Vinícius cambia la suerte del Madrid

El brasileño cambia a los blancos frente a un gran Valladolid que rozó la sorpresa
Foto/Marca

Vinícius tiene estrella. Tiró una diagonal eléctrica y buscó una especie de centro duro o remate abierto, quién sabe. El caso es que su tiro golpeó en la espalda de Kiko Oliva, que se había marcado un partido soberano junto a Calero, desvió contra su portería. Todo el buen trabajo del Valladolid se fue al garete por el descaro de un chaval brasileño llegado para cambiar la cara al Madrid.

De momento, aporta lo que no ofrece el resto: verticalidad y alegría. Como la que empleó para activar a Benzema en el origen del penalti. Normal que el Bernabéu pidiera que lo lanzara el 28. Lo hizo Ramos, pitado por su propia hinchada. Y marcó con clase y aplomo. La veteranía también es un grado en tiempos de penurias.

Aunque parezca un detalle menor, la tabla mostraba antes de empezar dónde estaba cada cual. El Madrid, noveno y depre, y el Valladolid, embalado en el sexto lugar, medían sus inercias en un punto clave de la temporada, tras el varapalo del Camp Nou. Tal vez por el efecto destitución el Bernabéu dio un voto de confianza a su equipo, salvo la grada de animación, que estuvo muda diez minutos en protesta por la paliza de Barcelona.

No salió mal el equipo de Solari, con Asensio recostado en la izquierda y Bale partiendo de derecha para dejar a Benzema arriba. La asociación de Marco con Karim en el minuto 4, al espacio, pudo cambiar el rumbo, pero el remate cruzado del francés se marchó junto al palo.

El balear fue el gran beneficiado del duelo de Melilla junto a Reguilón, pero no tuvo la libertad de acción que disfrutó en Copa y bien que lo sintió. También se mantuvo en el once Reguilón, que a la postre fue la mejor noticia de un discretísimo primer tiempo blanco. Sus centros siempre llevaron veneno. Bale cabeceó dos sin suerte. Y ya. Pocas noticias hubo más del Madrid por culpa del Pucela, tan firme con balón como sin él. Tiene mucho mérito el bloque que ha construido Sergio, en gran parte superviviente del ascenso. Calero, Alcaraz, Nacho... Buenos futbolistas, con calidad y sacrifficio, que desataron la bronca en el Bernabéu.

Porque después de media hora correcta, con dominio del balón pero sin profundidad, el Madrid se quedó sin gasolina y sin pelota, así que los blanquivioletas se vinieron arriba. Antoñito se plantó solo ante Courtois tras un gran balón filtrado por Leo Suárez. Picó arriba. Toni Villa recibió cómo en el área, con la defensa blanca estática, y cruzó fuera. Pitos. Y en una mala salida blanca Unal cabeceó desde cerca fuera. Bronca al descanso.

Corrigió en la caseta Solari y mandó a los laterales aún nás arriba, destapando la cobertura. Produjo unos minutos buenos, intensos, con Reguilón como un puñal. Pudo marcar Casemiro con un disparo colocado que sacó ágil Masip. Y el córner de Kroos conectó con Bale, pero el giro de cuello no le alcanzó para cruzar el remate. Entró Isco, en teoría para aclarar ideas entre líneas, pero ocurrió que con Kroos en el pivote el Madrid se partió del todo. Los medios pucelanos recibieron con tiempo, buscaron primero la hygada directa y después el disparo lejano. Y lo hicieron como cañones. Primero Alcaraz y después Toni Villa levantaron el periscopio desde 30 metros y largaron dos remates secos, en parábola, que se estrellaron en el larguero. Conste que entre uno y otro Courtois evitó el 0-1 con una mano estupenda a Toni VIlla, infiltrado por el medio y habilitado por Leo Suárez.

No hubo más cuartelillo. Bale y Asensio fueron relevados entre protestas, y Vinícius se llevó la mejor ovación de la tarde. Quizá demandara más minutos que ese cuarto de hora largo tras lo visto en Copa. También movió la banca Sergio, que recurrió a Verde y Oscar Plano para rematar la faena. Se encontró con la explosión del brasileño, que convirtió un equipo melancólico en un festival de colores.

Por derecha, por el centro, en vertical, siempre buscando el gol. Lo que hace falta ahora. Así llegó el 2-0, excesivo para los méritos blancos, y cruel para los blanquivioletas. La ovación del Bernabéu al acabar premia a un Valladolid estupendo, orgullo de sus seguidores.

Por José María Rodríguez