de igual manera que en la fase anterior.

La vieja camisa política-ideológica queda atrás como vestigio de una etapa, mientras emerge un animal político revestido de una nueva envoltura para justificar su metamorfosis.

Muchos de los políticos tradicionales (viejos y nuevos) son como las “hijas” que esconde una “matrioshka”, que se van apareciendo sucesivamente en los diferentes ciclos de su vida política.