Bolso saco, el accesorio de moda

Foto cortesía

El bolso saquito o la limosnera, como se conoce popularmente, es uno de esos accesorios que admite tantas posiciones como usos, aunque no siempre fue así.

Hasta hace muy poco era considerado un bolso exclusivamente de fiesta, a pesar de que en su origen, a finales del siglo XVIII, las damas de la alta sociedad nunca salían de casa sin él.

Fue la respuesta de la moda del momento a la estrechez de las nuevas siluetas y la llegada del corte imperio que dificultaron la tarea de acarrear sus objetos personales en bolsillos internos entre las enaguas y el miriñaque. Basta con recordar cualquier adaptación al cine de una novela de Jane Austen, desde Sentido y sensibilidad hasta Orgullo y prejuicio: tanto las hermanas Dashwood como las Bennet siempre aparecen con uno de esos bolsitos saco con cierre de cordones en la parte superior y esquinas cuadradas colgando de la muñeca. Y como ellas, cualquier otra heroína literaria de los siglos XVIII y XIX.

Por aquel entonces se denominaban 'ridículos' (por el tejido en red sobre el que se bordaban), con el tiempo evolucionaron a las formas redondas tipo bombonera e incorporaron cierres metálicos tipo monedero y a día de hoy se han convertido en el complemento perfecto de las que dominan las tendencias.

¿Por qué? Pues por los siguientes motivos:

- Es mucho más práctico de lo que parece a simple vista ya que, aunque pequeño, gracias a su forma de saco nos cabe el móvil, la cartera, las llaves, unos clínex y algo de maquillaje.

- Es súper versátil, porque aunque esté enjoyado y tenga lentejuelas, su forma le da un toque informal que combina tanto con un vestido de fiesta como con nuestros vaqueros preferidos, lo que también significa que podemos llevarlo todos los días.

Y si tiene el asa con el largo perfecto lo puedes llevar colgando del hombro o como bolso de mano.