Félix Maradiaga: Exigir la renuncia de Ortega: Un imperativo moral

Ante la incompetencia y criminalidad del régimen, es vital reconectarnos con el espíritu autoconvocado de abril

Si hay algo peor que una dictadura criminal, es una dictadura que además de todo, también sea incompetente. La comparecencia televisiva de Daniel Ortega, en cadena nacional, el miércoles 15 de abril, después de más de 34 días sin dar ninguna señal de vida, confirma que en Nicaragua no existe gobierno. Al menos no en el sentido preciso de la palabra, ya que un gobierno de verdad se preocuparía por la vida y el bienestar de la gente, y aún más en una situación de emergencia como la que vivimos por la pandemia global del covid-19. Lo que existe en Nicaragua es una familia en el poder, ensimismada y corrupta. Ortega, en su papel de cabecilla del régimen, con la ayuda de la ilegal y sancionada vice dictadora, simula estar en control, pero esa mueca es cada vez menos creíble.

Fue así que Ortega al fin apareció para no decir nada; o peor aún, para decir incoherencias. Sabemos que desde años, el dictador está desconectado de la realidad nicaragüense y que vive una cuarentena permanente desde su búnker, de espaldas al pueblo. Sin embargo, ese comportamiento irresponsable –por usual que parezca desde que llegó nuevamente al poder– en el contexto actual de pandemia global, resulta un acto además inaceptable.

¡El dictador se debe ir ya!

Es necesario retomar el llamado que muchos hicimos en el año 2018, a que Ortega renuncie ya. En ocasiones anteriores (como por ejemplo en este enlace) ofrecí algunos argumentos jurídicos que explican por qué es correcto exigir la renuncia de Ortega. Esa exigencia es hoy más relevante que nunca. El origen ilegítimo de su mandato a través de fraudes electorales y crímenes de lesa humanidad, son en sí mismos suficiente razón para haberlo sacado del poder, hace rato. Ahora, a su criminalidad, Ortega ha agregado  también su incapacidad.

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El abandono de funciones, en cualquier otra nación democrática del mundo, significaría la desaforación inmediata del titular del Poder Ejecutivo. Lamentablemente, estamos en una dictadura y toda posibilidad de interpelación legislativa, no es posible, ya que no existe ninguna independencia de los poderes del Estado. Ante esa dura realidad, es también necesario darle continuidad a la presión nacional e internacional, para exigir la inmediata salida del poder de Ortega. Para ello se debe invocar la Carta Democrática Interamericana y otros instrumentos jurídicos, pero ante todo es una lucha ética, más que jurídica; es un imperativo moral.

Cuidarnos es resistir

Ante la incompetencia y criminalidad del régimen, es vital reconectarnos con el espíritu auto convocado de abril. Ese mismo espíritu es el que nos puede inspirar a que como ciudadanía organicemos nuestras propias redes de solidaridad y auto-cuido, procurando la unidad en la acción de todas las personas de buena voluntad. En otras palabras, cuidarnos es resistir.

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Si el régimen apuesta al contagio masivo, nuestra apuesta ciudadana debe ser la de tratar de salvar el mayor número de vidas, con o sin la ayuda del Estado. Otra posibilidad igual de perversa, es que el régimen esté jugando a la ruleta rusa con la ciudadanía, apostando a que  la evolución natural del covid-19 en Nicaragua no tendrá los impactos que ha tenido en otras naciones del mundo. Esperar la “inmunidad de grupo” o simplemente creer que se podrán ocultar las cifras de contagios, es un comportamiento criminal por el cual este régimen también deberá responder. Por eso, la solidaridad es nuestro principal escudo ante la pandemia.

¿Y el Plan de Nación, para cuándo?

Sabemos que hay roles del Estado que son insustituibles, como es el de rectorear las políticas nacionales de salud pública y los planes de emergencia. Por ello, hasta para los estándares de un dictador, es irresponsable que en una comparecencia nacional, ante una declaración de pandemia global, se llegue a decir nada. Ortega no sólo ocultó las cifras reales del contagio del covid-19, sino que además ignoró los temas fundamentales del país. Por ejemplo, ¿cuál es el plan para proteger y equipar a los trabajadores de la salud que están en primera línea de defensa de la pandemia?

¿Y la economía? Es urgente que se diseñe un programa económico de emergencia. Ortega ni por disimular ofreció al menos una idea general de mitigación o alivio ante el terrible impacto económico de esta pandemia, en las familias nicaragüenses. ¡Todos los países del mundo han tomado medidas de emergencia económica! Aquí aún no hay medidas para la protección del empleo, ni para amortiguar el impacto en el sector informal o en las pequeñas empresas. ¿Y la comida? Tampoco ofreció ninguna idea para la seguridad alimentaria.

Tenemos un dictador del siglo pasado, en un mundo radicalmente nuevo en donde muchas cosas cambiarán a un paso agigantado. El mundo “post-covid 19” va a cambiar la economía global. Los países que no tomen medidas adecuadas ante estas epidemias que serán cada vez más frecuentes,  van a quedar aislados pues no serán capaces de atraer suficiente inversión extranjera, ni turismo. Por ello, existe la necesidad imperiosa de que en Nicaragua se implementen pruebas masivas para la detección temprana del covid-19, para determinar el verdadero nivel de contagio y evitar quedar rezagados de las acciones preventivas que se tomarán a nivel global. Con Ortega en el poder, estamos ante un peligro real de quedar aislados.

Es la hora de la unidad

Todas las fuerzas democráticas del país, dentro y fuera de la Coalición Nacional, debemos redoblar esfuerzos para salir de este régimen a la brevedad posible. Las cosas que nos unen son mucho más potentes que las diferencias, que no se deben ignorar pero sí ser resueltas cuando tengamos un estado de derecho. Los entornos de dictadura no son propicios para tratar de resolver todas las divergencias que existen en una oposición amplia y diversa. De ahí que es esencial enfocarse en el objetivo común. La prioridad inmediata es desenquistar a esta dictadura que se ha incrustado como un cáncer y que no nos deja respirar justicia ni libertad.

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El régimen de Ortega es peor que un ídolo con pies de barro. Por ello, no podemos perder la esperanza ni caer víctimas de la frustración por los retos que aún tenemos por delante. El camino es largo y angosto, pero no hay retroceso. Los inciertos escenarios que abre el covid-19 tampoco pueden distraernos de las acciones de presión interna e internacional que son fundamentales para lograr una pronta transición democrática. Entre más rápido salgamos de este régimen criminal e incompetente, más temprano se podrá iniciar la reconstrucción de la nación bajo los anhelos de abril. Todos sabemos cuál es la ruta.

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