Despiadado y feroz: los escandalosos casos de Marty Singer, el temible abogado de las estrellas

Travolta, Stallone, Joaquin Phoenix, Schwarzenegger, Charlie Sheen, Sharon Stone, Oprah Winfrey, Scarlett Johanssen, Matt Damon, Jim Carrey, Jeff Bezos... Es el abogado que buscan las grandes figuras y el que temen los estudios. Su especialidad es “matar las noticias”. Sus oscuros métodos, los casos más insólitos y su única derrota

William Friedkin, el director de El Exorcista, declaró: “Sólo hay dos palabras que instalan el pánico en el corazón de los estudios cinematográficos y sus directivos, dos palabras que los hacen temblar y ensuciarse sus calzoncillos: Marty Singer”.

Nunca ningún estudio de Hollywood logró reunir tantos grandes nombres bajo su ala. Una larga lista no taxativa: John Travolta, Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Scarlet Johanssen, Charlie Sheen, Harrison Ford, Michael Jackson, Oprah Winfrey, Tom Hanks, Britney Spears, Naomi Campbell, Jim Carrey, Kevin Costner, Matt Damon, Celine Dion, Jamie Foxx, Justin Timberlake, Brendan Fraser, James Gandolfini, Anthony Hopkins, Alicia Keys, Katy Perry, Joaquin Phoenix, Adam Sandler, Steve Bing, Martin Scorsese, Jerry Bruckheimer, Kiefer Sutherland, Whitney Houston, Eddie Murphy, Jean-Claude Van Damme o Simon Cowell. A ese listado se pueden sumar deportistas como Dennis Rodman y Serena Williams, o a un multimillonario como George Soros o Jeff Bezos.

                         

Estos son algunos de los clientes que representó Marty Singer, el abogado de las estrellas.

Singer es temido y respetado por sus rivales. Lo rodea un aura de invencibilidad. Cada vez que algún medio, empresa o abogado debe enfrentarlo se instala en ellos el temor. Y eso es lo peor que pueden hacer frente a él, mostrarse vulnerables. Se torna implacable cuando presiente debilidad.

                          

Es alto y tiene un evidente sobrepeso. Anteojos gruesos, una papada abultada que dificulta que cierren los cuellos de sus camisas y una mirada anodina. Viste siempre carísimos trajes a medida, camisas de seda con monograma y corbatas italianas, pero la ropa no luce en él. La lleva sin gracia. Su fisonomía no es la de alguien rapaz, parece el alumno más aplicado del curso, el que no va a deparar sorpresas, del que sólo se espera corrección y medios tonos.

“Marty es feroz e inclemente”, dijo de Sylvester Stallone. Las estrellas lo aman. Muchos dicen que sus intervenciones le salvaron la vida. Podría tratarse de una exageración teniendo en cuenta la extraña fascinación que sienten los actores de todo el mundo respecto a los abogados.

Hace unos años le dieron el premio al mejor abogado de Hollywood. Esas suelen ser veladas aburridas, en la que señores mayores y muy formales se cruzan halagos. En la ocasión en que Marty fue premiado, el salón estuvo repleto de celebridades que tomaron el micrófono y expresaron su admiración y gratitud hacia el abogado.

Sharon Stone dijo de Singer, tratando de destacar las habilidades de su abogado, que era como el Mike Tyson que le mordió la oreja a Holyfield

Su madre, una polaca sobreviviente de los campos de concentración nazis, le transmitió la capacidad de lucha y la obstinación; su padre un comerciante también nacido en Europa Oriental la visión de los negocios. Martin Dori Singer se recibió muy joven y desde su Brooklyn natal decidió trasladarse a la Costa Oeste. Encontró un nuevo mundo. Sol, diversión, estrellas del cine y la música. Mientras el resto de sus colegas se marchaban de la oficina apenas se cumplía su horario, Marty permanecía en el escritorio trabajando y estudiando.

Se fue ganando un nombre con un curioso método. Él tomaba los casos que los grandes estudios de abogados desechaban. Nada le parecía poca cosa, nada se le presentaba como imposible. Así fue forjando su fama de implacable y sanguinario.

Es curioso. Los grandes medios gráficos de Estados Unidos, en los perfiles que le dedican, aluden a él como a un “perro”. Le dedican metáforas caninos: rottweiller, doberman, etc. Pero sus antecedentes nos hacen pensar en un animal más feroz, imposible de domesticar.

Otra analogía fallida es la que le dedicó Sharon Stone. Tratando de destacar las habilidades de su abogado lo comparó con el Mike Tyson que le mordió la oreja a Holyfield. Nada que ver. Singer se parece más al Tyson joven, al de una década antes de ese episodio. Al inclemente, al que siempre iba para delante, al inexpugnable, al que derruía rivales en el primer round. No a ese superado por el contrincante, fuera de control (nunca nadie vio a Singer fuera de control: ni siquiera en uno de sus habituales ataques de furia) e impotente que arranca una oreja de un mordisco. Aunque, se deba reconocer, que Marty Singer es capaz de arrancar varias partes del cuerpo de una mordisco (legal) y algunas mucha más sensibles y queridas que el lóbulo de una oreja.

Su madre, una polaca sobreviviente de los campos de concentración nazis, le transmitió la capacidad de lucha y la obstinación; su padre un comerciante también nacido en Europa Oriental la visión de los negocios. Martin Dori Singer se recibió muy joven y desde su Brooklyn natal decidió trasladarse a la Costa Oeste. Encontró un nuevo mundo. Sol, diversión, estrellas del cine y la música. Mientras el resto de sus colegas se marchaban de la oficina apenas se cumplía su horario, Marty permanecía en el escritorio trabajando y estudiando.

Se fue ganando un nombre con un curioso método. Él tomaba los casos que los grandes estudios de abogados desechaban. Nada le parecía poca cosa, nada se le presentaba como imposible. Así fue forjando su fama de implacable y sanguinario.

Es curioso. Los grandes medios gráficos de Estados Unidos, en los perfiles que le dedican, aluden a él como a un “perro”. Le dedican metáforas caninos: rottweiller, doberman, etc. Pero sus antecedentes nos hacen pensar en un animal más feroz, imposible de domesticar.

Otra analogía fallida es la que le dedicó Sharon Stone. Tratando de destacar las habilidades de su abogado lo comparó con el Mike Tyson que le mordió la oreja a Holyfield. Nada que ver. Singer se parece más al Tyson joven, al de una década antes de ese episodio. Al inclemente, al que siempre iba para delante, al inexpugnable, al que derruía rivales en el primer round. No a ese superado por el contrincante, fuera de control (nunca nadie vio a Singer fuera de control: ni siquiera en uno de sus habituales ataques de furia) e impotente que arranca una oreja de un mordisco. Aunque, se deba reconocer, que Marty Singer es capaz de arrancar varias partes del cuerpo de una mordisco (legal) y algunas mucha más sensibles y queridas que el lóbulo de una oreja.

Una de las mayores habilidades profesionales de Singer, la que lo distingue, en la que nadie lo supera es en algo que también es invención suya: “Matar las noticias”. Lograr que una noticia incriminatoria, perjudicial o negativa sobre uno de sus clientes no sea publicada. Para conseguir eso utiliza los métodos más diversos. La persuasión, la amenaza, la extorsión, el trueque. Se convierte en el hombre de las mil caras. Pasa de la amabilidad a la furia en cuestión de segundos.

Sus cartas (especie de cartas documento de nuestro sistema legal) que envía a redacciones y canales de televisión amenazando con una tormenta legal en caso de que se difunda lo que él no quiere son legendarias y circulan por todo Hollywood. Una especie de Síndrome de Estocolmo aqueja a los periodistas que en los perfiles que escriben sobre él no pueden dejar de maravillarse de estas cartas amenazadoras firmadas por Singer que suelen recibir ellos mismos.

Pero claro, el talento no sólo reside en esa pluma afilada (juran que las cartas las escribe él mismo: que disfruta amedrentando rivales, encontrando nuevos sinónimos para asustarlos) sino en su capacidad para luego llevar a la práctica sus amenazas. Para combatir en un juicio y someter a la otra parte ante los jueces. Jueces que muchas veces se muestran deslumbrados ante la fama y la leyenda de Singer.

En un pleito contra Warner, el abogado del estudio terminó su alegato reservándose 5 minutos finales para responder en caso que “el Dr. Singer diga algo escandaloso o infamante en su presentación”. El juez, entonces, se dirigió a Marty: “¿Usted alguna vez dijo algo infamante, Dr. Singer?”. “Nunca ante un tribunal, Su Señoría”, respondió Marty Singer.

Schwarzenegger lo contrató después de que él y su estudio fueran humillados en una demanda que el actor había iniciado contra un fotógrafo que usó su imagen como fisicoculturista

No sólo “mata las noticias”. En algunos casos permuta que esa noticia no se publique a cambio de una exclusiva con el artista. A veces no puede evitar que aparezcan artículos negativos para sus clientes pero sí logra morigerarlos, transformarlas, atrasarlas o al menos sacarlos de las portadas o cambiarles el título. Todo sirve.

Muchos de sus colegas tienen sentimientos contradictorios hacia él. Lo admiran, le temen y lo odian a la vez. Uno de ellos dijo: “No me gusta Marty Singer. Porque yo quiero ser Marty Singer”.

Tal vez, lo que mejor hable de su capacidad es que los derrotados por él, frente al siguiente problema jurídico con el que se topan salen corriendo a contratarlo.

Así llegó, por ejemplo, Arnold Schwarzenegger a ser uno de sus clientes, luego que lo humillara a él y al carísimo equipo de abogados contratados, en una contienda que creyeron ganada de antemano. Decidió asistir a un fotógrafo que era demandado por la inclusión en un calendario de una foto Arnold en su época de fisicoculturista. Un tema muy menor que le trajo un cliente enorme: Schwarzenegger luego le abrió también el mundo de la política cuando fue gobernador de California.

Fue abogado del medallista olímpico Shaun White cuando el sitio TMZ amenazó publicar fotos "TripleX" del campeón teniendo sexo con una chica

Para que se entienda su modus operandi, su capacidad hay que entrar en lo casuístico. Shaun White, es un medallista olímpico, un joven campeón de snowboard que llegó a la tapa de la Rolling Stone. Cuando comenzaron a circular fotos de él teniendo sexo con una chica contrató de inmediato a Singer.

El sitio TMZ (el mayor de noticias del espectáculo y chimentos del mundo) tenía las imágenes y pensaba publicarlas con el título de “Las fotos Triple X de Shaun White”. La amenaza del abogado, el ardid que encontró, fue que era difamación porque en esas fotos no había penetración por lo que jurídicamente no eran Triple X.

Quentin Tarantino demandó al guionista Alan Ball porque sus pájaros no lo dejaban concentrarse. Gracias a Singer ganó el pelito entre vecinos

Otra caso: se adjudicó los méritos de los premios que Quentin Tarantino está ganando por el guión de Érase una vez en Hollywood por un pleito que entabló (y ganó) contra Alan Ball, otro guionista ganador del Oscar por Belleza Americana y creador de Six Feet Under. Tarantino se quejaba de que no podía trabajar porque las cotorras y otras aves que Ball tenía en su casa no lo dejaban concentrar en la escritura. Tarantino, gracias a la intervención de Singer triunfó en ese caso de problemas de vecindad.

Un último ejemplo: Jean Claude Van Damme fue conminado por un juez a presentar ante los estrados una documentación que obraba en su poder. Pero el juez lo eximió de esa obligación luego de que Singer alegara que la caja fuerte en que guardaba esos importantes papeles había salido volando en medio de uno de los terremotos de Los Ángeles y nunca la habían podido recuperar.

También logró instalar frases que luego se convertirían en latiguillos y serían repetidas por la prensa y los programas humorísticos. En 1997 Eddie Murphy fue detenido por la policía tras haber levantado una travesti por la calle. Era de madrugada. Singer atendió el teléfono, se vistió y logró que el cómico quedara libre en cuestión de minutos. El argumento legal: “Eddie Murphy sólo la subió para acercarla a su casa, es un buen samaritano: nunca pretendió pagar por sus servicios profesionales. ¿O acaso alguien cuenta con alguna prueba que niegue esa afirmación?”. El mote de buen samaritano persiguió a ambos un buen tiempo

 

Paige Butcher y Eddie Murphy en los Golden Globe. El actor eligió a Singer cuando fue detenido junto a una travesti en su auto

En otros casos de filtraciones masivas de material íntimo, la manera que encontró de frenar que se siguieran esparciendo fue atacando a los gigantes de Internet, culpándolos de ser partícipes necesarios de la difusión. Y apelando ya no al derecho a la intimidad sino al copyright y al derecho de imagen.

A través de una argucia legal, logró que muchos de sus representados se ahorraran millones de dólares en pagos a sus representantes. Encontró una vieja ley del estado de California que establecía que un manager debía estar inscripto en un registro público para tener derecho a cobrar por su trabajo. Como la gran mayoría no lo estaba, porque casi nadie conocía la antigua norma, Singer logró que los tribunales fallaran en favor de sus clientes. Que se trate de uno de los abogados que más caro cobre la hora (alrededor de 1.000 dólares) y que mayor porcentaje se lleva de los acuerdos finales no parece importarle a quienes lo contratan. Saben que con él ganarán más.

Una de sus mayores virtudes fue ir entendiendo los nuevos tiempos e ir actualizándose al ritmo de las innovaciones tecnológicas. Comprender que ya no todo pasaba por los diarios y las revistas. Sin embargo sus métodos aplaudidos hasta hace un par de años, colisionan en la actualidad con las nuevas conciencias, con el cambio de paradigma. Ante una denuncia que afectaba a alguna de las estrellas que él representaba, Singer salía a atacar a la víctima. Por lo general antes de comenzar la defensa de los hechos, de alegar algo en contra de las acusaciones, presentaba una contra demanda por difamación.

Se sabe que los delitos sexuales son de prueba muy difícil porque muchas veces no dejan secuelas físicas, porque se producen en la intimidad y porque muchas veces hay un desequilibrio importante de fuerzas. Singer enseguida convertía a la víctima en victimario. Sin piedad, no dudaba en denigrarla, cubrirla de sospechas, investigar su vida pasada. Eso que antes era tolerado y hasta aplaudido ahora es inaceptable. Él supo acomodarse a los nuevos tiempos.

                       Bill Cosby fue sentenciado de 3 a 10 años en prisión por abuso sexual 

Su gran derrota, tal vez la única pública y que hizo peligrar la fama ganada fue por representar a Bill Cosby. El cómico recibió un aluvión de terribles denuncias por abuso sexual en su contra. Cuando llegaron las primeras, más de una década atrás, Singer logró aplacar la situación, paliar la tormenta, aminorar los daños. Entrevistas exclusivas, acuerdos extrajudiciales, pactos con los medios de una tregua por dos años, acusaciones y sospechas sobre las víctimas y blandir el derecho constitucional del principio de inocencia. Pero el aluvión fue imposible de detener y casi lo arrastra a él en la caída. Con el caso de Bill Cosby, Singer (y tal vez todo Hollywood) se dio cuenta de que no es inexpugnable.

Su última intervención notoria se dio el año pasado cuando en medio del divorcio de la persona más rica del mundo, Jeff Bezos, empezaron a circular rumores de la existencia de fotos íntimas del magnate de Amazon que se habían producido en medio del fragor del sexting con su nueva novia. El detalle que podía perjudicar a Bezos, además del ataque a la intimidad y la vergüenza pública, es que en esas fotos todavía portaba el anillo de casado lo que demostraría que había sido infiel a su esposa. Singer, una vez más, consiguió bloquear ese material.

 

Jeff Bezos y su ex esposa MacKenzie Bezos tuvieron un divorcio millonario. Singer fue el abogado del magnate de Amazon

 

Mike Myers, el actor de Austin Powers y el Mundo según Wayne, dijo que él caminaba por el Valle de Hollywood sin ningún temor, que a nadie le tenía miedo porque su abogado era Marty SInger, “el más grande hijo de puta de todos los que han existido”.

Martin Sheen siempre afirma que tiene 100 millones de razones para agradecerle a su abogado. Cuando fue despedido de la serie Two and a half men en la que cobraba casi 2 millones de dólares por cada capítulo, poco importaron las denuncias en su contra, los escándalos mediáticos y los incumplimientos del actor. Singer demandó, no cedió y obtuvo una indemnización récord de 100 millones de dólares para su cliente.

 

Charlie Sheen dice de su abogado: “Es como un masajista de lujo. Pagás una buena cantidad de dólares por una hora de su tiempo, pone sus manos sobre lo más preciado que tenés y siempre hay final feliz”

Es por eso que Charlie Sheen encontró una gran frase para resumir la tarea de Marty Singer y su lugar en la industria: “Marty es el único que acostó más gente que yo en Hollywood”.

Rápido para la alegoría sexual, el mismo Sheen apela a otra figura: “Es como un masajista de lujo. Pagás una buena cantidad de dólares por una hora de su tiempo, pone sus manos sobre lo más preciado que tenés y siempre hay final feliz”.

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