Estamos en una nueva fase de lucha

Foto cortesía

 1.     Estamos, el movimiento social en su conjunto, en la fase política de combinar la lucha por los derechos humanos de todos y por el combate de las demandas democráticas; por eso es necesario encontrar, de forma creativa las modalidades de articular las dos: luchar para impedir el cierre de todos los espacios para la lucha democrática, que es la clave para impedir que un Estado de “policial” se instale, de manera permanente, en Nicaragua y bloquee todos los caminos pacíficos hacia la democracia.

2.     La lucha de los ciudadanos autoconvocados tiene que abrir los espacios que permita retomar la vía de nuevas victorias del movimiento progresista de los autoconvocados y del movimiento popular en contra la dictadura Ortega-Murillo.

3.     Las tácticas de Ortega-Murillo, de los últimos meses, indican que no contemplan renunciar, nos quieren imponer la guerra como solución a la crisis sociopolítica. El régimen juega a la política de suma cero: “o estás conmigo o contra mí”.

4.     Los poderes fácticos locales (el gran capital, la iglesia, los autoconvocados), se olvidan que la estrategia de Ortega-Murillo es aplicar tácticas cambiantes, no tienen aliados fijos. Su objetivo inmediato es debilitar a todos los sectores (periodistas y medios independientes, luchadores por los derechos humanos, líderes locales en todo el territorio nacional), para negociar después la rendición de los principales poderes fácticos.

5.     Ortega-Murillo, piensa que una vez que las diversas expresiones de la sociedad de los autoconvocados hayan sido derrotadas, desmovilizadas y atomizada al máximo por medio del terror; el gobierno puede seguir dominando al movimiento popular por medio de métodos cada vez más letales. Sin embargo, la oferta de estabilidad del régimen sería de corta duración, muy insegura y sin ninguna garantía para el capital.

6.     El régimen le puede ofrecer y/o prometer, a los diferentes poderes fácticos, un proceso de disciplinamiento social y laboral, implementación de factores especiales extra-económicos y políticos para garantizar una tasa de ganancia elevada; para lo cual será necesario una represión a todos los niveles desplegando legiones de paramilitares y descuartizando la democracia representativa.

7.     Aún en las condiciones adversas en que vivimos, un abandono de la lucha democrática sería un suicidio del movimiento progresista de los autoconvocados. Por pequeños que sean esos espacios, hay que valerse de ellos, para ensancharlos, darles consistencia, porque la vía de la lucha social es la vía para alcanzar la democracia, para cambiar el régimen actual.

8.     El régimen dictatorial pretende cerrar la posibilidad de una victoria popular, desmoralizando a la democracia, haciendo que los autoconvocados no puedan constituirse en una alternativa de gobierno. Ortega-Murillo hacen todos los esfuerzos para que los diversos sectores del capital crean que todavía se puede reconstruir la gobernabilidad previa al 18 de abril; es decir, un “despotismo democrático”.

9.     De ahí la necesidad de una lucha intensa, permanente, para impedir que se instale un Estado de excepción y para que retroceda el régimen policial o de terror que Ortega-Murillo nos quieren imponer. De nada sirve tener un programa democrático, si ese programa no se transforma en alternativa política con posibilidad de conquistar el gobierno.

10. Todos los sectores sociales, todos los poderes fácticos tienen que tener claro que el futuro de la sociedad nicaragüense se resume en que: nada será como antes.

San José/Costa Rica, 10 de diciembre de 2018.