LOS SECRETOS GUARDADOS EN LA PARADISÍACA ISLA DEL MAÍZ

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La Isla del Maíz en territorio nicaragüense es uno de los secretos mejor guardados del buceo mundial. Su arrecife sigue siendo una prolongación del que comienza en Belice y sumergirse en el agua de estas islas es trasladarse a un Caribe de hace 30 años, con corales casi vírgenes que acogen langostas, barracudas o tiburones, peces raya, fascinantes especies más pequeñas y espectaculares cuevas submarinas. La calidad y cantidad de biodiversidad que se puede avistar en los fondos marinos centroamericanos y las aventuras que se pueden vivir en las profundidades del océano hacen que, bajo sus aguas, la región contenga algunos de los lugares más óptimos para la práctica del buceo, en un mundo completamente diferente. El paraíso caribeño de la inmersión tiene nombre de Belice. Y si bien su arrecife de coral es el más grande de América y el segundo más grande del mundo, la joya de la corona beliceña del fondo del mar se la lleva el Gran Agujero Azul, uno de los mejores lugares del mundo para bucear, según proclamó en los años 70 el explorador e investigador francés Jacques-Yves Cousteau. Las tres islas mayores de la Bahía en Honduras son el destino estrella del país. Roatán, Utila y Guanaja guardan, cada una, sus propios secretos entre prístinas playas de arena fina, palmeras y selvas tropicales. La abundante vida marina de Costa Rica alberga a variadas especies de rayas, morenas, delfines, tortugas, pulpos, una amplia gama de peces y ocasionalmente ballenas o impresionantes tiburones ballena. La provincia panameña de Bocas del Toro, por su parte, ofrece una tremenda explosión de colores y formas que dejarán al visitante impresionado. En El Salvador destaca su Corredor de Arqueología Subacuática, cinco barcos hundidos que hoy funcionan como zonas de refugio, alimento y reproducción para numerosas especies marinas, y que ofrecen un espectáculo interesantísimo para los buceadores, mientras que Guatemala posee un lugar único para los más curiosos exploradores. El lago Atitlán no contiene la diversidad acuática del mar, pero su localización, en un antiguo cráter, permite hoy en día la realización de paseos por edificios abandonados en pueblos pintorescos cubiertos de agua.