ESTA NOCHE EN MANAGUA JUEGO BOER Y RIVAS

No hay deporte más propenso a la distorsión de las imágenes que el beisbol. La supuesta realidad se estrella constantemente contra la pared del nada es cierto, y es lo que está ocurriendo en esta serie final entre Indios y Gigantes por el banderín de nuestro beisbol profesional. Hasta hoy, después de tres duelos, pese a lograr una victoria a base de arañazos, zigzagueando angustiosa y desesperadamente en un campo minado con complicaciones por explotar, este Rivas asustado no tiene nada que ver con el equipo impetuoso que cerró la liga arrasando con sus oponentes. CÁLCULOS FALLIDOS ¿Se enfrió viendo batallar dramáticamente a los Indios con los Tigres en busca del boleto a la final? Eso parece. Con sus escopetas listas y suficiente pólvora en los bates, frente a un equipo sin abridores disponibles para los dos primeros juegos, el favoritismo del Rivas no admitía discusión. Cierto, sobre todo en beisbol, no se le puede poner sello a ninguna consideración previa, pero tampoco se pueden tirar por la ventana los antecedentes, las cifras y los nombres. Sería tonto, o más allá, una torpeza. Hay tantos equipos, aún en niveles superiores de competencia que de pronto se ven tan cojos y tuertos como este Rivas. Algunos, como los Dodgers del 66, los Atléticos del 88 o los Tigres del 2012 barridos por los Gigantes, mueren sin gemir. ¿Qué se esperaba en el primer juego con Diego Sandino haciéndole frente a José Escalona y el bateo sureño, fortalecido con Wuilliam Vásquez en plan de destrucción? Que el Bóer no tuviera oportunidad de forzar un resultado imprevisto, solo producto de un accionar épico. Pero el maltrecho pitcheo indio encontró un soporte inesperado en Darrel Leiva, su bateo de la zona alta funcionó y Juan Carlos Ramírez entró al remate para triunfar 5-3, al naufragar Carlos Estrella por Rivas. OTRO GOLPE EN LA QUIJADA ¿Y en el segundo duelo? Alexis Candelario se veía más grande que Gustavo Martínez, pero víctima de constante acoso, explotó en el sexto. Mesa tuvo que utilizar a cinco relevistas mientras el partido se alargaba a 13 entradas, hasta ser resuelto por el jonrón de Campusano, agradeciendo Colina el largo relevo efectivo de Paul Estrada. ¿Cómo podía pretender ganar el Rivas si los bateadores del corazón de su line-up fueron atornillados a 17-0, algo catastrófico? Tratando de evitar dormir con la soga al cuello, Rivas utilizó a Frank del Valle para retar al ganador de la triple corona del pitcheo, Rodney Rodríguez. El equipo sureño saltó a su patio en busca de una señal de resurgimiento y logró la victoria 2-1, pero aprovechando dos errores, nuevamente sin el bate de Yurendel de Caster, su fiera frente al plato, limitado a un hit en 11 turnos, sin impresionar. Se festejó sobrevivir, no resurgir. Esta noche en Managua, frente a la presión que garantiza una multitud próxima o superior a los 15 mil, Rivas necesita urgentemente crecer para ofrecer una demostración de revitalización. Quedar atrás 1-3 cojeando y con un ojo cerrado, sería gravísimo. Luchando con el insomnio, Germán Mesa sigue con los dedos cruzados entre la incertidumbre. Abre por Rivas Jonathan Aristill, el cuarto mejor pitcher en efectividad de la liga, pero Wilton López estará en la acera de enfrente, la peor noticia, con un agregado macabro, Juan Carlos Ramírez detrás. Lo siento Germán, vas a tener que rezar hoy.

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