Infobae: ¿Quién es Ramón Avellán, el verdugo de Daniel Ortega?

La represión en Nicaragua tiene nombre y rostro. Ramón Avellán Medal es un comisionado de la Policía nicaragüense a quien el gobierno de Estados Unidos le atribuye al menos 107 asesinatos de opositores al régimen de Daniel Ortega.

Avellán, de 60 años, es un hombre corpulento, moreno y con cara de pocos amigos, que bien se le puede ver bailando “El comandante aquí se queda”, la canción emblemática de la represión de Daniel Ortega, o insultando o golpeando opositores. Otras de sus actividades son menos visibles. Reiteradas denuncias de tortura y asesinatos le valieron una sanción de Estados Unidos el pasado 7 de noviembre, junto a otros dos importantes funcionarios nicaragüenses.

"Todos los bienes e intereses económicos de estos individuos, y de cualquier entidad que sea de su propiedad, que estén en Estados Unidos o en posesión o control de personas estadounidenses, están bloqueadas y deben ser reportadas a la OFAC. Las regulaciones de la OFAC generalmente prohíben tratos de estadounidenses dentro (o en tránsito) de Estados Unidos que involucren cualquier propiedad o interés de personas sancionadas", dice un comunicado del Departamento del Tesoro estadounidense.

Nacido entre la pobreza, Avellán es hijo de un guardia somocista, estudió para maestro, se integró a la guerrilla sandinista en 1976 y en los años 80 tuvo una discreta carrera en las filas de Ministerio de Gobernación, desde el cual llegó a la Policía. Fue jefe policial en la costeña ciudad de Bluefields, jefe de Seguridad Pública y jefe de Tránsito.

“Vivía en una casa de madera en el barrio San Antonio, de Jinotepe, piso de tierra. Su mamá, doña Ana Avellán, vendía tortillas. Eran una familia muy pobre, su situación rayaba en la miseria”, recuerda un amigo de la infancia.

 

Es un hombre religioso. El padre Edwin Román, uno de los curas que más ha enfrentado a Avellán, y también lo ha padecido, indica que el jefe policial era de los que pedía la bendición cada vez que se encontraban.

Para mayo de 2018, cuando la represión del orteguismo era generalizada Avellán le habría dicho al cura Román: “Padre, yo todas las mañanas rezo aquí, y también pongo a rezar a los policías. Yo me arrodillo”. El sacerdote dice que se quedó con las ganas de decirle: “¿Para qué reza? ¿Para salir a matar?”

La “conversión” de Avellán, de un jefe policial tratable a un verdugo de la dictadura orteguista, se produce a partir de que en Nicaragua el pueblo se alzó en protestas cívicas, en abril de 2018, en contra del régimen de Ortega y su esposa Rosario Murillo y las manifestaciones fueron aplastadas con armas de guerra.

Como subdirector de la Policía, Avellán puede operar en todo el país, pero durante las protestas sus áreas de acción fueron principalmente los departamentos de Masaya, Carazo y León.

Masaya es conocida como “La ciudad de las flores” en Nicaragua, pero no fueron precisamente con flores que recibieron al comisionado Avellán.

Entre el 2 y el 19 de junio de 2018, Avellán quedó sitiado en una ciudad donde se contaban más de 200 barricadas, algunas de ellas a menos de dos cuadras de la delegación policial donde se refugió el comisionado.

En Masaya más de 30 opositores fueron asesinados por el régimen de Ortega. Carlos Manuel Díaz fue uno de ellos. Candelaria Díaz, la madre del joven asesinado, señala directamente al comisionado Avellán por la muerte de su hijo. Él dirigía el ataque en el que murió su vástago.

“Ante los ojos de Dios es malo no perdonar pero...”, comienza a decir Candelaria, cerca de un fogón, en el que acaba de cocinar el almuerzo. Tras esas palabras empieza a llorar. Pero sigue diciendo. “Yo no puedo (perdonarlos). Ellos me quitaron lo más preciado de mi vida, me arrancaron la mitad de la vida, porque era mi único hijo varón. Yo no lo puedo perdonar a él (Ramón Avellán), ni a él (Daniel Ortega) ni a la vicepresidenta (Rosario Murillo). No los puedo perdonar. Para mí están bien (las sanciones que Estados Unidos impuso al jefe policial atribuyéndole 107 asesinatos) porque Avellán y todos ellos tienen que pagar por estos crímenes”.

“Es una persona sin escrúpulos, sin corazón. No sabe lo que es tener a Dios en su corazón”, dice el padre de Junior Gaitán, otro de los jóvenes asesinados en Masaya.

“Tiene cara de un perro. Pareciera que está poseído”, señala por su parte María Andrea José, madre de Darwin Potosme, conocido como Fafo y asesinado el 17 de junio de 2018.

La actuación del comisionado Avellán ha quedado documentada por organismos internacionales.

“En la represión ocurrida en Masaya hubo una actuación conjunta de grupos de choque, personas de la Alcaldía y la Policía Nacional. La presencia de alto mando como Ramón Avellán en el lugar ratifica que esta metodología fue decidida a nivel nacional. Existen imágenes que comprueban el accionar de grupos de civiles que, junto con la policía, atacan a un grupo de manifestantes que intentaba avanzar por la calle principal del Barrio Monimbó”, concluye el informe elaborado por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), a quien la OEA encomendó la investigación de los hechos violentos ocurridos entre abril y mayo de 2018.

Entre el 2 y el 19 de junio de 2018, Avellán quedó sitiado en una ciudad donde se contaban más de 200 barricadas, algunas de ellas a menos de dos cuadras de la delegación policial donde se refugió el comisionado. De estos días de sitio, quedaron los conocidos como “Videos del Comisionado Avellán”. Se trata de videos artesanales que los sitiadores grababan cada noche con mensajes por megáfono hacia el comisionado Avellán. Los videos se volvieron virales en Nicaragua.

El comisionado sitiado fue rescatado por un gigantesco operativo que involucró a unos 1500 policías y paramilitares. El ataque dejó seis muertos y 34 heridos.

A partir de ese momento, el régimen de Ortega inicia una serie de operativos denominados “Operación Limpieza”, los cuales consistieron en, con policías y paramilitares armados con fusiles de guerra, ir matando o hacer huir a todos los opositores que estaban atrincherados en las ciudades con barricadas en las carreteras principales. Y luego de la artillería, trabajadores con camiones de las municipalidades iban levantando los tranques para despejar las vías.

En esas “operaciones limpiezas”, que en Masaya y en otras ciudades estuvieron a cargo de Avellán, fue en las que el orteguismo asesinó a muchos de los ciudadanos que hoy lamenta Nicaragua. Según algunos organismos de derechos humanos son más de 326 los muertos. Hay organismos que cuentan más de 500.

Repudiado por unos y condecorado por otros. En octubre pasado, una muchedumbre abucheó y lanzó botellas de agua contra el jefe policial cuando este decidió hacer presencia en las sonadas fiestas de San Jerónimo en Masaya. Por otro lado, el septiembre de 2018, la alcaldía de esa ciudad, controlada por el oficialismo, lo declaró “Hijo dilecto”. Y recientemente, el Comité Olímpico Nicaragüense le entregó un reconocimiento.

Los simpatizantes del régimen lo ven como un héroe. La discreta carrera policial de Avellán recibió un impulso después de sus actuaciones durante la represión.

En agosto de 2018, el régimen hizo pública la designación de Avellán como Subdirector de la Policía, a pesar que su nombramiento habría sido hecho en el 2017. “La publicación de estas antiguas designaciones en el contexto de violencia de esos días, solo puede entenderse como gesto de aval al desempeño de esos funcionarios, precisamente, los más encumbrados en el mando institucional y responsables del accionar policial”, dice el informe del GIEI.

 

Pocas personas en Nicaragua le encuentran una explicación a porqué Avellán se tornó tan represivo, pero quienes lo conocen de cerca dicen que él siempre lo fue. Y otros señalan que desde principios de la revolución sandinista, en los años ochenta, cuando él era jefe de personal y cuadro del Ministerio del Interior (Mint), fue un fanático del sandinismo. Cuando salía del trabajo llegaba a su casa y se quitaba el uniforme para salir a hacer trabajo político del FSLN. “Él compró el discurso de la Rosario, de que esto se trataba de un golpe de Estado”, dice un exguerrillero del FSLN, ahora en contra del orteguismo.

Un exjefe policial dice que Avellán es una persona “resentida con la sociedad y resentido de clase” y tal vez por haber nacido en la pobreza ahora tiene muchos resentimientos. La exguerrilera Dora María Téllez concluye que Avellán es “el ejemplo más grotesco de una jefatura policial comprometida con las masacres, en una orgía de fanatismo orteguista, poder, violencia y sangre”.

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