ELEA VALLE: “FOTOGRAFÍAS DE MIS HIJOS ARMADOS SON UN MONTAJE”

Elea Valle, madre de los dos niños fallecidos en un enfrentamiento con el Ejército de Nicaragua el pasado 12 de noviembre del 2017, en la Cruz de Río Grande, dijo este martes que las fotografías difundidas donde aparecen sus hijos vestidos de uniforme militar y armados, son un montaje. En las fotografías, aparecen Yojeisel Elizabeth Pérez de 16 años de edad y Francisco Alexander Pérez de 12 años, vestidos de camuflaje y con fusiles AKA. La señora Elea, asegura que todo es un montaje pues el joven que aparece en la foto no es su hijo, y que las manos de la niña son más grandes. “Cómo no voy a conocer a mis hijos”, aseguró la mujer. “Mis hijos ahora salen con ropas de militar, ellos (La Policía) lo hacen para que yo me quede callada, pero nunca me callo, jamás yo sigo clamando. Eso es una mentira, los bárbaros, que como salen mis pobres niños y uno de ellos no es tampoco, y la niña con unas grandes manos que ni por cerca es así mi hija. El niño ni por cerca es mi niño. Quién no va a conocer uno a sus hijos. No es mi hijo el que sale ahí, eso es una mentira, cómo no voy a conocer yo a mis hijos. Yo lo que pido es que me los entreguen, qué es lo que esperan”, declaró la madre. Las declaraciones de Valle, se contrasta con las que dieron a medios de comunicación algunos productores de la comunidad San Pablo 22 de la Cruz de Río Grande que indicaron que los dos menores de edad andaban armados. “Todos andaban armados con fusiles AKA y pistolas fajadas” dijo Ricardo José Luna, mandador de la Finca El Destino, de la comunidad San Pablo 22. Otros habitantes del lugar también comentaron sobre este caso en entrevista al Nuevo Diario. “Ese caso es verdad, eso sucedió el 12 de noviembre, fue a las cinco de la mañana. Esto sorprendió a los habitantes de esta zona ya que aquí no se habían escuchado esas cosas (tiroteos) y realmente hubo seis muertos ahí en un enfrentamiento con el ejército y estas personas (del grupo) también andaban armadas y perecieron todos. Seis personas murieron, cuatro adultos, un menor de edad y una muchacha como de 16 años”, declaró Concepción de los Ángeles Linarte Quintero. Agregó “que la policía llegó y formó una pequeña directiva, en la que él fue incluido, junto al pastor de la iglesia evangélica, de nombre Ángel, y otros pobladores. Como unas doce personas formaron la directiva, y como a las tres de la tarde se retiró la policía y solo quedó la población civil que les dio sepultura”. Linarte asegura que la mamá de los menores, Elea Valle, llegó antes de las 6:00 de la tarde y hasta las 7:00 de la noche enterraron los cuerpos. “Ella estuvo presente a la hora que los enterramos”. Los seis cuerpos quedaron en una fosa abierta en los potreros de la finca de Heriberto Aráuz. El Nuevo Diario constató el 12 de enero que la tumba colectiva sigue tal como la dejaron los comunitarios la noche del 12 de noviembre; no había sido abierta para exhumar ningún cadáver. Richard Luna fue uno de los habitantes de San Pablo XXII que levantaron los cuerpos y los enterraron. “Aquí está ‘Colocho’, la mujer que era de ‘Colocho’, la cuñada de ‘Colocho’, está ‘El Charro’, está Aguilar y el chavalo que dicen que tenían 12 años y la muchacha de 16. Todos andaban armados con fusiles Ak, vestidos de pinto y con pistolas fajadas”, asegura el testigo. Asimismo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dictó medidas cautelares a favor de Valle. Por su parte, el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH), espera que el gobierno brinde la protección necesaria a Valle.

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