El terror de Soleimani en América Latina

La columnista de “The Wall Street Journal”, Mary Anastasia O’Grady, aseguró que la decisión de Donald Trump de abatir al comandante de la Guardia Revolucionaria de Irán “es una buena noticia para el hemisferio occidental”

“La muerte del general de división iraní Qassem Soleimani es un golpe a los esfuerzos de la teocracia por afirmar su poder en todo el Medio Oriente. Al eliminar a Soleimani, Trump también le hizo un gran favor a América Latina”, aseguró este domingo en su columna de opinión semanal en The Wall Street Journal Mary Anastasia O’Grady.

La columnista del respetado diario estadounidense recuerda que la dictadura militar de Cuba estuvo entre los primeros en condenar la acción de los Estados Unidos y que la muerte del general también fue lamentada por el grupo terrorista narcotraficante Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), miembros de la dictadura venezolana y redes de apoderados iraníes en Brasil, Perú, Argentina, El Salvador y México.”Un héroe de la criminalidad hemisférica se ha perdido, y los gángsteres están tristes. Puede que también estén preocupados”, escribió.

En la columna, O’Grady marca como un error dejar sin respuesta las incursiones de Irán en la región durante las últimas dos décadas. “Si el fin de Soleimani es el comienzo de una política norteamericana más musculosa hacia Teherán, es una buena noticia para América Latina”, reafirma.

La editorialista explica, de hecho, que la fuerza Quds que dirigía Soleimani se ocupaba de las operaciones en el extranjero de la Guardia Revolucionaria Islámica, participando en la guerra asimétrica a través del tráfico de armas, así como de los asesinatos y ataques a objetivos enemigos.”En otras palabras, exporta terrorismo”, asegura.

O’Grady también recuerda que el terrorismo iraní en América Latina comenzó antes de que Soleimani se hiciera cargo de la fuerza en 1998: “El ataque a la Embajada de Israel en Buenos Aires en 1992 mató a 29 personas; el atentado contra la AMIA, también en Buenos Aires, en 1994, cobró 85 vidas. Finalmente los investigadores atribuyeron ambos ataques a Hezbollah, actuando como un operativo iraní”.

                           

O’Grady agrega que en los últimos años, el régimen persa amplió su alcance operativo. “Hay razones para creer, por ejemplo, que el asesinato en 2015 del fiscal federal argentino Alberto Nisman fue una operación respaldada por Irán. Nisman había estado investigando un supuesto encubrimiento argentino del papel de Irán en el atentado contra la AMIA. En la víspera de una audiencia del Congreso argentino, donde estaba previsto que entregara sus conclusiones, fue encontrado muerto en su apartamento”, denuncia.

Y para sustentar esta teoría recuerda que la entonces presidenta Cristina Kirchner, —a quien define como “sospechosa de orquestar el encubrimiento”—, rápidamente lo calificó de suicidio. “Pero los fiscales descubrieron posteriormente que Nisman había sido asesinado por un misterioso intruso”, asegura.

Según O’Grady, Nisman, a quien se le asignó el caso del atentado a la AMIA en 2005, era un problema para Irán: “En mayo de 2013 publicó un informe de 500 páginas sobre las actividades encubiertas de Teherán en la región. Sostuvo que un atentado con bomba en 2007 en el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York era una operación planeada por Irán, dirigida desde Guyana y espantosamente similar al ataque a la AMIA. Su informe sugería que células terroristas similares operan en toda la región”.

En el artículo publicado este domingo por The Wall Street Journal, O’Grady explica también que Irán logró tener mucha influencia en Venezuela “porque Hugo Chávez, como protegido de Fidel Castro, abrazó la revolución iraní y sus actividades terroristas”.

Además, detalla que el ministro de Industrias y Producción Nacional de Venezuela, Tareck Zaidan El Aissami Maddah, hijo de padre sirio y madre libanesa, es un hombre clave en la expansión de los lazos comerciales y militares con Irán. De hecho, Venezuela también está acusada de entregar identidades falsas a operativos del Medio Oriente para que puedan viajar por la región como venezolanos.

“Los nombres de aquellos que han enviado condolencias por la muerte de Soleimani no son tan interesantes como los nombres de aquellos que no lo han hecho. El dictador nicaragüense Daniel Ortega, un aliado cercano de Teherán, se ha mantenido notablemente callado sobre el asunto, al igual que el Sr. El-Aissami”, dice O’Grady.

Y sigue: “Evo Morales, el ex presidente de Bolivia que renunció en noviembre y que ahora vive en Argentina, también ha mantenido la cabeza gacha. En julio, Morales cortejó abiertamente a Irán durante una visita a Bolivia del Ministro de Relaciones Exteriores Javad Zarif”.

Finalmente, O’Grady pone la lupa en la relación de Irán con México: “Una fuente de inteligencia fiable me dice que el Irán se ha ido acercando a México desde que el Presidente Andrés Manuel López Obrador asumió el cargo hace 13 meses. Eso encaja con el patrón Soleimani y es algo de lo que hay que preocuparse. El fin de la mente maestra del terrorismo es un mensaje para aquellos en la región que albergan sus redes”, concluye.

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