Coronavirus: Ante un gobierno “negligente”, los capitalinos toman sus propias medidas

Sin esperar una orden del Estado o de la principal gremial empresarial, restaurantes, bares y otras empresas de servicios cierran o mandan a sus trabajadores a seguir sus funciones desde casa. La Administración Ortega, sin embargo, anunció que visitará un millón de personas en sus casas y sigue en total normalidad cuando ya el país registra el primer caso de coronavirus. Los que viven en la capital toman sus propias medidas.

Magda García ya no mandará más a su hijo de ocho años a clases, ahí en el colegio público del barrio Monseñor Lezcano, en Managua. Hacerlo, sin sonar extrema, sería ponerse un pistola en la sien más cuando el Gobierno de Nicaragua parece no inmutarse con el primer caso de coronavirus (Covid-19) en el país.

La decisión la tomó después de leer en los medios que los colegios privados estaban ya orientando la suspensión de las clases presenciales y de hablar con otra madre de familia que tampoco mandará a la escuela a su hija. Pensó que el pequeño podría contraer el virus y contagiar a la abuela, una mujer de 66 años con diabetes tipo 1. “No sabemos cuántos contagios hay, hay tanta irresponsabilidad que capaz ese hombre contagiado ya le pasó el virus a otros, a decenas”, dice.

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Como ella otra mujer que trabaja para una agencia de publicidad en la capital se plantó a su jefe: “Yo voy a terminar mi trabajo en casa”. El motivo es que su padre de 56 años sufre insuficiencia renal crónica y si ella, que siempre tiene contacto con el público, sigue en la calle pondrá en riesgo su estado de salud.

Ambas saben que los adultos mayores son las víctimas más vulnerables de esta pandemia, aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado que una cantidad considerable de jóvenes se encuentran hospitalizados en Estados Unidos y Europa.

La vicepresidenta Rosario Murillo, y esposa de Daniel Ortega, informó la noche de este miércoles que el Ministerio de Salud (Minsa) detectó el primer caso de coronavirus, un nicaragüense que regresó al país procedente, vía aérea, de Panamá, el 15 de marzo. Ayer, Murillo se limitó a decir que el hombre se encontraba estable y respirando sin necesidad de un respirador artificial, y que las personas que venían en el mismo vuelo se encuentran sin síntomas, pero que están siendo vigiladas.

Ella y el Minsa se han mostrado indiferentes a la pandemia que vive el mundo. Y ante la falta de un liderazgo estatal para afrontar la crisis del coronavirus, los nicaragüenses, más concretamente los managuas, están tomando sus propias medidas, acompañados de negocios que lanzan campañas de concienciación que contravienen las oficiales, que se basan principalmente en el lavado de manos.

Algunos bares de la capital, cines, gimnasios y centros culturales han cerrados sus puertas para evitar una inminente propagación del virus. Y pese a que el pánico provocó que los ciudadanos se volcaran en los supermercados, estos han orientado que guarden distancia al momento de hacer compras y otras ya han habilitados horarios para adultos mayores.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) llamó esta semana a los gobernantes del globo a ponerse en cuarentena, mientras que instituciones de salud instaron aplicar el distanciamiento social para evitar la propagación del virus.

El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés), recomendó no asistir a reuniones de 50 personas o más a lo largo de las próximas ocho semanas, como un esfuerzo para contener la pandemia del coronavirus.

En todos los países de la región, los gobernantes han orientado a fuerza el cierre de escuelas, universidades, iglesias, por mencionar. Esta medida de imponer distancia entre los ciudadanos  es un método cuya efectividad para ralentizar las pandemias ha sido comprobada.

Crea Comunicaciones es una de las empresas del país que desde ayer orientó a sus 20 trabajadores seguir con los pendientes desde sus casas. “Fue una medida preventiva de autocuido y cuido a nuestros compañeros”, dijo Claudia Neira, directora ejecutiva de la compañía.

La decisión no fue tomada a la ligera, pues conllevó coordinar la movilidad de los equipos a la casa del personal, organizar los archivos de los clientes y, lo más importante garantizar, el internet en los domicilios. “La prevención es la clave”, agrega.

María Quant, que trabaja para una aseguradora, teme contagiarse del virus y afectar a su papá que tiene 60 años y una enfermedad crónica por eso valora dejar de viajar a su municipio en Granada y  quedarse a vivir en Managua el tiempo que sea necesario. “Toca prevenir”, dice.

Igual piensa Mario Ramírez, un estudiante de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), que decidió no ir más a clases, pese a que su profesor le llamó para decirle que debía presentarse, de lo contrario perdería el derecho a práctica. Su casa de estudio se plegó al discurso oficial y anunció que tomarían medidas, pero cancelar las clases no.

Y es que pareciera que el distanciamiento no aplica para el Gobierno. Este jueves en la mañana, en conferencia de prensa la Ministra de Salud, Carolina Dávila, no ahondó en medidas, ni siquiera habló de la posibilidad de extremarlas como ya lo han hecho los demás países de la región centroamericana al cerrar fronteras, restringir vuelos e imponer toques de queda.

Más bien, en un arranque de imprudencia que contraviene las medidas de la OMS de evitar la aglomeración, envió a funcionarios a los mercados de la capital a trasladar lo que parece ser la principal medida: calma y lavado de manos.

Al respecto, la Ministra de Salud en la década de los 80, Dora María Téllez, cuestiona con vehemencia la inacción con la que actúa el Gobierno. “Yo no veo titular de Salud, no veo a nadie liderando el Ministerio de Salud. No está regulando las acciones de prevención y contensión que deben implementarse ante una epidemia”, afirma.

A criterio de la excomandante guerrillera, la cartera del estado ha renunciado al papel que le otorga la Ley General de Salud y la Constitución que es rectorar la salud de los nicaragüenses.

— ¿Cómo se explica esta inacción?

— Daniel Ortega y Rosario Murillo, deliberadamente, quieren hundir al país, porque siente que están hundidos. No hay otra explicación. Es una irresponsabilidad criminal porque están sometiendo al pueblo a la peor de las desgracias que nunca ha habido en Nicaragua.

Esta  pasividad gubernamental incluso desoye una ley impulsada por el Frente Sandinista cuando era oposición en el año 2000. Se trata de la Ley 337 que, ante amenazas como la pandemia que afronta la humanidad ahora, contempla la declaratoria de la alerta amarilla.

“Se declara a partir del momento en que se evalúa el fenómeno identificado y que este presente tendencia a su crecimiento de forma peligrosa para todo o una parte del territorio nacional”, reza el artículo tres de esa legislación.

Ayer, sin embargo, la titular de Sanidad se enfocó en decir que la institución se ha desplegado en escuelas y centros de salud para enseñar cómo se debe hacer el lavado de manos. Más tarde, la vicepresidenta Rosario Murillo informó que este sábado brigadas se moverían a visitar a un millón de personas en una jornada de “amor ante el Covid-19”.

La actitud no es nada parecida a la de 2010 cuando el régimen de Daniel Ortega declaró la emergencia sanitaria por un brote de leptospirosis, originado por fuertes lluvias. Cuando Ortega firmó el decreto ya se contaban 16 muertos y 146 casos.

Pero los más de 9,600  muertos a nivel mundial, los más de 230,000 casos de coronavirus y el grito de alarma de la OMS a los gobiernos para que impidan los contagios ante el colapso de los sistemas de salud, no son suficientes para que Ortega dimensione la magnitud de la crisis sanitaria. Quizá, hasta que el país registre los primeros decesos, su Gobierno decidirá tomar las medidas necesarias. Y ojalá no sea tarde.

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