LA SEMANA SANTA MÁS TRISTE QUE VIVIÓ MANAGUA

Aquel martes santo de 1931 cuando Managua cayó de rodillas ante un devastador terremoto, fue nada más que el preámbulo de la tragedia. Luego de éste, un voraz incendio se extendió poco a poco hasta dejar en cenizas gran parte de Managua. Se calcula que hubo más de 1 mil 200 muertos y 35 millones de dólares en pérdidas. El historiador Wilmor López explica que las cocinas de leña fueron las principales responsables de que el incendio se expandiera. “Aquí en Managua muchas manzanas se quemaron incluyendo algunos edificios”, indica. Managua no estaba preparada El terremoto tuvo una magnitud 6.0 con epicentro en la Penitenciaría (donde actualmente se ubica el viejo Estado Nacional de Béisbol). Un sismo de esa intensidad bajo los nuevos estándares constructivos no podría provocar tal mortandad, sin embargo, la Managua de hace 84 años carecía de un sistema de prevención y de la infraestructura adecuada para soportar el movimiento. “En esa época fue un gran desastre a nivel nacional, porque 1 mil 200 muertos en una Managua pequeña es muchísimo”, indica Wílmor López. Hay un mejor sistema de prevención Este terremoto y el que volvió a destruir Managua en 1972 dan una idea de cuan vulnerable es la capital nicaragüense ante fenómenos de esta naturaleza. De acuerdo a Wílmor López, hoy se ha avanzado mucho y la ciudad parece mejor preparada para enfrentarlos. “De Centro América este país es el más preparado en prevención. Ahora hay alertas y gente que sabe. Tenemos un sistema de prevención de Defensa Civil extraordinario y un gobierno que se preocupa por la población, un gobierno que está al instante como un médico”, afirma el historiador, enfatizando que tanto en 1931 como en 1972 el pueblo nicaragüense estaba prácticamente desarmado ante eventos de este tipo. Pero sigue la vulnerablidad Sin embargo, la historia se puede repetir. Al menos en algunos aspectos. El jueves 10 de abril del 2014, días antes de iniciar la Semana Santa, un fuerte terremoto magnitud 6.2 golpeó Nagarote y la Paz Centro, con efectos poco menos que catastróficos en Managua y los municipios aledaños. Ese sismo fue un preludio de lo que vendría después: al día siguiente ocurrió otro de magnitud 6.6 al sur de Nandaime, y tras ése una serie de movimientos intensos (especialmente uno de 5,6 en el Volcán Apoyeque el día 13 de abril) que a lo largo de varias semanas no dejaron dormir en paz a los habitantes del Pacífico nicaragüense y principalmente a los managuas. Ese enjambre sísmico echó a perder las vacaciones de Semana Santa. Fuente: 19 Digital