Oscar René Vargas: La apuesta de Ortega

La apuesta estratégica de Ortega es impulsar básicamente el “desacoplamiento” de la protesta social con la población a través del empobrecimiento, el desempleo y la represión. Ortega ejecuta una guerra híbrida múltiple con el objetivo de socavar la resistencia social y le permita cooptar a un sector del empresariado, ya sea pequeño, mediano o grande. En Nicaragua solamente el 7 por ciento de las empresas son grandes y el 95 por ciento de las empresas son de tipo familiar. 

La oposición formal comete el error de leer la estrategia de Ortega como igual a la implementada en los años 1989-1990 cuando se vio obligado a realizar elecciones transparentes. Esa visión se niega a ver todos los hechos posteriores a abril 2018. Esto ha creado una vacilación estratégica y ha conducido a muchos errores tácticos de cálculos políticos por no tomar en cuenta que la estrategia política de Ortega va más allá de la mera elección de noviembre de 2021.

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Toda la politica de Ortega está diseñada para permanecer en el poder más allá del 2021. Esa política facilita las nuevas posibles sanciones internacionales; sin embargo, Ortega y su círculo íntimo de poder parten del principio que tanto los Estados Unidos, como la Unión Europea o la OEA no pasarán de hacer meras declaraciones, resoluciones o sanciones que no implica su caída del poder. Esta estrategia es apoyada por los partidarios más radicales y favorable a la lógica de “el poder o la muerte”.

Por lo tanto, la estrategia del régimen deja muy poco espacio para que acepte elecciones transparentes o el compromiso de abandonar el poder. El mensaje es: no me intimida las sanciones de la comunidad internacional, aquí lo controlo todo, no bajo la guardia, voy con todo y no voy a poner en riesgo el poder en ninguna elección. En pocas palabras, Ortega y su círculo íntimo de poder siguen en la estrategia de “el poder o la muerte”.

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El error de esa estrategia es que el régimen Ortega-Murillo se sobre valora en su capacidad de resistencia real. No toma en cuenta las cinco crisis en desarrollo que lo vuelve vulnerable. Ese es el error de cálculo estratégico y fuente de desestabilización del régimen Ortega-Murillo.

Ortega apuesta a una victoria de Biden, especula que las sanciones norteamericanas se reducirían considerablemente. Ortega piensa que es mejor tratar con los demócratas, aunque se rijan por la política de los “derechos humanos”, pero son más pragmáticos menos ideológicos.

Al ganar Biden, Ortega asume que el cambio de una administración a otra en Estados Unidos le da el margen necesario para ganar tiempo y manipular a los empresarios y a los políticos zancudos de cara a noviembre 2021.

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Ortega piensa que con Biden en la Casa Blanca puede evitar más sanciones. ¿Es ingenuo pensar así? Puede que los demócratas no quieran seguir la política Trump hacia Ortega, pero la pregunta es ¿Ortega tiene amigos entre los demócratas para romper la política bipartidista hacia el régimen?

El temor de Ortega es que la “sorpresa de octubre” se puede dar como un combo de sanciones no previstas, porque Trump necesita asegurar el voto latino en Florida para su reelección. Ortega teme que en un segundo gobierno Trump, todo puede suceder.

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