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Zoilamérica Ortega Murillo reitera que Daniel Ortega sobrepasó a dictadura de Somoza

Se exhibe en México 'Exiliada', un documental sobre la hijastra del exguerrillero sandinista, que lo denunció por abuso sexual en 1998

Enero 17, 2020 03:27 PM

Han pasado más de 20 años de aquel día que sacudió la política de Nicaragua. Zoilamérica Ortega Murillo interpuso una denuncia en mayo de 1998 por violación contra su padrastro, el hombre poderoso de Nicaragua, exguerrillero sandinista y hasta entonces un icono para la izquierda latinoamericana. Aquel “Daniel Ortega me violó en el año de 1982”, frase clave de su acusación, destapó un infierno para ella, que incluyó persecución política, acusaciones de locura por parte de su madre —la ahora vicepresidenta Rosario Murillo, esposa de Ortega—, amenazas, ahogamiento económico del organismo que dirigía en Managua y que desembocó en un exilio que ya dura siete años en Costa Rica, donde ha intentado rehacer su vida. Su suplicio político es narrado en el documental Exiliada, de la realizadora nicaragüense Leonor Zúñiga, que este viernes se exhibe en el Instituto Francés de América Latina de Ciudad de México. “Ahora mi vida es distinta, he experimentado una profunda transformación”, afirma Ortega Murillo en entrevista telefónica con EL PAÍS.

Ella hace una valoración de lo que ha sido su salida forzada de Nicaragua, país sumido en una profunda crisis política desde que en abril de 2018 estallaron protestas que exigían el fin del régimen sandinista y cuya represión ha dejado 328 muertos, 80.000 exiliados y denuncias de torturas de centenares de detenidos. “Necesité estar lejos del poder que me formó y que me dañó para reconocer mis propias heridas. Lo más profundo ha sido reconocer los rasgos que el poder familiar me ha dejado. Aquí [en Costa Rica] logré confirmar mis convicciones. Mi opción por la verdad ha sido para siempre”, dice Ortega Murillo, quien afirma ahora que “la impunidad no derrotó a la verdad, el tiempo ha estado a favor de ella”. La verdad a la que se refiere es la denuncia por violaciones de parte de Ortega, que duraron más de una década y aunque el mandatario no enfrentó procesos legales, su imagen sufrió un duro golpe. “Aquí he tratado de ser yo misma, es una oportunidad que nos da el exilio. Te hace ver tus vacíos y reconocer los miedos heredados por el abuso, pero también reconocer tus virtudes. El exilio me liberó de una cultura de poder aprendida desde la violencia”.

                                              Ortega Murillo comparte exilio en Costa Rica con más de 70.000 nicaragüenses que han tenido que dejar su país primero por la violenta represión y luego por el deterioro de la economía causado por dos años de crisis. Ella se ha involucrado con esa diáspora, principalmente con los jóvenes, apoyándolos con talleres de capacitación en liderazgo político, forjar una nueva cultura política para dejar de un lado el caudillismo que ha caracterizado a Nicaragua, pero también, afirma, desde la resiliencia, “en hacer del exilio un territorio libre para sanar y restablecer nuestras convicciones”.

Como una mujer que conoce profundamente el sandinismo, afirma que Ortega, a pesar de ostentar todo el poder en Nicaragua, “no está en su mejor momento”, tras enfrentar una resistencia ciudadana que a pesar del contexto de represión política desde el Estado “no baja la guardia”. El uso del miedo, dice, es una reacción desesperada del régimen. “Se están viendo en un espejo que refleja una imagen que no les gusta. La peor pesadilla de Daniel Ortega es ser comparado con Somoza, pero la historia demuestra que está sobrepasando a esa dictadura”, afirma en referencia a la dinastía que gobernó Nicaragua durante 47 años y en cuya lucha revolucionaria participó Ortega para derrocarla. El guerrillero convertido en autócrata.

“Afirmo que fui acosada y abusada sexualmente por Daniel Ortega Saavedra, desde la edad de 11 años, manteniéndose estas acciones por casi veinte años de mi vida”, narró en el desgarrador testimonio en el que daba cuenta de las vejaciones infligidas por Ortega. Aunque aquella denuncia de 1998 terminó con ella en el exilio, Ortega Murillo afirma que “mi historia no solo está intacta, sino que cada día que pasa la vida la confirma”. El documental del que ella es protagonista es, dice, la evidencia de cómo se ejerce el poder en privado en Nicaragua, “el trato abusivo de Ortega y la complicidad de mi madre”. Espera terminar pronto lo que llama “un peregrinar sin rumbo” que le permitió liberarse del “secuestro familiar” que sufrió durante décadas y regresar a su país. “El retorno no depende de mí. Lo que más quiero es dejar de estar condicionada por ese poder familiar para poder vivir donde quiero vivir y hacer lo que quiero”.

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