El gobierno, el capital y los salarios

La lógica es la misma que ha definido a los empresarios nicaragüenses desde el siglo XIX: con la alianza con el gobierno de turno yo controlo al mundo subalterno.
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 Oscar-René Vargas / 13 de enero de 2021.

1.    Al finalizar el año 2020, el salario mínimo más alto es en la construcción, el sistema financiero y seguro con C$ 9,542.40 córdobas mensuales. El salario más bajo son el sector agropecuario con C$ 4,286.33 córdobas y los trabajadores de la micro y pequeña industria y el sector turismo con C$ 4,605.42 córdobas mensuales. Todos los sectores reciben un salario mínimo por debajo del costo de la canasta básica que se ubica en los C$ 15.0 mil córdobas mensuales.

2.    El régimen Ortega-Murillo y sus aliados del gran capital han hecho del fetiche de los salarios bajos el instrumento central para atraer inversiones del extranjero.

3.    Hay que desmitologizar el argumento que son exclusivamente los salarios bajos lo que anima a los inversionistas del mundo a traer sus plantas de producción a los países de bajos salarios. Si este fuera el caso, Nicaragua, donde los asalariados son los más bajos de Centroamérica, debería concentrar las mayores inversiones de la región.

4.    Los salarios pueden aumentar perfectamente sin afectar la rentabilidad del país. Incluso, pueden ayudar a mejorar su competitividad. La razón es sencilla y compleja a la vez. El factor que decide si un país resulta o no atractivo al capital global es algo mucho más intrincado que el índice salarial. Ese algo se llama: productividad y capital humano.

5.    La productividad es un fenómeno altamente complejo que se compone de una multiplicidad de factores: calificación de la mano de obra, conectividad de procesos, ductilidad de la red de transporte, infraestructura, facilidades (o dificultades) legales, condiciones de seguridad, etcétera. Pero, sobre todo: altos grados de eficacia de las élites empresariales que articulan todos los procesos.

6.    Nicaragua debiera de implementar una política relativamente visible: a más productividad y mayor calificación, mejores salarios. De tal manera que el aumento de los salarios no sólo no impacta negativamente su competitividad, sino que, de manera paradójica, la incrementa.

7.    El hoyo negro de la sociedad nicaragüense se encuentra no en el mundo del trabajo, sino en su polo opuesto: la conjunción de una élite política en alianza con el gran capital que hoy gobierna el país sobre la base de sacrificar todas las condiciones de seguridad laboral, y una élite empresarial que tienen la lógica de obtener ganancias extraordinarias en el corto plazo, con bajos salarios y poca o nula inversión en bienes de capital.

8.    Empresarios que obtienen asombrosos márgenes de utilidad no sobre el principio de producción de riqueza e incremento de la productividad, sino sobre la base de garantizar la más penosa de las pobrezas a los asalariados: la pobreza laboral. Aquella que no tiene ninguna razón de existir.

9.    El obstáculo central a este cambio, que es el punto nodal, es ese complejo de alianzas entre un empresariado dedicado a la prevaricación y una franja política del partido de gobierno, dedicada a vender sus servicios al capital extranjero no como un agente de modernización, sino como una suerte de dique de contención a los salarios reales.

10.    La lógica es la misma que ha definido a los empresarios nicaragüenses desde el siglo XIX: con la alianza con el gobierno de turno yo controlo al mundo subalterno (a los trabajadores y a pueblo pobre), y me quedo con la riqueza generada.

11.    Entre 2007-2017, el desarrollo económico nacional ha ido a parar de forma desproporcionada a un pequeño grupo que está en la cima y eso ha hecho que decenas de miles de personas de clase media y trabajadora se sientan atrapados, frustrados, traicionados y empobrecidos.

12.    Entre 2007 y 2020, el partido orteguista se convirtió en una organización mucho más conservadora, apoyándose en una alianza con los intereses empresariales de la nueva y vieja oligarquía y la burguesía tradicional y una masa social menos próspera, pobre y menos educada. Es evidente que los líderes orteguistas no saben cómo ganarse la lealtad de su base social sin recurrir a los métodos del clientelismo político o el miedo a través de la represión.

13.    El discurso del odio, las teorías de la conspiración y las mentiras han sido capaces de empujar a los paramilitares y policías a la acción/represión contra los ciudadanos que están en desacuerdo con la dictadura.

14.    El fracaso de la gestión del régimen no es solamente el fruto de un dictador aberrante, sino también la propagación del discurso del odio, la creciente desigualdad y pobreza y la desilusión de la población hacia el gobierno.

15.    Sin unidad y presión popular, no pasará nada y el dictador se robará otra vez las elecciones. Es un error fatal esperar una ayuda efectiva y contundente desde los poderes fácticos externos (Estados Unidos, Unión Europea, OEA, etcétera). Con ese panorama desolador de represión y silencio, de complicidad y contubernio con el gran capital y los partidos zancudos; Nicaragua y su drama va a ser fácilmente olvidado.

16.    Las tareas pendientes más importantes que tiene el país son: lograr una economía equitativa, instituciones democráticas, justicia social, mayor consenso, mejores salarios, más empleo, menos corrupción e impunidad, tardarán mucho tiempo en culminar si el régimen Ortega-Murillo logra superar la crisis política.

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