EL ÚLTIMO ABRAZO DE UN NIÑO ANTES DE SER TRAGADO POR EL LODAZAL EN BRASIL

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  "¡Jesús ayúdame!", fueron las últimas palabras del niño de siete años antes de que el lodazal se lo tragara para callar su voz.   Thiago Santos abrazó a su abuela Darci cuando comenzó el deslave. "¡Jesús ayúdame!", fueron las últimas palabras del niño de siete años antes de que el lodazal se lo tragara para callar su voz.   Su nombre está en la lista de desaparecidos de Bento Rodrigues, el pueblo de Minas Gerais (sureste) que arrasó la furia del tsunami generado por el colapso de dos embalses con desechos de mineral de hierro y agua.   Una niña permanece en un albergue temporal.- Una niña permanece en un albergue temporal. -"Mi vida acabó, antes luchaba por él, salía a trabajar por él, para darle un futuro. Ahora no tiene sentido, continuar para qué", se pregunta devastada su madre de 28 años, Geovana Aparecida Rodrigues, con los ojos rojos de tanto llorar.   La abuela, Darci Francisca dos Santos, de 58, sobrevivió, fue hallada a 500 metros de su casa y se recupera ahora en el hospital.   El miedo   Geovana pasa gran parte de la semana fuera de Mariana, la ciudad más cercana a Bento. Trabaja como soldadora en una zona próxima a Sao Paulo, unos 650 km al sur. Darci cuidaba de Thiago de lunes a viernes en Bento, donde el niño iba a la escuela.   Los fines de semana madre e hijo los pasaban juntos.   Uno de los mayores temores del niño, recuerda la madre, era precisamente morir ahogado. En una oportunidad, Geovana saltó al agua para rescatarlo de una piscina honda en la que se lanzó para buscar una pelota.   "Ese día me dijo: 'mami, casi morí pero me salvaste'. Está vez no pude salvarlo", se reprocha sollozando.   Ese fatídico jueves, el niño ya estaba en casa cuando comenzó el deslave: 55 millones de m3 de desechos mineros mezclados con 7 millones de m3 de agua se lanzaron para destruir 80% de Bento Rodrigues.   "En el momento en que oyeron el ruido del agua su abuela se le acercó y lo abrazó en el cuarto mientras entraba el lodazal. Ahí comenzó: ¡Jesús ayúdame!, ¡Jesús ayúdame!... hasta que no lo escuchó más, el lodo se lo había tragado", narró Geovana a la AFP.   No está claro por qué no salieron corriendo, por qué optaron por quedarse en casa. La abuela recién se recupera.   En todo caso, y aunque aún le queda una pizca de esperanza -"para Dios nada es imposible", rezó-, Geovana pasas las horas llorando a su hijo.

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