Exiliados en España: “El régimen y la UNAN arruinaron mis metas y mis sueños”

Andrea Salablanca, 21 años, universitaria expulsada de la UNAN-Managua y acusada de incendiar el Arlen Siu.

La plataforma aliada https://www.despacho505.com/ recopiló una serie de testimonios de nicaragüenses que se encuentran exiliados en España, quienes huyeron de su patria, a consecuencia de la represión gubernamental desde abril del 2018 hasta la fecha.

Entre los estudiantes que el 7 de mayo de 2018 decidieron tomarse en Recinto Universitario Rubén Darío de la UNAN-Managua se encontraba Andrea Salablanca. Desde las primeras protestas, la joven había estado en las calles corriendo por su vida entre las balas y gases lacrimógenos que de forma indiscriminada disparaban policías y paramilitares contra los manifestantes, continuar en la lucha lo sintió como un deber.

“Yo soy o era estudiante de la UNAN-Managua de quinto año de la carrera de Ciencias Políticas y por mi perfil y porque me sentía comprometida como universitaria fue que me vi involucrada en la lucha que empezó en abril”, dice al exponer que por desafiar a la dictadura Ortega-Murillo está pagando un alto precio: exilio, soledad y un plan de vida frustrado.  

No me importa que haya sido expulsada de la universidad y que prácticamente arruinaron todas mis metas y sueños. Pero, no me doy por vencida y siento que la lucha sigue

Cuenta que sobrevivió al ataque armado a la UNAN-Managua, pero no a la mano de hierro de las autoridades universitarias contra todos aquellos que, como ella, se alzaron contra el orteguismo. Fue expulsada faltándole un semestre para concluir su carrera y le vetaron el derecho de ingresar a cualquier universidad pública del país, denuncia desde Madrid, España, donde todo para ella es incierto.

Las autoridades de la UNAN Managua acusaron a Andrea de participar en la quema del Centro de Desarrollo Infantil (CDI) Arlen Siu, de promover actos terroristas y participar en el supuesto golpe de Estado fallido contra el régimen Ortega – Murillo.

“Es que yo todavía no lo entiendo. Todavía no entiendo cómo fue que terminé siendo acusada de la destrucción del Arlen Siu, porque a ver, lo que salía en la carta (resolución) era que yo fui una de las personas que quemó el Arlen Siu y fui catalogada de terrorista y golpista. Entonces me parece absurda la expulsión”, cuestiona y culpa a las autoridades de la UNAN por lo que le toca vivir a sus 21 años: soledad, limitaciones económicas y mucha frustración. 

La experiencia aquí (España) no ha sido fácil, toca aprender a sobrevivir. Acostumbrarte a estar sola. Y esa es la verdad de las cosas: no va a ser fácil. Ni creo que nunca se pueda acostumbrar una persona al exilio

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EL EXILIO NO ES FÁCIL

“Es que realmente el exilio donde sea que estés nunca va a ser fácil para absolutamente nadie, porque no hay cómo estar en tu país con la comodidad de tu casa, de tu familia y la experiencia aquí no ha sido fácil, toca aprender a sobrevivir. A estar alejada de tu familia, acostumbrarte a estar sola. Y esa es la verdad de las cosas: no va a ser fácil. Ni creo que nunca se pueda acostumbrar una persona al exilio”, se lamenta Andrea.

Sus pesares son muchos: “No es bonito, pues aunque estés en otro país, que aunque sea del primer mundo siempre vas a ser un inmigrante y los inmigrantes no son tratados bien en todos los lugares. Y eso lo sabemos todos, las personas que están en Costa Rica, sabemos los que estamos en España, los que están en Estados Unidos, que siempre vamos a ser tratados como un inmigrante. El hecho de que te veas obligado a salir de tu país no es algo bonito y nunca va a ser algo bueno”, asegura.

¿Te arrepentís o creés que valió la pena sumarte a la rebelión cívica?

“Es una pregunta muy, muy complicada, porque tengo sentimientos encontrados. Sin embargo creo que sí valió la pena y lo va a seguir valiendo. No me importa que haya sido expulsada de la universidad y que prácticamente arruinaron todas mis metas y sueños. Pero, no me doy por vencida y siento que la lucha sigue y que en algún momento vamos a poder regresar a Nicaragua y ser libres realmente”.

MEMORIAS DE LAS TRINCHERAS

 Solo recuerdo a todos los chavalos corriendo, por ejemplo en la UNAN-Managua, cuando llegaba a ver a los que estaban atrincherados y los encontraba comiendo (sopa) maruchán o una galleta al día. Siempre estando alerta de que algo pasara en cualquier momento, con la paranoia de que algo iba a pasar. No se podía tener un momento de paz. Siempre estabas con miedo y si escuchabas un ruido, así fuera una  triquitraca, temías que se tratara de una bala… Era una situación de miedo y de tristeza al mismo tiempo.

Mi familia siempre me advirtió sobre los riesgos que implicaba involucrarme en una lucha desigual y me aconsejaban que no me metiera (en la protesta), que ellos también tenían miedo de lo que me pudiera pasar. Estaban llenos de temor. Y creo que todos estábamos igual, llenos de temor de lo que pudiera pasar.

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