EL DRAMA DE UNA MUJER CUBANA Y SUS GEMELAS POR LLEGAR A EEUU

Sus gemelas festejaron su quinto cumpleaños en lo que se ha convertido en un refugio improvisado de 1.500 cubanos varados del lado panameño de Paso Canoas, una ciudad binacional en la frontera con Costa Rica.
 
La incertidumbre de los cientos de cubanos varados en un hotel abandonado en Panamá
Recuerda la odisea que las tres viven desde hace meses en su intento desesperado por llegar a Estados Unidos.
Samira de la Caridad y Sabrina de la Caridad, dos criaturas de ojos celestes y pelo castaño, corren indiferentes atrás de una pelota fucsia.
 
Mil quinientos cubanos se alojan en el refugio San Isidro, cerca de la frontera con Costa Rica.
 
En el fondo un soldado prepara kilos de arroz, una mujer llena un recipiente con agua de un camión cisterna, miles matan el tiempo en sus carpas a la espera de una definición.
 
Ellas juegan. Se entretienen con una asistente social que todos los días cruza desde Costa Rica para asistir a los niños del refugio San Isidro.
 
Las niñas sonríen.
Andan llenas de golpes por la travesía, han llorado por el calor, se han sentido mal. Pero cuando veían mal a su mamá durante el viaje sabían qué decirle.
 
"Mamá, no llores", "Ten fuerza", "Estamos bien", "Mira mamá, coge por este caminito que por aquí estamos bien".
 
Dura travesía
En su periplo han tenido que subir lomas y montar en lanchas y ahora se dedican a esperar que la situación se resuelva de algún modo y puedan continuar su viaje al norte.
 
 
En total 3.500 cubanos se encuentran varados en territorio panameño.
"Hemos pasado momentos muy dolorosos, muy críticos; Dios sólo sabe lo que uno madre puede pasar en esta travesía, el miedo de cualquier cosa que puede suceder", explica Jiménez, de 39 años.
Dice estar convencida que el esfuerzo vale la pena, que hay que hacer el sacrificio, que lo tiene que hacer por sus hijas, por su familia, por ella.
 
"Lo único que pedimos es que pronto lleguemos a nuestra meta, pisar tierra americana", añade.
Pero su destino es incierto.
 
La avalancha de cubanos decididos a salir de la isla y alcanzar Estados Unidos por la vía que sea ha dado a pie a un largo periplo que solía comenzar en Ecuador hasta que en diciembre comenzó a pedirle visas a los cubanos.
 
 
El gobierno de Panamá brinda asistencia humanitaria a los cubanos varados.
 
La nueva ruta ahora empieza en Guyana y luego continúa, como antes, por Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México.
 
La odisea de los cubanos que atraviesan 8 países para llegar a EE.UU.
 
Pero Nicaragua, aliado del gobierno de la isla, cerró su frontera en noviembre y los cubanos se empezaron a amontonar en Costa Rica, que luego de albergar durante meses a miles de ellos también optó por no dejarlos pasar.
 
Ahora a metros de territorio costarricense miles de cubanos esperan que los gobiernos de la región se pongan de acuerdo, como lo hicieron meses atrás, para poner fin a su calvario.
 
Cubanos varados en Centroamérica salen rumbo a EE.UU.
"Dios nos va a recompensar"
 
Jiménez Díaz dejó Cuba hace siete años por la "vergonzosa situación del país, sin libertad de expresión y con la economía por el piso", y en Ecuador formó su familia.
 
Con el tiempo la situación allí se empezó a complicar.
Divorciada y ante el temor a cambios en la Ley de Ajuste Cubano, una normativa que permite la permanencia de los cubanos en EE.UU. una vez pisan su territorio, decidió arriesgarse a "una travesía muy dura".
 
 
Unos 40.000 cubanos llegaron a EE.UU. por vía terrestre el último año.
"Ellas son las que me dan fuerza cada día a seguir adelante y a decir 'Sí, se puede', han pasado por momentos muy difíciles conmigo, han cambiado su forma de ser, son niñas pero sienten todos los cambios", le dice a BBC Mundo.
 
Sus hijas le preguntaban cuándo iban a llegar, qué día de la semana era, cuándo iban a llegar a México, cuándo iban a ver a abuelita.
Parte de la familia vive en Estados Unidos, la abuela no conoce a las nietas, la madre no ve a la suya desde hace casi una década.
Jiménez y sus hijas abandonaron el refugio porque ya no daba abasto y pasaron un par de noches en una casa a unos metros de allí.
 
 
Muchos temen que las mejores relaciones entre EE.UU. y Cuba tenga repercusiones en la Ley de Ajuste Cubano.
 
A las apuradas la semana pasada se puso a recoger las escasas pertenencias con las que viajan. Una colchoneta, un par de bolsos, un pequeño ventilador.
 
Habían conseguido que las trasladaran a un hotel para migrantes cubanos en David, 55 kilómetros al sur.
 
Más lejos de la frontera pero, espera, más cerca del final del viaje.
"Ha sido muy duro pero Dios nos va a recompensar porque no le estamos haciendo daño a nadie, sólo queremos pisar tierra de libertad".
 
"Es lo que desea todo cubano por todo lo que está pasando", agrega, "por eso lo hacemos, por un futuro mejor".
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BBC MUNDO