PADRE DE NIÑO LANZADO DE PUENTE DESAFIÓ A LAS MARAS PARA ENCONTRAR A SU HIJO

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Las veces que el nicaragüense Juan Luis Escalante, de 41 años, entró a la colonia Jesús de la Buena Esperanza, de Guatemala, en busca de su hijo desaparecido, tenía que disimular su desesperación cuando lo interrogaban los mareros. “Hablé con un señor que conocía la colonia y me dijo: ‘Desde el puente se mira una casa abandonada, andate hasta abajo por el lado del río, porque por arriba no te dejan entrar los mareros y caele a esa casa tal vez lo tienen ahí’”, recuerda Escalante. A pesar de la advertencia del peligro que representaba llegar a la llamada “Casa Maldita”, famosa por los rituales de la pandilla predominante en la zona, la M-18, en el trayecto se topó con los mareros. “¿Qué hacés aquí?”, le preguntaron. “Tuve que mentir que andaba visitando una novia”, narra Escalante. Al siguiente día regresó al mismo lugar. “Ayer andabas aquí, hoy otra vez, te vamos a cobrar cinco quetzales (0.66 centavos de dólar) por cada grada que hayás bajado”, le dijeron los sujetos. Escalante valientemente les respondió que lo iban a ver más seguido, porque supuestamente ahí vivía su novia. Su hijo Ángel Ariel Escalante Pérez, nació hace 12 años en ese país, y cursaba el sexto grado de primaria en la escuela Carlos Benjamín Paiz Ayala, de donde desapareció a las 11:30 de la mañana del pasado 16 de junio. Ese día la maestra notó su ausencia, solo hallaron su mochila, su desaparición fue un misterio.

lanzado de puente

“Como padre no me podía esperar, insistí, lo busqué en centros comerciales y parques”, manifiesta Escalante. El caso ya estaba en manos de la Policía y la alerta Alba-Keneth, encargada en casos de sustracción o desaparición de niños o adolescentes. Cuando finalmente Juan Escalante volvió a ver a su hijo, dos días después de su desaparición, tenía sus ojos abiertos. “Le pregunté qué le había pasado, y dijo que había caído del puente y que no se acordaba”. El diario Prensa Libre de Guatemala informó que los vecinos de la colonia Jesús de la Buena Esperanza fueron los que alertaron a los cuerpos de socorro sobre el niño que fue hallado en una zona montosa. El portavoz de los Bomberos Municipales, Javier Soto, comunicó que el niño narró que los pandilleros lo tiraron del puente porque no quiso matar a un conductor de bus. “Mientras lo subíamos contó que pandilleros le preguntaron cómo prefería morir, descuartizado o que lo lanzaran del puente, el menor dijo que prefería que lo lanzaran”, narró Soto. Se calcula que el puente Belice, de donde lo lanzaron, tiene una altura aproximada de 125 metros.

Redada de mareros

Después de 17 días de batallar por su vida el infante se rindió a la muerte. Sus restos fueron traídos a Nicaragua (Somotillo), donde estudió su quinto grado de primaria el año pasado, pero este año regresó a Guatemala. Sus restos fueron recibidos por sus familiares en el puesto fronterizo de El Guasaule, en Chinandega. Junto a Juan Luis Escalante también vino su esposa Claribel Pérez y su hijo mayor de 14 años, y una de 8. También vino al país Francisco Vega Castillo, de 34 años, nicaragüense que tiene 12 años de radicar en Guatemala y quien tiene una amistad con Juan Escalante. Vega Castillo se sumó a la búsqueda del menor cuando estuvo desaparecido. “La delincuencia es fregada, no es cosa de jueguitos”, manifiesta Vega. Juan Escalante y su familia permanecen en el país y tiene conocimiento que después del hecho, las autoridades guatemaltecas habrían arrestado en esa colonia a 15 mareros, pero desconoce el avance de las investigaciones. El pequeño fue velado durante dos días y fue sepultado en el cementerio del municipio de Somotillo, a la par de su tío Genaro Carranza Escalante, quien fue asesinado en ese mismo país en el año 2007. Militina Escalante Cepeda, de 58 años, cuenta que iba a Guatemala a visitar a su hijo, nuera y nietos. En ocasiones estaba hasta 10 días de vacaciones. Aunque confiesa que siempre tuvo temor por la violencia que se vive en ese país. También ha sido testigo de que en Somotillo han regresado muchos nicaragüenses sin vida y teme por la vida de su hijo. Militina procreó 10 hijos y asegura que ante la falta de empleo, sus dos hijos se vieron obligados a irse a trabajar a ese país. “Si en mis manos estuviera que mi hijo no se fuera lo haría”, confiesa esta adolorida madre y abuela. Por ahora siente una relativa calma ya que su hijo y nietos están junto a ella, en su humilde casa de tejas y de ladrillos del barrio Las Colinas, de Somotillo. La incertidumbre regresará dentro de una semana cuando su hijo tenga que regresar a ese país y vivir con la zozobra de que nada malo le pase. Manifiesta que nunca antes había sido víctima de robos ni de amenazas de muerte. “Es cuestión de hacer un análisis, lo que pasó, pudo haber pasado a cualquier niño, no era nada personal, las maras agarran al que esté más a la vista para hacer sus fechorías, sin importar quién sea”. Escalante emigró hacia Guatemala en 1998 ante la falta de empleo. En Ciudad Guatemala labora en una ladrillería. Fuente: Periódico Hoy